El humor en la literatura infantil. Los personajes

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

En casi toda comedia que se aprecie de serla e incluso en algunos dramas y melodramas, existe como mínimo un personaje cómico, gracioso, chistoso. En las historias humorísticas que haya uno es poco. Más aún si son para niños.

Hay personajes donde la comicidad viene dado por su físico; es decir, con rasgos externos exagerados o bien diferenciados del resto de los mortales, incluso pueden llegar a ser caricaturas. Una variante sería provocar la risa o la sonrisa por su manera de hablar, de caminar, de moverse en general, sus manías, expresiones del rostro y el cuerpo. Otra es a través de sus rasgos interiores, como su actitud ante la vida, sus reacciones, sus virtudes y defectos y su forma de pensar.

Si la calidad artística y del humor del personaje es mínimamente aceptable por lo atractivo -y no viola lo que usted considere “valores positivos” para los niños-, entonces el diseño de los personajes es fundamental en la creación humorística en los libros para niños.

En una historia siempre hay personajes principales o protagónicos y personajes secundarios y hasta algunos que aparecen en un momento y no vuelven a salir más.

Muchas veces son seres humanos, pero también pueden ser animales como en las fábulas, u objetos, incluso pueden ser –por supuesto-, personajes irreales, fantásticos, como fantasmas, zombies, sirenas, vampiros, monstruos, y un largo etcétera.

Estos personajes son fáciles de detectar y se sabe que a los niños les encanta y los convierten enseguida en sus favoritos.

A continuación, un ejemplo extraído del libro El secreto de la Cueva Negra, de la Editorial Alfaguara, escrito con el amigo y colega Betán.

Primer ejemplo: la presentación física de un hombre, donde se hace corresponder su físico con su nombre “Perico”.

“… Unos quince o veinte minutos más tarde, cuando ya tenía dormidas las piernas por mantenerse en cuclillas, vio aparecer por el camino la figura colorida del doctor Perico. El anciano era de baja estatura, casi menor que un niño, con cejas muy rojas, ojos redondos, grandes y negros, pelo abundante y colorado que llevaba peinado casi al estilo punk y envuelto en su capa de intenso verde. Caminaba en cortos y rápidos pasos, dando la impresión de que avanzaba a saltitos…”

 

Segundo ejemplo, la forma de hablar de un loro alterado genéticamente por el científico anterior, con resultados no muy buenos que digamos:

“… el niño comprendió que le era imposible huir y su miedo se fue convirtiendo en terror. De repente, se escuchó una voz rajada que retumbó en aquel claro.

-¿Quiqui én sertu?

El niño no entendió, pero tampoco hizo nada para entenderlo.

-¿Quiqui én sertu?... ¿Quiquién ser tutú?... ¡¿Quién ser tú?!

-¿Yo? -y Nelson se señaló su pecho con el índice tembloroso de su mano derecha, mirando hacia todas partes por no saber de dónde provenía la voz.

-¡Sí, tutú! ¡Ha blabla! ¡Si nono hacertulo, mororir!

-¿Qué? –le costaba entender al muchacho.

-¡Sisisi…! ¡Si no hacer, túúú morir!... “