El humor en la literatura infantil. La broma

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
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La broma es un caso de burla que implica algún grado de preparación o engaño. Se divide en dos fases: elaboración previa y realización. Como toda burla, todo está bien hasta que la víctima deja de hacerle gracia y la comienza a clasificar de “pesada”, producto de un gusto discutible o de velada o abierta animadversión del bromista.

La broma es clasificada como infantil, si es elaborada por niños. Por lo tanto, el adulto debe estar bien pendiente, ya que a los niños se “les va la mano” muchas veces, llegando a causarle daño a la víctima sin darse cuenta. Sin embargo, cuando hay ingenio, buen sentido del humor y predomina la inocencia, la broma es una herramienta importante dentro del humor.

Esos son los principales aspectos que usted debe evaluar al estar ante un libro de humor que use la broma. Nosotros la hemos utilizado en varias oportunidades y con buena aceptación, según los comentarios que hemos recibido de los pequeños lectores.

La broma es una especial “situación”, dentro de la escaleta que pautea nuestra historia literaria.

A continuación, dos ejemplos. El primero extraído del libro El chupacabra de Pirque, de la Editorial Alfaguara Infantil, escrito con el fallecido amigo y colega Betán. El segundo sacado del libro El hombre lobo de Quilicura, de la Editorial Humor Sapiens y con los mismos personajes.

Ejemplo primero:

“… Para Ricky su primo era la víctima ideal para sus bromas y ahora, una vez más, lo iba a demostrar.

Dante no hizo más que saludar con un beso a sus abuelos al entrar, cuando sonó el teléfono. Ricky, escondido en su dormitorio, le llamaba desde el aparato celular que le habían dejado sus padres.

-¿Aló? –contestó Dante.

-¿Quién está al aparato? –preguntó Ricky cambiando la voz.

-Yo. Dante Fuenzalida.

-En este momento no está en casa.

-¿Quién no está en casa? –dijo el joven sin entender.

-Dante Fuenzalida –respondió Ricky, haciendo un esfuerzo para no soltar la risa.

-¡Pero Dante Fuenzalida soy yo!

-Disculpe, señor, pero Dante Fuenzalida acaba de salir. ¿Quiere que le llame cuando regrese?

-¡Escuche, tonto! –gritó Dante, ya enojado-. ¡Yo no he llamado a ningún Dante Fuenzalida! ¡Yo soy Dante Fuenzalida! ¡Y usted me ha llamado a mí!

-Mire –continuó Ricky a duras penas-. Si quiere me deja su número de teléfono y yo le digo que lo llame de vuelta. Él estará aquí en un rato más. Sólo fue al baño. Me dijo unos minutos, pero usted sabe cómo es él, dice eso, pero después se pone a leer...

-¡Oiga! ¡Qué sé yo de...!

-¿Cómo me dijo que se llamaba usted? –preguntó en voz alta Ricky, bajando hasta el living y llegando al lado de su primo.

Al darse cuenta del engaño y al ver las carcajadas de Ricky y los abuelos, Dante comenzó a perseguir a su primo por toda la parcela. Al fin pudo alcanzarlo cerca del quincho y la piscina. Pero en vez de hacerle daño y vengarse, sólo lo abrazó haciéndolo rodar por el pasto...”

 

Segundo ejemplo:

-¡Todo esto es muy extraño, Ricky!

-Sí, es cierto, Dante… Ahí tuvo que suceder algo que evitó que no hubiera denuncia –el niño cerró el computador y se levantó de la mesa-. ¿Pero qué podría ser?

-No sé…

-Bueno, queridísimo primo, ya lo averiguaremos. Ahora lo que importa es que podemos salir a la calle más confiados.

-Menos mal.

-¡Por lo tanto, mañana mismo buscamos a ese Cami! ¿De acuerdo, Dante?

-De acuerdo.

-Sin embargo, tú no lo tomaste así con todos ahora –añadió Ricky muy serio.

-¿Qué dices?

-Nada, que cuando suba luego el lobo después de almuerzo los tres que estaban ahí –añadió mordiéndose los labios.

-¿Los tres? ¿Qué tres?

-Los mismos que cada siempre antes el lobo de sin querer con ellos –siguió el niño tapándose la cara.

-¿Que sin querer qué lobo de qué? ¿Qué rayos estás diciendo, Ricky? ¡Me vas a volver loco!

El niño no pudo más y salió corriendo a encerarse en su pieza a reír.