El humor en la literatura infantil. El chiste

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

El chiste es algo que produce risa o sonrisa, que tiene las características de ser breve, con la mayor economía de elementos y es indivisible. Muchos le agregan la sorpresa como otra característica, pero ¿qué pasa con esa sorpresa cuando uno escucha o lee el mismo chiste varias veces y siempre se ríe? Bajo la anterior definición de chiste cabe desde una caída, la expresión de un rostro, una acción, un sonido y por supuesto, un hecho contado en lenguaje oral o literario. En nuestro caso, el chiste tiene además una intención: va dirigido a niños, con lo que eso significa. Que no es otra cosa que el niño lo pueda comprender. Pero a nosotros nos gusta agregarle: que tenga un contenido positivo implícito, para evitar así los chistes de contenido vulgares y groseros, etc., que a veces les gusta tanto a los adultos y que los chicos repiten incluso sin entenderlos, para orgullo de sus familiares, pero que en nada ayudan a su formación integral.

Los chistes aparecen en la literatura oral infantil en abundancia. Sólo hay que poner atención en los recreos de sus escuelas para darse cuenta de ello. Varios interesados nos hemos encargado de recopilarlos y hasta crearlos, porque estamos convencidos de su importancia en la educación de los niños.

En forma de libros para niños, los chistes podrían encontrarse en antologías o dentro de alguna historia. En cualquier caso, preferimos los de forma fija; es decir, los chistes que mantienen una forma constante para que los niños esperen el final con más expectación y para que los entiendan mejor y los cuenten y se dispongan a crear nuevos al ser más breves y sencillos. Nos referimos a chistes como: “los colmos”, “los qué le dijo”, “los cómo se llama la obra”, “los ayer pasé por tu casa”, “los cómo se dice”, “los tantanes”, etc.

Pero los chistes pueden tener muchas clasificaciones, por ejemplo, por temáticas: de animales, de escuela, de abuelos, y otros. Y podemos encontrarlos dentro de un diálogo, en una descripción, en una situación, etc.

A continuación, dos ejemplos. El primero son chistes sueltos seleccionados de la Serie Lee, ríe y juega con Pepito, de la Editorial Humor Sapiens y el segundo es un fragmento extraído del libro Pepito, el señor de los chistes, de la Editorial Alfaguara Infantil. En este libro se narra una historia del personaje Pepito, “el niño que se sabe muchos chistes y si no los inventa”, enfrentándose a Juanito, su mejor amigo-enemigo, en una competencia de chistes, donde sus compañeritos de clases hacen de jurado y decidirán quién es “El señor de los chistes del año”. Pero la competencia se extiende a otras situaciones como un terremoto, una operación clínica, etc., sin contar el uso que le dan para conquistar a dos niñas del curso.

Primer ejemplo:

a) ¿Cuál es el lago más dulce? / Lago Losina.

b) 1er Acto: Aparece un enanito diciendo groserías. 2do. Acto: Aparece ese enanito diciendo malas palabras. 3er. Acto: Aparece ese enanito diciendo garabatos. ¿Cómo se llama la obra? / ¡Vulgarcito!

c) ¿Cuál es el colmo de un carpintero? / Tener una hija cómoda.

d) Era un tipo tan feo, pero tan feo, tan feo, que un día mandó su foto por Internet ¡y lo detectó el antivirus!

e) Ayer pasé por tu casa y me tiraste una flor… para la otra, ¡sin macetero, por favor!

f) ¿Qué le dijo el oído al dedo meñique? / Entra, pero con cuidado porque está todo encerado.

 

Segundo ejemplo:

“Del colegio, Gretel se fue corriendo a su casa. Venus la siguió, pero no podía alcanzarla. Su disgusto la hacía no querer hablar con nadie. Ni siquiera con su mejor amiga.

A unas tres cuadras de su casa (ella vivía en una zona poco poblada), Gretel tenía su “rinconcito”. Un lugar donde le gustaba estar a solas, pensando, sin que nadie la molestara. Era una casucha abandonada, en ruinas. Así que decidió pasar un rato allí, antes de llegar a su casa, para que se le pasara aquello. Entró corriendo y sin fijarse, tropezó con un palo que servía para apuntalar el techo, y ocurrió el accidente. La casucha cayó estrepitosamente y Gretel quedó atrapada. Por suerte, Venus venía a media cuadra y lo vio todo. Se asustó mucho. Entonces voló, más que corrió, hacia el colegio a pedir ayuda. Ya se habían marchado todos. Solo quedábamos Juanito y yo jugando y discutiendo, como siempre. Cuando nos contó la tragedia, Venus y yo salimos a buscar socorro y Juanito fue enseguida hacia la casucha.

Cuando llegó, se puso a llamarla a gritos. Después de unos instantes escuchó su débil voz que decía: “¡Aquí, estoy aquí!”. Juanito apartó varias maderas y casi pudo llegar hasta donde estaba la niña. Pero más allá le fue imposible.

-¿Estás bien?

-...Sí... no sé... –respondió Gretel-. Tengo un chichón en la cabeza y muchos arañazos. Pero lo peor es que estoy atrapada debajo de una viga. No puedo moverme.

-Vas a tener que aguantar un poco –le contestó Juanito-. En cualquier momento vienen a sacarte. ¡Ten paciencia! ¿De acuerdo?

-... No sé... me estoy desesperando... quiero irme a casa... ¡quiero estar con mi papá y mi mamá!... –gritaba la niña.

Juanito no sabía qué hacer. No podía rescatarla porque pesaban mucho los escombros. Por tanto, solo podía consolarla. Pero, ¿qué le decía? De pronto tuvo una idea...

-¡Gretel! –la llamó-. ¿Me escuchas bien?

-¡Sí, pero ayúdame! –respondió la niña llorando.

-¡Cálmate! –le dijo-. Mira, tú eres una niña muy pequeña, por lo que va a ser fácil y rápido. ¿Cuánto mides?

-No sé, no me acuerdo –y añadió ella entre sollozos-: ¿Por qué tardan tanto?

-¡Ya vienen a sacarte! No te preocupes... Oye, ¿te imaginas que tú fueras tan chica que pudieras pasar a través de las hendiduras? ¡Ahora te podrías salvar!

-¡Pero no lo soy! –se lamentaba Gretel.

-¡Si tú fueras como una mujer que yo conozco! –insistió Juanito-. Oye, Gretel, imagínate que ESA MUJER ES TAN CHICA, PERO TAN CHICA... ¡QUE PARA ENCERAR EL PISO TIENE QUE SUBIRSE EN UNA SILLA!

-¡Ya, bruto! –dijo la niña, aguantando el llanto-. ¿Cómo se te va a ocurrir hacer chistes en la situación en que estoy?

-De verdad. Bueno, te digo que ESA MUJER ES TAN CHICA, PERO TAN CHICA... ¡QUE SIEMPRE TIENE OLOR A PATA EN LA CABEZA!

-¿Tú no entiendes cómo me siento? –repetía la niña

-¿Tú no sabes que también conozco a UNA MUJER QUE ES TAN FLACA, PERO TAN FLACA... QUE EL OTRO DÍA SE COMIÓ UNA ACEITUNA, Y TODOS DICEN QUE ESTÁ EMBARAZADA?

-¡Basta, Juanito! –se quejó la niña, pero menos enérgica que la vez anterior.

-Y también sé de UNA MUJER QUE ES TAN FEA, PERO TAN FEA... ¡QUE CUANDO MANDÓ SU FOTO POR CORREO ELECTRÓNICO LA DETECTÓ EL ANTIVIRUS! –continuó el niño.

-¡Por Dios! ¿No vas a parar?

-En serio. Si cuando niña ¡ESA MUJER ERA TAN FEA, PERO TAN FEA... QUE UNA VEZ LA LLEVARON A UN CAMPAMENTO EN LA MONTAÑA, Y LAS MISMAS FIERAS ENCENDÍAN FOGATAS PARA QUE LA MUJER NO SE LES ACERCARA!

-¡No sé qué puedo hacer contigo!

-¿Ahora me vas decir que no conoces al esposo de ella? ¿Al flaco? –agregó él -. Oye, ¡ESE HOMBRE ES TAN FLACO, PERO TAN FLACO... QUE SE DEDICA A LIMPIAR MANGUERAS POR DENTRO!

-¡Es increíble! – logró decir la niña esbozando una sonrisa.

-Tú no lo creerás –volvió el muchacho a la carga-. Pero ¡UN TÍO DE ESE HOMBRE TIENE TAN GRANDES, PERO TAN GRANDES LOS HUECOS DE LA NARIZ... QUE PARECE QUE TIENE LOS PULMONES A LA INTEMPERIE!

Él no la podía ver, así que no supo que con ese chiste, ella había mostrado los dientes con una gran sonrisa. Pero de todas maneras Juanito insistió, porque ella ya no protestaba y eso era una buena señal.

-Oye, Gretel, esto que te voy a decir es en serio. Mira, el otro día me enteré que ¡UNA MUJER ERA TAN GORDA, PERO TAN GORDA... QUE CUANDO SE CASÓ EN VEZ DE VESTIRLA DE LARGO, LA VISTIERON DE ANCHO!... ¿Me escuchaste? – le preguntó para saber, por su tono de voz, cómo estaba.

-Sí, te escucho.

La voz le dio confianza y prosiguió.

-Imagínate, que ¡LA MUJER ERA TAN GORDA, PERO TAN GORDA... QUE ERA MEJOR SALTARLA QUE DARLE LA VUELTA!

Con ese chiste, se oyó la risa de Gretel y el niño se envalentonó.

-Bueno, imagínate con quien se casó... ¡UN TIPO QUE ERA TAN TORPE, PERO TAN TORPE...QUE SI LE TIRABA UNA PIEDRA AL SUELO, LE ERRABA – y Juanito, al percatarse de la risa más alta que salía de donde estaba su amiga, continuó casi sin respirar -.Y tuvieron un hijo que cuando creció se hizo músico. Pero ¡ERA UN MÚSICO TAN MALO, PERO TAN MALO... QUE DECÍAN QUE NO TENÍA OÍDO NI PARA TOCAR EL TIMBRE!...

Ya las carcajadas de la niña las escuchaba Juanito con claridad.

-Y, ¡EL TIPO CANTABA TAN MAL, PERO TAN MAL... QUE SE ACOMPAÑABA DE UN PIANO, DOS VIOLINES, TRES GUITARRAS Y OCHO GUARDAESPALDAS!...

-La estruendosa risa de Gretel, coincidió con la llegada de los bomberos.

El rescate fue fácil y sin problemas.

El jefe del Cuerpo de Bomberos congratuló a Juanito por lo que hizo. Pero un solemne y grave político de Villarrisa aprovechó la oportunidad para sobresalir, pero según nuestra opinión, lo que hizo fue demostrar su ignorancia y rechazo hacia el humor.

-“Felicito a este niño –expresó, a manera de discurso, a la concurrencia que se había formado allí, y ante los periodistas-, por la idea de hacerla reír todo el tiempo para levantarle el ánimo. Pero me gustaría que un erudito me confirmara si no fue casualidad. Porque sabemos que la risa sólo abunda en boca de tontos...”

De todas maneras fue sensacional el éxito de Juanito. Él estaba feliz. Yo no.

-Oye, Pepito –me dijo al otro día-. Voy a confesarte una cosa: en esa situación me pasó una cosa extraña. Sentí que me enamoraba de nuevo de Gretel. ¡Y no fue lástima! Era su voz, su llanto, su risa... Y después cuando la sacaron se veía tan tierna... ¡Quédate tú con Venus!

-Lo siento, Juanito.

-¿Qué pasa ahora, Pepito?

-Nada, que eso mismo estaba pensando y sintiendo yo –respondí-. Mira, cuando ella corrió del colegio al llegar del zoológico, me fijé en su figura y me impactó. Después, cuando nos enteramos del accidente sentí una cosa por ella, que nunca me había pasado por alguien. Y, por último, como tú bien dices, cuando la sacaron se veía tan linda y tierna... ¡Que me enamoré de ella otra vez, Juanito!

-¡¿Qué?!

-Lo que escuchaste. ¡Tú eres el que se va a quedar con Venus!

-¡Eso vamos a verlo! –me gritó al irse para su casa.

La guerra continuaba.