Fue de los pilares del humor gráfico, conocido con el pseudónimo de Ja. Maestro de la sátira y realizador pionero. Fue uno de los grandes nombres de la mítica revista El Papus, época en la que afrontó una ochentena de denuncias y hasta un consejo de guerra.
Se mantuvo activo en revistas como El Jueves y Mongolia. Publicista, guionista, animador y productor, dirigió la primera película de animación para adultos del Estado, Historias de amor y masacre; la serie de dibujos animados Mofli, el último koala, y la película Despertaferro!
Fue en las primeras revistas satíricas, como Mata Ratos, Pacha, Barrabás, El Cuervo y sobre todo El Papus, en la que colaboró en todos los números, donde desplegó su humor irreverente, mordaz y antisistema, que fue carne de denuncias y censura. Algunas de sus series y personajes más subversivos nacieron en esta revista, como Sor Angustias de la Cruz, una monja anticlerical, y Encuesta Papus. "Me convertí en un habitual de los juzgados. Salía un juez que básicamente se dedicaba a insultarme y a amenazarme con sanciones y después, cuando se acababa la reprimenda, el mismo juez me pedía un dibujo para sus hijos", explicaba a el ARA. El atentado contra Carrero Blanco lo alcanzó en el juzgado. En 1975 también censuraron y retiraron del mercado su libro Humor sexual sano. En 1977 estaba llegando a la redacción de El Papus, en la calle Tallers, cuando explotó la bomba de una facción de la derecha contra el semanario, que mató al portero del edificio e hirió a diecisiete personas.
Paralelamente a las historietas, su pasión era el cine animado. Había empezado a hacer dibujo animado por ordenador para la publicidad en los años 60 y a finales de los 70 uniría los dos mundos en la pionera Historias de amor y masacre, producida por Equip, que había fundado con Víctor Luna. Fue la primera película de animación adulta que se hizo en el Estado, un proyecto transgresor que reunía historias independientes creadas por primeras espadas del cómic satírico de la época: Chumy Chúmez, el Perich, Ivà, Fer, Gila, Óscar Nebreda y el mismo Amorós. En la première, en A Coruña, ya tuvo que marcharse antes de terminar la proyección porque su retrato de una España primitiva enfureció al público. La película fue marginada de los cines e incomprendida por la crítica, pero el dibujante dio por bien empleada la inversión. "Era una película fuera de su época. Además, el cómic siempre ha ido 20 años por delante de la industria", recordaba al ARA cuando lo reivindicaron en el Animac en 2017.
Después, continuó dirigiendo proyectos de animación comercial como los cortos Gugu y Prima Donna, la serie de televisión Mofli, el último koala (1986) y la película Despertaferro! (1990). La Academia del Cine Catalán lo nombró miembro de honor en 2020.
Amorós también mantuvo la actividad como dibujante, más irreverente y desatado que nunca. La teórica Francisca Lladó lo sitúa, igual que Gin, Ivà y Óscar, entre los dibujantes feístas, influidos por Jean-Marc Reiser, con un trazo rápido y espontáneo al servicio de la historia. Fue una de las firmas icónicas de El Jueves, con la serie salvaje de El Obispo Morales y Hombre pobre, hombre rico, en que atacaba el capitalismo, y después en la revista Mongolia. Su antidogmatismo lo acompañó a lo largo de toda la vida. Por eso alguien que fue diana de los clericales y un espíritu radical podía afirmar al ARA, después de la tragedia de Charlie Hebdo: "Si una tontería como hacer un dibujo puede acabar en tragedia, más vale no hacerlo. A pesar de la polémica que provocó, estoy de acuerdo con lo que dijo el papa Francisco: «Si te metes con mi madre, no te sorprendas si te doy un puñetazo en la cara»" (Fuente: es.ara.cat).
Desde aquí les enviamos nuestras buenas vibras a sus familiares y colegas.
"Crear, pensar y vivir con humor".