En su libro El cerebro que ama reír: una guía visual del humor y la conexión humana en la primera infancia muestra la extensa investigación que ha llevado a cabo sobre cómo la risa y el juego contribuyen al desarrollo saludable del cerebro, el bienestar emocional y los vínculos sociales. Según la experta, la risa puede ayudar a los más pequeños a afrontar los desafíos de la vida y a manejar mejor el estrés.
"La esperanza y el humor son la base de un desarrollo saludable"
"La esperanza y el humor, al parecer, no son solo un condimento de la vida, sino la base de un desarrollo saludable. Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del cerebro en acción: aprendiendo, conectando y creciendo", comenta.
La risa precede al desarrollo neuronal del habla, pero activa una red distribuidora de regiones cerebrales, incluidas las áreas motoras y la corteza prefrontal. Además, influye en la frecuencia cardíaca, la respiración y la producción de anticuerpos. Disminuye las hormonas del estrés, cortisol y adrenalina, e incrementa las sustancias químicas de la felicidad, como la dopamina, la serotonina y las endorfinas. A esto se añade su capacidad de fortalecer el sistema inmunitario y mejorar la memoria.
Risa y actividad cerebral
Estudios en neuroimagen sugieren que la risa desempeña un papel importante en la actividad cerebral, puesto que el humor exige un esfuerzo cognitivo y activa la neuroplasticidad. Desafía al cerebro a predecir y resolver la tensión entre ideas contradictorias, proporcionando un ejercicio mental que potencia el pensamiento creativo y activa tanto la memoria de trabajo como los lóbulos frontales.
Por otra parte, el estrés prolongado afecta negativamente al desarrollo físico y mental, perjudicando el aprendizaje, aumentando el riesgo de estrés en la edad adulta, suprimiendo la función inmunológica y contribuyendo a la aparición de enfermedades.
Corregulación vs. autorregulación
Además de fortalecer los vínculos afectivos, el humor y la esperanza pueden mejorar la capacidad de adaptación de un niño ante situaciones estresantes. "La relación entre la corregulación y la autorregulación está bien establecida. La corregulación se refiere a la forma en que una adulto cariñoso y compresivo guía al bebé en sus primeros años de vida, de modo que este cuente con un modelo práctico al que recurrir para su propia autorregulación a medida que madura. El sistema inmunitario necesita un repertorio de experiencias positivas del que nutrirse".
Con todo ello, la doctora Harding cuestiona los protocolos actuales de la educación infantil y se pregunta si puede y debe haber más espacio para el humor. Aboga, por tanto, por integrar el humor en los entornos educativos para potenciar el aprendizaje y mejorar la retención de conceptos clave. (Fuente: eleconomista.es).
"Crear, pensar y vivir con humor".