El humorista, ¿es un payaso? El payaso, ¿es un humorista?

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

¡Eres un payaso! ¡No soporto tus payaserías! ¡Cómo te gusta payasear! ¡Pareces un payaso con esa ropa puesta!

Esas y otras expresiones parecidas las hemos escuchados miles de veces a lo largo de nuestras vidas.

¿Se ha preguntado usted por qué esa profesión es tratada con tanto desprecio? ¿Por qué se usa esa palabra de forma tan despectiva?

¿No se supone que ser payaso es algo importante, porque nos divierte, sobre todo a los niños?

Entonces, ¿por qué se valora tan poco? ¿Por qué hasta los mismos humoristas usamos esa palabra peyorativamente?

Una razón puede ser esta: dentro del arte, dentro de la creación humorística, la “payasería” es lo menos elaborado. Obviamente, como es para niños, el tropezón, la caída, el falso golpe apoyado con un platillazo de la orquesta, el tortazo en la cara, el quitarle el asiento al otro, la supuesta patada en el trasero con esos zapatones talla XXXL, etc., etc., son chistes, gags y situaciones muy elementales, muy básicas dentro del humor. Provocan risas inocentonas, infantiloides. Quizás por ello los seudos intelectuales, los “curtos y apreparados” han condenado esa preciosa profesión al estiércol. Porque muchos colegas gritan que el humor es algo sublime, ideal, fino, perfecto, elevado; es decir, la búsqueda de la sonrisa inteligente y espiritual, y no esa cosa elemental, burda, grotesca, superficial, vulgar, naif, de mal gusto, que provoca la primitiva carcajada.

Lo siento, queridos intelectuales, pero para mí el payaso es un humorista "hecho y derecho", que hace ese humor básico la mayoría de las veces (los hay buenos y malos como en todo). Pero son colegas nuestros.

Conozco personas que argumentan que esos cómicos circenses hacen "comicidad" y no humor. Para no extenderme demasiado, invito al lector o lectora a visitar nuestra sección Teoría del Humor (Sapiens) donde explicamos nuestras definiciones de todos esos términos y que avalan esta reflexión.

Pero ¿qué otra razón podrían tener esos que desprecian al payaso? ¿No será que quizás en el fondo todos quisieran serlo, pero como no se atreven, se vengan despreciando a los que sí se atreven? ¿O será porque algún resentido, frustrado o ignorante dijo que la comedia, el humor, era un género menor y no desean que su "reputación" de intelectual se contamine? ¿O son seguidores del oscuro ser que nos enseñó que “La risa abunda en boca de tontos”, amenazándonos con una Biblia en ristre, ignorando adrede que en ese mismo Eclesiastés, más adelante se dice lo contrario?

Pero por qué esta defensa tan furibunda del arte del payaso, se preguntará alguien. Es que yo siempre lo he sido en mi vida, según el decir popular. En la enseñanza media -también en la universitaria- me destaqué como “florón”, “centro de mesa”, o como se le diga a la persona que se erige voz principal, como centro de atracción en un grupo, fiesta, banquete o reunión y cuenta chistes, o hace “gracias”, “monerías”, o “pinta monos”, como también se le llama a la payasería. Para bien o para mal, yo me destaqué mucho en ese campo y siempre cargué con ese mote despectivo.

Sin embargo, al pensar ahora mismo en esa época de “payasito” o “bufón” (otro sinónimo de igual fortuna), yo fui feliz, siempre estaba contento y le traspasaba alegría a todo el mundo. Por tanto, no me arrepiento. Además, esa fue la base para que en un tiempo después yo abandonara mi profesión de ingeniero y me dedicara por completo al teatro humorístico sin pudor ni escrúpulos.

Y aún sigo haciendo “pelayaserías” (un término creado por mi amigo y colega Pible, un especialista del juego de palabras). Y mis “pelayaserías” dentro del campo de la creación humorística, intentan ir más allá del puro chiste o gag (aún sabiendo que sólo eso es bastante), tratando de hacer el humor llamado “inteligente”, el que deja algo, el que hace crecer al ser humano, aunque sea un poquitín. Pero sin menospreciar el que no hago. Me interesa tanto la sonrisa interior, como la risa y la carcajada.

Debe ser por ello que defiendo y respeto tanto la profesión de payaso, aunque yo nunca he hecho, en el arte, un acto del repertorio “payaseril”. Pero conozco la creación humorística y sé lo difícil que es hacer reír, incluyendo la aparente simplicidad y ligereza del humor del payaso. Por ello prefiero decir que todo es parte de un todo: el humor. Porque no existe un humor que sólo haga reír y un humor que sólo haga pensar. Es el mismo en diferentes niveles de elaboración, profundidad y calidad. Por tal razón debemos considerar al simple payaso como hermano del humorista gráfico, del escénico, del musical, del literario; es decir, de Quino, de Chaplin, de Les Luthiers, de Mark Twain. Las diferencias las dan otros aspectos.

Quizás no venga muy al caso, pero me vino a la mente ahora una historia apócrifa enmarcada en el siglo XIX:

“Un médico vio que aquel paciente estaba con evidentes signos de depresión y una tensión emocional profundamente asentadas. Entonces recordó que en la ciudad estaban anunciando la actuación del más grande payaso de todos los tiempos y se lo sugirió al paciente como parte del tratamiento. ¿Por qué no va esta noche a ver al gran payaso Joseph Grimaldi?, le dijo. El rostro del paciente fue cruzado por una repentina expresión de dolor y desilusión. ¡Doctor, si yo soy Grimaldi!, le respondió".

A propósito, la anterior historia reafirma el mito de que los humoristas son serios y graves, mientras muestran esas enormes risas pintadas en su cara.

Propongo entonces resarcir, reparar, compensar, indemnizar, desagraviar, enmendar y subsanar a los payasos. ¿Por qué no lo revalorizamos a partir de ahora, basándonos en la preciosa labor que hacen “Payasos sin fronteras” o los médicos payasos que tanto aportan a la rehabilitación de los pacientes en hospitales? ¿Por qué no los dignificamos, pensando en la tradición rusa con el payaso Popov a la cabeza, o pensando en los geniales payasos del “Cirque du Soleil”, por mencionar sólo a algunos?

Por favor, es tiempo de que los colegas que hacen reír sanamente, no sean mirados a menos. El que no le guste, que no vaya a verlos, el colega que cree que está lejos de crear ese tipo de humor, que siga haciendo lo suyo, pero no desprestigien al gremio. Por favor.

Una curiosidad: no sé si usted sabe que en los circos, los directores alejan los chimpancés de los payasos, porque por alguna extraña y desconocida razón, esos animales atacan con mordiscos a los payasos. En serio, es cierto esto.

Por último, si usted no está de acuerdo con toda esta reflexión, escríbanos y podemos debatirlo. Sólo una cosa: no discuto con chimpancés.