El único cubano que entrevistó a Chaplin

Por Ángel Augier (Poeta, ensayista, crítico literario y periodista cubano)
Copyright © Ángel Augier. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su nieta Ada Augier. Reservados todos los derechos.

Humor Sapiens tiene el honor y el placer de publicar un artículo sobre Charles Chaplin, con breve entrevista incluída a ese gran comediante, escrito por el intelectual y periodista cubano Ángel Augier (1910-2010). Este texto fue publicado en exclusividad por la Revista Bohemia. La nieta del autor, la sra. Ada Augier Miyares, ha tenido la extraordinaria amabilidad de autorizarnos a su publicación, por conmemorarse el 65 aniversario de aquella aparición pública, y sin volver a reeditarse jamás. Sabemos que el autor Ángel Augier fue el único cubano en entrevistar a esa estrella mundial del humor y el cine, por ello es que le damos tanta importancia a este artículo. Y por otro lado, no tenemos información comprobada de que otro latinoamericano haya entrevistado a Chaplin antes del sr. Augier. Conocemos que la Revista Siempre de México lo hizo en 1963. Por tal motivo, nos encantaría mucho que si alguien supiera de un dato relevante al respecto, por favor, nos informe. Por último, desde aquí le agredecemos infinitamente a la sra. Ada Augier por confiar en nosotros.

 

EDICIÓN DE BOHEMIA DEL 16 DE NOVIEMBRE DE 1952

"Espero que la América Latina reciba mi nueva película con la misma simpatía que las anteriores", declara a BOHEMIA Charles Chaplin en París.

La Habana, ciudad maravillosa. Charlot "la vedette" de París. Una audaz entrevista relámpago para Cuba. El ídolo de los parisienses presenta personalmente el estreno mundial de Limelight (Candilejas), una obra maestra de la cinematografía de todos los tiempos.

Correspondencia desde París, especial para BOHEMIA
Por ÁNGEL AUGIER. Fotos exclusivas de HUGO CABRALES
 


Amable, sonriente, Charles Chaplin recibe
en el Hotel Ritz de París a Ángel Augier.

 

La actualidad de París en los finales de octubre y principios de noviembre tiene un nombre glorioso: Charles Chaplin. La llegada del genial actor y su estancia en esta ciudad se han caracterizado por un singular sensacionalismo y un entusiasta fervor popular, con la particularidad de que a la sugestiva personalidad del visitante se ha agregado en el primer plano el estreno de la última película del gran mimo, verdadera obra maestra llamada a pasar a la historia de la cinematografía de todos los tiempos; Limelight, título en inglés que en Francia adoptó el de Les Feux de la Rampe: literalmente en español Candilejas. Desde que en la tarde del miércoles 29 llegó Chaplin a París por el aeropuerto de Orly, en el DC3 "1 ' Epicurien" de la Air France, procedente de Londres, el público parisiense ha estado al tanto de todos los pasos y todas las palabras de Charlot con una justificada devoción rayana en la idolatría: cientos de personas le aclamaron al descender del avión al llegar al hotel Ritz, donde se ha hospedado y frente al que hacen guardia permanente, junto con numerosos policías, un ejército de curiosos y de cazadores de autógrafos, pendiente de las salidas y entradas del magistral comediante. Los periódicos de todas las tendencias se han encargado de mantener informados a sus lectores de las más pequeñas actividades del huésped de honor de la gran capital, con abundante ilustración gráfica en primera plana: la visita a la Tour d´Argent, uno de los restaurants favoritos de su última visita a París, en 1931; su paseo, acompañado de Oona O ' Neill su joven y bella esposa, por los Champs Elysées, para contemplar la lírica y melancólica caída de las hojas doradas, de los árboles estremecidos por los cierzos otoñales, etc.

Una fácil entrevista difícil.

Un periodista cubano que visita a Paris, y no precisamente en plan turístico, se siente asediado por un sinnúmero de temas de interés vital, las más disímil naturaleza, de la multifacética vida parisina, que es imposible atender además de que por otra parte no se está en época de "descubrir París". No obstante, la tentación de una posible entrevista con el héroe de Los Tiempos Modernos y tantas otras gestas memorables de la cinematografía de nuestros días, se hizo irresistible y al día siguiente de la llegada de Chaplin, nos aparecimos en el hotel Ritz con el fotógrafo centroamericano Hugo Cabrales, dispuestos a entrevistar para BOHEMIA al ilustre visitante.

La negativa del secretario particular de Chaplin, Hany Crockert, fue definitiva: a su llegada, Charlot había concedido una conferencia de prensa y no entraba en sus cálculos ofrecer entrevista personal alguna, ya que su propósito era descansar lo más posible, y ya había dicho cuanto tenía que decir. Pero no era para perder el ánimo fácilmente: quedaba el recurso de esperar a la alta luminaria al descender de su departamento del lujoso hotel de la plaza Vendome. Afuera, la muchedumbre esperaba para vitorearlo una vez más, y los reporteros gráficos se mantenían alertas e impacientes. Fue una espera bastante larga, (sobre todo para los que desafiaban en la acera la fina y fría llovizna autumnal) que si no resultó fructífera para estos últimos, sí para nosotros, que estábamos vigilantes en el vestíbulo.

Al fin, apareció en la escalera, que desciende directamente al elegante salón de Las Tullerías, la amable figura del egregio artista: la cabellera blanquísima contrastando con un rostro de frescura juvenil iluminado por una sonrisa que es consagrada con gentileza a todos los circunstantes. Lleva puesto un impermeable claro y en la mano un sombrero gris. Le acompaña un intérprete -pues que "Canillitas" no habla francés. Sin dilación le abordamos, hablándole en español.

-Señor Chaplin deseo saludarle en nombre de la revista BOHEMIA, de Cuba...

La expresión española y el nombre de la Isla lejana le hacen levantar la cabeza con interés; y exclama vivamente:

-¡La Javana, Kiuba! Beautiful city...

El puente de simpatía ya estaba tendido, y lo demás fue relativamente fácil. Con ayuda del intérprete, le hacemos saber que en nuestro país y en toda la América Latina, sus películas son esperadas con ansiedad, y que todos sentimos devoción hacia él, desde pequeños, por sus creaciones. Elude la alusión cronológica para responder escuetamente, sin abandonar la sonrisa:

-Espero que la América Latina reciba mi nueva producción con la misma simpatía que las anteriores...

Se acercan otras personas en demanda de la vedette de Paris, y es preciso aprovechar hasta el último segundo, en esta entrevista-relámpago que sería difícil repetir. Le espetamos, para por algún comentario suyo al propósito de las autoridades norteamericanas de poner dificultades a su regreso a los Estados Unidos:

-Mr. Chaplin, ¿es posible que visite usted La Habana a su regreso a América... ?

Se da cuenta de la intención de la pregunta y, siempre sonriente, hace un gesto vago que puede interpretarse como un "quién sabe". El secretario llegó en ese instante para llevárselo y la entrevista de bolsillo se selló con un rápido apretón de manos. Con pasos menudos y rápidos, se alejó Chaplin hacia el fondo del salón y al traspasar una puerta aún se detuvo para firmar una fotografía de un admirador. Después, continuó para salir por una puerta lateral, con rumbo a los Campos Elíseos burlando a cuantos le esperaban por la puerta principal.

Cuando salíamos, el público y los reporteros gráficos, ya advertidos del chasco, corrían hacia todas direcciones: hacia las arcadas de la rue de Rivoli, hacia la Concordia, hacia la rue Royale...

El huésped preferido.

La recepción francesa a Chaplin no se limitó al entusiasta fervor popular y a la unánime acogida de la prensa parisina, sino que se extendió a la distinción oficial: en el local de la Sociedad de Autores, el ministro de Educación Nacional, M. André Marie, le impuso la roseta de oficial de la Legión de Honor. Ésta es la cuarta vez que el genial británico visita París: en 1910, en que era un simple actor de music hall asiduo a Alhambra y al Folies Bergere; en 1921, cuando andaba en toumée con la película El chicuelo, y en 1931, cuando llevó a Europa su film Luces de la ciudad, ocasión esta en que el entonces ministro de Asuntos Extranjeros, M. Aristides Briand, le impuso la insignia de caballero de la Legión de Honor, en el Quay d'Orsay. A éste respecto, dijo a un periodista:

-La segunda vez que vine a París, recibí las palmas académicas; la tercera vez, me hicieron caballero de la Legión de Honor; ahora, soy ascendido a oficial. Todavía hago otro viaje a París y me dan la Gran Cruz...

Sobre esa periodicidad de sus visitas a la gran capital, expresó al salir en la noche del mismo día de llegada al restaurant Tour d'Argent en compañía de Claude Terrail.

-Hace 21 años, vine aquí con el padre de Claude; la próxima vez que vuelva lo haré con alguno de sus hijos ...

Naturalmente, una de las cuestiones más interesantes de la actualidad Chaplin es el tema de su regreso a Estados Unidos. En Londres rogó que no se le preguntara sobre el particular y fieles a esa consigna los periodistas franceses no le plantearon el asunto directamente, a pesar de que en los instantes en que llegaba a tierra francesa el ilustre visitante, se publicaba un cable procedente de Washington con declaraciones del fiscal general en el sentido de que si Chaplin podía demostrar sus derechos a reentrar en Estados Unidos, no se le pondrían obstáculos...

-Vuestros compañeros -dijo Chaplin a un reportero de France Soir- son muy corteses, pues no me han planteado preguntas embarazosas. Lo más que hicieron fue demostrar una vez más su sentido del humor, al preguntarme si ya hice mis reservaciones para regresar a Estados Unidos...

A otro reportero, de Le Fígaro.

-No deseo hacer mis películas más que en Los Ángeles. Allí tengo mis hábitos, mis estudios, mis facilidades, todo. Pero puedo hacer cine en cualquier lugar del mundo...

En respuesta a preguntas sobre sus proyectos, dijo que su próxima película está todavía en estado embrionario, pero que tendrá como escenario la ciudad de New York. Y mostró dudas sobre la posibilidad de resucitar a Charlot, es decir, a Canillitas, que según Chaplin -al decir de otro reportero- fue asesinado por el New Deal de Roosevelt...

"Candilejas"

Tuvimos el privilegio de asistir a la premier de Limelight en el Biarritz, uno de los cines de los Campos Elíseos en la tarde del jueves 30. La premiere fue privada, y solo asistieron a ella los miembros de las Asociaciones de críticos y de autores y productores cinematográficos y algunos invitados especiales. La gerencia de los Artistas Unidos en Francia tuvo la gentileza de incluir entre esas excepciones al representante de BOHEMIA. Cuando terminó la proyección de esta obra profundamente conmovedora, una resonante ovación premió al intérprete genial, al autor y productor, al compositor de la música, todo en una pieza, que asistía emocionado a aquella consagración apoteósica de los cineastas franceses que tuvo resonancia pública al comenzar su estreno el 31 de octubre en cuatro grandes salas parisienses.

Sin disimular su emoción, Chaplin dijo en inglés, desde su palco:

-Yo creo que la Francia que me ha acogido tan calurosamente, siempre ha comprendido el sentimiento que he tratado de expresar en mis películas: la belleza y la bondad que siempre he exaltado en ellas. Cuanto ustedes han expresado aquí, me da un gran entusiasmo para continuar mi misión. Yo no tengo nada que enseñar al pueblo francés...

Hay que agregar que en el auditorio de verdad selecto, figuraban hombres del cine francés de la calidad de Marcel Achard, Julein Duvivier, Noél-Noél, Ives Allegret, Jacques Becker, André Berthomieu, Pierre Descave, Carlo Rin, André Luguet, etc., etc. Y críticos como André Lang, Georges Sadoul -autor de la recientísima biografía Vie de Charlot- y otros muchos.

Limelight-Les Feux de la Rampe en la versión francesa y quizá Candilejas en español ha de producir en nuestros países la honda impresión que en Francia Hace ya algunas semanas, el avisado cronista de BOHEMIA, Germinal Barral, ofreció en estas páginas un avance de este film, que como todos los de Chaplin, es un canto a la bondad humana y al optimismo de la vida, frente á las contrariedades -sociales y de cualquier otro orden- que se oponen a la plena felicidad del hombre.

(...)

Por cierto, que vale la pena reproducir, para terminar esta inesperada incursión parisiense a través de Chaplin y su obra, algunos de los comentarios de los críticos franceses. Por ejemplo, André Lang, de France Soir, estima que "el hecho mismo de que Chaplin haya recuperado el violín de Luces de la Ciudad, me encanta, me rejuvenece y me trastorna a la vez. Me gusta que él se divierta, que domestique pulgas y que nos recuerde que él es el más extraordinario mimo del mundo, cuando sigue con la mirada los imaginarios saltos en el aire de sus caprichosas discípulas. Y me gusta encontrarme con su cara, con su manera de caminar, con su sonrisa, que anima Charlot desde sus primeros tiempos: el placer de ser divertido, la alegría de ser amado y festejado, naturalmente, pero también la tristeza de encontrar la desdicha, el hambre y la injusticia sobre su camino. En fin, me gusta creer descubrir en sus facciones cambiadas esta emoción nueva enriquecida por las penas, en una entonación muda, apenas irónica, ante el hecho de ser incomprendido, difamado, él, el amigo público número uno que no sueña otra cosa que hacer comunicar en una misma cordial emoción, dentro de una misma enorme carcajada, a todas las gentes del mundo entero... más allá de lo humano".

Georges Sadoul, de UHumanité, llama a la obra "una tragedia optimista" y agrega: "Hay mucho que decir sobre una obra tan rica, tan diversa, sobre esta confesión delirante, sobre esta reivindicación apasionada de la grandeza para todos los hombres, para los más viejos, para los más pobres, para los más desheredados. Pero es bien difícil de escribir en torno a una película que hace asomar las lágrimas a los ojos en la mayor parte de las escenas".

Y en fin, Kléber Haedens, de Le Monde, no vacila en afirmar que Limelight "ha obtenido el pasaporte para la eternidad".


Ángel Augier