Los profesores necesitan reír mucho, ¿pero cómo hacer para que lo hagan?

Pepe Pelayo
Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Muchos profesores dudan de si pueden aplicar la Pedagogía del humor, porque dicen que ríen poco o no están acostumbrados a hacerlo.

Pero todo tiene remedio, más para algo tan importante. Existen ejericios para reír más y mejor. Algo que los profesores deben entender por su enorme importancia y por ende deberían hacer un hábito de su práctica, porque es evidente que mejora su imagen y a la vez mejora su visión de la vida, su estado de ánimo y por consiguiente su calidad de vida. Y sólo por el simple hecho de reír, algo con lo que uno nace, algo que no lleva trabajo, esfuerzo y es gratis, ¿no?

Estos ejericicios son muy necesarios para los que nunca ríen; para los que ríen de forma tímida; para los que desde chico los deformaron, enseñándoles que “la risa abunda en boca de tontos” y para los que desean mostrar una risa más sincera, espontánea, cálida, cristalina.

Pero recuerde que no basta con tener deseos o con hacer los ejercicios de vez en cuando. Nada funciona si uno no tiene la fuerza de voluntad o la entrega necesaria. Lo mismo sucede con ir al gimnasio o practicar de yoga, por mencionar un par de actividades donde también puede suceder.

A partir de aquí, anote y practique…

1) Póngase en cuclillas y abrácese sus rodillas, mientras chilla entre quejas y lamentos, fingiendo pesar o dolor. Entonces, estírese progresivamente al máximo, hasta formar un aspa con los brazos y las piernas, añadiendo una enorme carcajada cuando esté completamente estirado. Puede hacer diferentes grados de expresión corporal. La risa será de gran expresividad, de logro total, por eso el gesto escandaloso y festivo. Así, alterne los encogimientos y estiramientos, con expresiones intensas de alaridos y carcajadas. Diez minutos en cada tanda.

2) Eleve las cejas, estire las comisuras de los labios sin abrir la boca (como una mueca de risa en la que la línea de la boca se extiende lo más posible), levante los hombros y entorne ligeramente los ojos. Tras permanecer en esa posición durante un minuto, recupere la posición inicial y permanezca así durante un minuto, transcurrido el cual hay que repetir la mueca. Realice estas alternancias mueca-no mueca durante diez minutos.

3) Imite el rugido de una fiera, todo lo exageradamente que pueda, como si quisiera asustar a alguien. Vaya tanteando con diversas formas de respiración y posición de la garganta. Practique durante cinco minutos. Con la misma intensidad, haga ahora lo mismo, pero emitiendo las sílabas “ja”, primero, después “je”, “ji”, etc.. Terminando con una risa de varias “ja” o “je” repetidas veces.

4) Reúna a varios familiares o amigos (mientras más, mejor), póngase frente a ellos y comience a reír a carcajadas, como si hubiera escuchado el chiste más cómico del mundo. Pero no pare nunca hasta ver cómo los presenten comenzarán a reír tanto como usted y nadie entendiendo por qué. A esa altura no es necesario preguntárselo. Ya verá.

5) Cada mañana, al levantarte, siéntese cómodamente con la espalda recta, pero sin rigidez (para poder respirar bien, no presionar el diafragma y modular y proyectar bien su voz), y dedicarse a reír sin ningún motivo especial durante un par de minutos.

6) Consiga a un familiar o amigo, póngase frente a esa persona y sonríale sin sonido. Después exíjale que comente lo que vio y le diga si su sonrisa es falsa o sincera, hipócrita, infantil, etcétera. Si son varios los presentes, que los comentarios se los hagan en su oído para que repita la sonrisa frente a los demás y obtenga otros comentarios. Después analice sin son diferentes y piense por qué; pregúntese qué debe mejorar, o por qué para tal persona es distinta su sonrisa, etcétera. Acto seguido, haga todo de nuevo, pero ahora riendo fuerte o inmoderadamente. Así conseguirá un buen material de estudio.

7) Al menos una vez al día, póngase frente a un espejo y cambie la expresión de su rostro. Haga muecas. Sonría. Otra variante es pararse frente a a un niño y usted es el espejo. Imite entonces todas las muecas y sonrisas del niño.

8) Usted, sumergido en las labores diarias de la casa, con los miembros de la familia también haciendo sus cosas, de repente suelte una estruendosa carcajada, aparentemente sin sentido, durante quince segundos y también de súbito cambie a la normalidad de lo que hacía. Ojalá involucrar a los familiares y logre que cuando escuchen la carcajada todos lo imiten.

9) Quizás en algún momento usted estará bajo estrés, con amargura, o con cualquiera emoción negativa que le inhiba reír o sonreír. El ejercicio es el siguiente: párese firme, con las piernas algo separadas para buscar mejor apoyo; relaje los hombros (encójase de hombros y suelte los brazos varias veces); relaje los músculos de la cara; ponga una sonrisa en su boca (aunque la note muy falsa); cierre los ojos, recuerde alguna situación simpática, graciosa o cómica donde usted haya estado presente. Así, comience a respirar tomando aire profundamente y soltándolo de manera entrecortada. Enseguida cambie y al soltar el aire, hágalo emitiendo la sílaba “ja”, cada vez que expulse. Después cambie y haga lo mismo, pero con “je”, con “ji”, etcétera. Verá cómo comenzará a sentir un nuevo estado de ánimo y la risa ya no la sentirá falsa, al contrario. La razón de ser del ejercicio, es el estudio de las emociones que realizó la psicofisióloga chilena Susana Bloch, que vio que la única forma de “medir” las emociones era a través de la respiración que caracteriza a cada una de ellas. Lo opuesto a reír es llorar y uno en esa situación toma el aire entrecortadamente y lo expulsa de una vez, al revés de la risa, como se señaló en el ejercicio. Por tanto, el proceso que buscamos es el contrario; es decir, lo normal es sentirse triste y logramos respirar como tal; con el ejercicio nos ponemos a respirar como si estuviéramos alegres y logramos estarlo.

10) Si asiste a una terapia de risa, o busca en internet, encontrará otros ejercicios, sobre todo para realizarlos en grupos.

Y comience a mostrarles esa frecuente y natural risa a sus alumnos. Ellos enseguida se darán cuenta de que tienen en su usted a un líder confiable, agradable, seguro, humano. No se arrepentirá.