Pocos creadores han poseído la enorme destreza, la lucidez y la elegancia para moldear la imaginación colectiva como René Goscinny, nacido el 14 de agosto de 1926 y que partió el 5 de noviembre de 1977. En el centenario de su nacimiento, la figura del guionista francés no solo se consolida como la piedra angular de la bande dessinée franco–belga, sino como uno de los más grandes referentes mundiales del humor gráfico universal en la literatura contemporánea.
Antes de la obra de Goscinny, el cómic francófono solía priorizar el impacto gráfico por sobre la densidad conceptual. Con un genio narrativo desbordante, René revirtió esa ecuación, demostrando que un texto brillante, cargado de ingenio y doble sentido, y con aguda crítica social, podía sostener de igual a igual el arte de los lápices.
Su pluma trajo consigo una firma inconfundible. Introdujo en sus relatos humanismo y ternura. Sus personajes nunca fueron arquetipos fríos, hasta los villanos conservaban una torpeza adorable. Construyó historias capaces de maravillar al lector infantil con slapstick y aventuras directas, mientras que deslumbraba al lector adulto con sátira social, referencias históricas, juegos de palabras refinados y una agudísima ironía política.
Además, dominaba la composición de la viñeta con la precisión de un relojero suizo y la gracia de un comediógrafo clásico.
Un universo sin fronteras
Goscinny es uno de los autores franceses de mayor éxito mundial, con más de 500 millones de libros vendidos, traducidos a más de treinta idiomas. Goscinny se crio principalmente en Buenos Aires, Argentina, donde asistió a escuelas francesas, además de vivir en los Estados Unidos durante un breve periodo de tiempo.
Recordar a Goscinny es recorrer una galería de universos inolvidables nacidos de sus alianzas con los dibujantes más talentosos de su época.
Con Albert Uderzo nació Astérix el Galo, creando la resistencia popular más célebre de la historia contra el Imperio Romano. Un pueblo irreducible que no era sino el espejo lúcido de la condición humana, repleta de debates interminables y una entrañable fraternidad de los humildes, frente a los poderosos.
Con Maurice de Bévère, más conocido por el seudónimo artístico de Morris, redefinió y parodió el conocido mito estadounidense del Lejano Oeste, transformando la violencia en un espectáculo absurdo y brillantemente divertido, donde un vaquero cabalga hacia el sol poniente tarareando sobre su soledad. El 25 de agosto de 1955, apareció por primera vez el vaquero “más rápido que su propia sombra”, en el número 906 de la publicación Spirou.
Con Jean–Jacques Sempé imaginó El pequeño Nicolás, demostrando su maestría pura en la prosa. A través de la mirada inocente y atropellada de un niño de escuela, Goscinny retrató con infinita nostalgia y lucidez la cotidianidad de la infancia y las contradicciones del mundo adulto. En septiembre de 1955, el diario belga “Le Moustique” publicó la primera tira de “Le petit Nicolas”, cuyo guion escribiera Goscinny, bajo el seudónimo de “Agostini”.
Con Jean Tabary, creó a Iznogud, un califa desdichado y a un visir que quería ser califa en su lugar, ofreciendo una sátira feroz sobre las dinámicas del poder y la ambición. La editorial Dargaud lanzó la revista mensual “Record” en 1961 y Goscinny contribuyó con el personaje.
La primera obra con Uderzo
Um Pa Pa (Oumpah–Pah en su versión original francesa) es una de las creaciones más entrañables y significativas del tándem formado por René Goscinny y Albert Uderzo. Nació en 1952 y fue su primera creación conjunta. Aunque su trayectoria en papel fue corta en comparación con el arrollador éxito de Astérix, este personaje ocupa un lugar de culto en la historia de la historieta franco–belga por ser el laboratorio creativo donde la célebre dupla afinó el estilo y la dinámica narrativa que los inmortalizaría.
Creado conceptualmente a comienzos de la década de los 50 —en la estancia de Goscinny en Estados Unidos—, el personaje debutó formalmente en las páginas del semanario Tintin en 1958. La historia se ambienta en el siglo XVIII, durante la colonización del norte de América por parte de las potencias europeas. Um Pa Pa es un formidable guerrero de la ficticia tribu de los Shavashavas, caracterizado por su corpulencia, su fuerza descomunal, su apetito insaciable y un sentido del honor impecable.
Al igual que ocurriría más tarde con Astérix y Obélix, el núcleo del humor en Um Pa Pa reside en la química entre dos personajes opuestos que se convierten en hermanos de sangre.
Um Pa Pa es el guerrero de un pueblo originario, guiado por la intuición, una honestidad absoluta, una fuerza física incontenible y un profundo sentido de la lealtad.
Hubert de la Pâte Feuilletée es un aristócrata y oficial francés, de modales refinados, peluca blanca y uniforme vistoso. Capturado inicialmente por los Shavashavas, demuestra un valor ético inesperado que le gana el respeto y la amistad fraterna de Um Pa Pa.
Esta alianza contrapone el choque cultural entre la etiqueta cortesana del Versalles del siglo XVIII y las costumbres de los pueblos originarios norteamericanos, tratado siempre con la sátira refinada típica de Goscinny.
A pesar de que solo se publicaron cinco álbumes entre 1958 y 1962, se considera a Um Pa Pa como la piedra de toque que permitió el nacimiento de Astérix el Galo.
Un legado inmortal
No hay duda alguna que el mayor legado cultural de Goscinny fue Astérix el Galo (Astérix le Gaulois), una de las mayores obras maestras de la historieta universal. Creada el 29 de octubre de 1959 por Goscinny y Uderzo para el primer número de la revista “Pilote”, la obra se convirtió rápidamente en un fenómeno cultural y editorial sin precedentes.
La serie se sitúa en el año 50 a.C. “Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”, del imperio romano, señala cada uno de sus albúmenes. En verdad, la premisa básica es un elogio a la resistencia de los pueblos a los poderosos, y a la certidumbre de que la victoria es posible.
El éxito de Astérix radica en la enorme maestría de la fórmula de humor multinivel creada por Goscinny y Uderzo. Combina el slapstick y la comedia física con sutiles caricaturas de sátira social a la sociedad contemporánea, incluyendo críticas al capitalismo y referencias al “no pasarán” de la Guerra Civil de España.
Cada viaje de Astérix y Obélix a otras regiones (Hispania, Britania, Helvecia, Egipto, etc.) sirve para parodiar amablemente los estereotipos y costumbres de los países modernos a través del lente de la antigüedad. Incluye la presencia de elementos modernos integrados con ingenio en la época romana (turismo, burocracia, huelgas, campañas publicitarias).
Goscinny no solo fue un guionista prolífico. Fue también un apasionado editor y promotor del noveno arte al frente de la mítica revista “Pilote”, plataforma desde la cual apadrinó y emancipó a generaciones enteras de autores, elevando la historieta a la categoría de arte mayor.
A 100 años de su natalicio, las historias de René Goscinny siguen vivas, traducidas a decenas de idiomas y leídas por millones de personas en todo el mundo. Su humor no envejece porque no dependía de la burla fácil ni de la coyuntura efímera, sino de una profunda y benevolente comprensión de las virtudes y flaquezas humanas.
“Por Tutatis”, un siglo después de su nacimiento, el mundo sigue riendo con el eco de su genialidad.
(Por Víctor Osorio. El autor es periodista. Fuente: crónicadigital.cl).
"Crear, pensar y vivir con humor".