Los años 80. "La Belle Époque" del humor cubano.

Por Pepe Pelayo (escritor, comediante , fotomontajista y estudioso de la teoría y aplicación del humor).
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Honor a quien honor merece: el apoyo de Virulo a mi grupo “La Seña del Humor de Matanzas” y a los demás grupos. Esa fue la génesis de lo que sucedió con el humor en Cuba en los años 80.

Virulo, un humorista trovador, ocupó la dirección del Conjunto Nacional de Espectáculos (C.N.E.) -que hasta ese momento tenía un perfil puramente musical y danzario-, dejando a un pequeño cuerpo de baile y llamando a sus filas a humoristas profesionales.

El grupo escénico “La Seña del Humor de Matanzas” nace en enero de 1984, año en que el C.N.E. estrena “La esclava contra el árabe” con dos números escritos por los guionistas de La Seña del humor (Aramís Quintero y Pepe Pelayo).

También Virulo nos facilita la entrada a las Peñas que él organizaba los sábados en la Sala Atril del Teatro Karl Marx y por último, nos invita al debut “en sociedad”, cuando nos dirige en el espectáculo “Jaguar you Claudio”, junto a artistas de renombre. Ese espectáculo fue escrito, diseñado y actuado por nosotros (La Seña del Humor). Por apoyarnos a nosotros y también a otros colegas, siempre se lo agradeceremos.

A partir de las actuaciones de La Seña del Humor en teatros, peñas y en televisión, comienzan a aparecer muchos grupos, haciendo un tipo de humor muy parecido al de La Seña, aunque cada uno con sus características propias.

Como nosotros nos bautizamos como Seña del Humor, por las Peñas del Humor de Virulo, se fundan otros grupos parodiando también nuestros nombres, como La Leña del humor de Santa Clara, La Piña del Humor en La Habana y otros en provincias. También grupos como Nos y Otros, Sala Manca, Onondivepa. Los Hepáticos, Lenguaviva, Pagola La Paga, Cuchilla, Chou, elPrograma de Ramón y muchos más.

¿Qué teníamos en común entonces? Que todos, o casi todos, proveníamos de distintas carreras universitarias. ¿Qué beneficios traería eso? Supongo que el nivel de exigencia en el tipo de humor que se escogió.

La Seña del Humor se perfiló haciendo un humor con muchas referencias culturales, mucho humor “blanco/infantil” y mucha crítica a los defectos humanos. Pero poco humor satírico, poco humor de crítica político y social, muy poco humor relacionado con lo sexual, con la grosería, el doble sentido y tampoco con el humor costumbrista.

Esos jóvenes universitarios o profesionales de distintas ramas, rompieron esquemas dentro del humor y se instalaron con éxito a nivel nacional en esos años 80. Unos se mantuvieron haciendo ese humor blanco, otros más inclinados al humor crítico (hasta donde se podía), y así entramos en el famoso Período Especial donde fue el sálvese quien pueda para sobrevivir.

Pero antes de esos años 90, Virulo se va a vivir a México y ya había creado el Centro Promotor del Humor. Ahí nos dejó a Carlos Ruiz de La Tejera, a Osvaldo Doimeadiós y a mí como los directores del mismo. Por supuesto, aquello duró poco, porque ni a Carlos Ruiz ni a mí nos interesó desarrollar ese perfil, algo que sí aceptó Doime por suerte, para que no desapareciera todo aquel trabajo. Y lo logró.

¿Pero eso que surgió en el campo del humor podríamos clasificarlo como un Movimiento de Humor Nuevo (o Joven) Cubano? No lo sé, pero pienso que no.

El Movimiento de la Nueva Trova, por poner un ejemplo, tenía una base en la trova tradicional, en el arquetipo del joven cantautor con su guitarrita, de aspecto hippy trasnochado, con letras poéticas o supuestamente poéticas, con temas que le interesaba a la juventud, o supuestamente le interesaba, y ese Movimiento tenía estatutos redactados, y sus integrantes parecían militantes o miembros de un selecto club.

Con el humor no sucedió eso.

No nos basábamos en elementos técnicos-artísticos, conceptuales, teóricos, o con antecedentes en otros movimientos o hechos de la Historia del Humor Cubano, no. Claro que no. Y menos seguir unos estatutos. Si hubiera sido así nos hubiéramos disgregados todos.

Insisto, sólo nos unía que éramos jóvenes, que casi todos veníamos del mundo universitario, que teníamos talento y muchas ganas de hacer, de crear. Pero sólo eso no daba para armar un “Movimiento”.

Por supuesto, espero que muchos tengan opiniones distintas y ojalá me las hagan llegar de alguna manera, contra argumentando mi hipótesis (ni yo mismo estoy seguro de la mía).

De todas maneras fue un placerazo compartir con aquella gente que hizo humor en los años ochenta. Yo los conocí bastante a todos. Incluso, en una “asamblea general de humoristas” realizada en La Habana, me eligieron como su representante en la Dirección Nacional de la Asociación Hermanos Saíz, para que defendiera los derechos de los humoristas, opacados por las otras manifestaciones artísticas. Cargo en el que duré poco, debido a mi desinterés por trabajar en otros campos que no fuera el de la creación.

Pero de lo que no hay dudas es ocurrió algo especial en el humor de los años 80. Se masificó un humor inteligente, más para hacer pensar, sin abandonar la diversión blanca. Y que los sociólogos, antropólogos, filósofos y otros especímenes estudien el fenómeno.

Pero de que pasó, pasó.

Aprovecho para recordar con gran cariño a mis colegas de esos años que aún se mantienen haciendo reír, tanto dentro como fuera de la Isla (por orden alfabético): Alfredito, Angelito, Antolyn, Baudilio, Boncó, Bringas, Calvo, Camejo, Carrillo, Churrisco, Del Llano, Doime, Enrisco, Fernández Era, Fernández Larrea, Fundora, Gustavito, Jape, Joel, Jorge Luis, Leonardo, Lyn, Ana Lydia, Omar Franco, Otto, Pagola, Pible, Simpson, Telo, Triana, Ulises, Yovani Glez, Marcos García, Yoyi, Zulema, más los miembros de La Seña del Humor, por supuesto, y que me perdonen los que no mencioné por un detestable e injusto olvido, pero ya la vejez no perdona.