Los chistes ¿simples o complicados?

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Según algunos grandes pensadores y estudiosos del humor, el chiste es:

*la flor de lo cómico. (Victoria).

*el cura disfrazado que desposa a toda pareja. (Juan Pablo).

*la caprichosa ligadura, conseguida generalmente por asociación verbal, de dos representaciones que contrastan entre sí de un modo cualquiera. (Kraepelin).

*dos representaciones cuya simultánea incompatibilidad y compatibilidad se transforman en fuete de placer. (Hecker).

*un juicio desinteresado. (Kuno Fischer).

Un juicio generador del contraste cómico. (Freud).

*una mera degradación de valores, y hay tantas clases de chistes como valores se pueden degradar. (Stern).

Muchas veces esas grandes mentes disfrutan creando descripciones poéticas, metafóricas, etc. y no se arriesgan en capturar en una definición, un concepto como el chiste.

Con gran respeto y humildad, mi amigo y colega Aramís Quintero y yo tratamos de explicar qué es el chiste, en nuestro libro “Bienaventurados los que ríen”. La definición dice así:

Chiste es todo aquello que provoca placer humorístico, pero observando además las siguientes características: 1) Es relativamente breve, pues se produce con la mayor economía de elementos. 2) Es autosuficiente para provocar dicho placer y, por así decirlo, de una sola pieza. Es decir, una especie de átomo, una unidad indivisible. Tiene un contorno bien delimitado en el tiempo (un chiste verbal, por ejemplo), y a veces también en el espacio (un movimiento físico).”

No menciono “la sorpresa”, porque siempre nos pareció relativa; es decir, es importante como desenlace en el chiste, pero también está el hecho de que cierto chiste lo escuchamos dos o tres veces y siempre nos da risa, a pesar de que no nos sorprende el final por conocerlo, ¿no es cierto? Por tanto, ¿hasta dónde es determinante la sorpresa en el chiste?

Analicemos ahora algunas técnicas para estructurar los chistes:

1) Doble sentido (usar palabras o frases con dos significados).-

Ejemplo:

-Te vendo un perro.

-¿Y para qué quiero yo un perro vendado?

2) Literalización (tomar lo que se dice al pie de la letra).-

Ejemplo:

-Cada tres minutos un hombre es atropellado en las calles de Madrid.

-¡Como debe estar ya el pobre!

3) Inversión (dar vuelta a la situación).-

Ejemplo:

-Tomen esas palas y caven una trinchera.

-¿Y para qué mi sargento?

-¿Cómo que para qué? ¡Por si nos ataca el enemigo!

-¿Y no es mejor atacar nosotros y que caven ellos?

4) Contraste (mencionar algo importante y relacionarlo con algo irrelevante).-

Ejemplo:

-¿Cree usted que en caso de ataque nuclear, las ondas electromagnéticas podrán dañar mis cintas de video?

5) Exageraciones (aumentar o disminuir todo en demasía).-

Ejemplo:

Dice un miembro del Partido Laborista del Parlamento británico:

-Con el programa de reducción de gastos hospitalarios que ustedes proponen, ¿quedarían cubiertas operaciones como la vasectomía que me acabo de hacer?

Responde J. Hayes, parlamentario conservador:

-No sabía que en ese hospital hiciesen operaciones de microcirugía.

6) Ironía (decir algo cuyo sentido resulte opuesto al significado de las palabras).-

Ejemplo (un chiste de Chumi Chumez):

Los niños pobres tenemos la suerte de ir al cielo mucho antes que los niños ricos.

7) Regla de tres (consiste en mencionar dos cosas lógicas que puedan decirse en serie y sorprender con una tercera distinta a las anteriores). Ejemplo:

“¿De dónde vienes?” “De enterrar a mi suegra” “¿Y por qué tan cansado?” “Porque la pala no servía, la tierra estaba mojada y la condenada vieja no se dejaba enterrar”.

También están los juegos de palabras, u otras clasificaciones que hace Freud en su libro “El chiste y su relación con el inconsciente”, como por ejemplo: por condensación, equívocos, con alusión, etc. En fin, un amplio campo para estudiar e invertir en una fábrica de chistes.

Para mí, el chiste puede ser oral, escrito, sin palabras y sólo con movimientos (el gag), pero también dibujado, musical, danzario, etc.

Y dentro de este extenso campo del chiste, hay un punto que me interesa tocar muy especialmente. Según Shakespeare: “El éxito de un chiste depende de quién lo oye, no de quién lo dice”. No lo tomen a mal y no me linchen, pero yo me atrevo a contradecir un poco al Maestro. Mi experiencia me dice que un chiste no es bueno ni malo. Sólo debe tener la intención de provocarnos la risa, la sonrisa o la sonrisa interior. Supongamos que digo un chiste ante el auditorio “A”, y nadie se ríe. Quizás sea porque lo dije mal, me equivoqué, no comuniqué bien, no estaba tan gracioso en ese momento, etc. Pero también pudo suceder que los allí presentes no entendieron el chiste, o no estaban de ánimo para el humor, o el tema de ese chiste produjo otra emoción en la gente (un chiste de humor negro sobre un cojo ante un público de discapacitados), y decenas de variantes y situaciones a estudiar. Pero no podemos echarle la culpa al chiste y clasificarlo como malo, porque cuando lo cuento en el auditorio “B”, la gente sí se ríe. Entonces la efectividad del chiste depende de la fuente y también del receptor. Por eso es tan importante saber a quién o quiénes va dirigido nuestro chiste y saber cómo está uno para contarlo.

Y como sabemos, también existen los chistes anónimos. Recuerdo ahora al señor Angel Marsá que hizo una antología de chistes, muy reconocida, en el año 1947. Él dijo: El chiste es la gracia anónima, el humor público, la vena humorística que corre secretamente por la entraña social y la riega y vivifica con su ingenio espontáneo.

Pero también sabemos que existen chistes de autor, por supuesto. De ese humorista que pasa un gran esfuerzo por crear un chiste escrito, hablado, dibujado, etc. Por tanto, es nuestro deber respetar su autoría para que continúe con su trascendente creación. A mí me duele ver cómo algunos no dan créditos de los chistes de autor cuando los usan en público, o se los atribuyen descaradamente, o menosprecian esa creación por creer que el chiste es lo más bajo de la escala artística, y son incapaces de pagar por un libro de chistes (escritos o dibujados), o para asistir a un espectáculo, ver un video, o escuchar un disco, etc. Deberían sentir verguenza.