La frase de que la risa es la mejor medicina tiene un origen más cercano a lo popular y al buen humor que a la propia ciencia. Pero ¿y si tuviese algo de cierto?
Con la creciente conciencia sobre la relación entre la salud física y la mental, la investigación médica y psicológica ha comenzado a preguntarse seriamente si reír tiene efectos medibles sobre nuestro cuerpo. La respuesta que empieza a surgir es interesante: si bien la risa no sustituye a los medicamentos, al ejercicio ni a una alimentación adecuada, puede ser un ingrediente clave para el bienestar.
Hay muchos trabajos desperdigados que abonan a esta idea. Un análisis realizado por Stiwi y Rosendahl (2022) reúne 45 estudios experimentales con 2,547 participantes, siendo de los más amplios e ilustrativos en el tema. En ellos observan que, en conjunto, las intervenciones destinadas a provocar la risa produjeron beneficios significativos sobre la salud mental, diversos indicadores fisiológicos y la salud física. La magnitud de los efectos fue de moderada a relativamente alta, particularmente en las variables relacionadas con la salud mental. Sin embargo, los resultados variaron considerablemente entre estudios, debido, entre otras razones, a las diferencias en las poblaciones evaluadas, la manera de inducir la risa y los indicadores utilizados.
Los mecanismos por los cuales la risa podría beneficiarnos son inciertos, pero una de las explicaciones podría encontrarse en nuestra respuesta al estrés. Cuando enfrentamos situaciones tensas, el organismo activa diferentes mecanismos hormonales y aumenta, entre otras sustancias, el cortisol. Esta respuesta mantenida se relaciona con diversos efectos adversos sobre la salud. Kramer y Leitao (2023) analizaron ocho estudios experimentales con 315 participantes y encontraron que las intervenciones que provocaban risa redujeron la concentración de cortisol aproximadamente un 32 % respecto a las condiciones de control. Una sola sesión de risa bastaba para ver una disminución significativa.
Más allá de las respuestas fisiológicas, la risa se extiende al terreno psicológico. Un metaanálisis de diez estudios controlados, con 814 observaciones, encontró que las intervenciones basadas en humor y risa disminuyeron significativamente la depresión y la ansiedad y mejoraron la calidad del sueño de sus participantes (Zhao et al., 2019). Más recientemente, un metaanálisis de 33 estudios también notó un aminoramiento significativo de depresión, ansiedad y estrés, e incluso observó una relación entre el tiempo acumulado de las intervenciones y la magnitud de algunos beneficios, aunque éstos tendían posteriormente a estabilizarse (Liu et al., 2026).
Los resultados son aún más llamativos cuando los estudios, además, observan la risa de las personas a lo largo de los años. El llamado Estudio Yamagata, realizado en Japón, evaluó a 17,152 adultos mayores de 40 años y los clasificó de acuerdo con la frecuencia con que reían. Durante un seguimiento medio de 5.4 años se registraron 257 fallecimientos y 138 eventos cardiovasculares. Después de ajustar estadísticamente por edad, sexo, hipertensión, tabaquismo y consumo de alcohol, las personas que declaraban reír menos de una vez al mes presentaron casi el doble de riesgo de mortalidad que aquellas que reían al menos una vez por semana. También se encontró una asociación entre una menor frecuencia de risa y mayor incidencia de enfermedad cardiovascular (Sakurada et al., 2020).
En el envejecimiento. Otro gran estudio japonés siguió durante tres años a 14,233 personas de 65 años o más, inicialmente independientes para realizar sus actividades cotidianas. Los investigadores encontraron que quienes nunca o casi nunca reían presentaban un riesgo casi 42 % mayor de desarrollar discapacidad funcional que quienes reían prácticamente todos los días. En cambio, la asociación con mortalidad no fue significativa, un resultado importante para evitar atribuirle efectos milagrosos a la risa o catastróficos a la seriedad.
Ahora, ¿reímos porque estamos sanos o estamos más sanos porque reímos? Puede ser que una persona saludable, activa, con amigos, familia y una vida social satisfactoria tenga más oportunidades para conversar, bromear y reír. Por el contrario, una persona con depresión, aislamiento social, una enfermedad crónica o discapacidad puede tener menos ocasiones de hacerlo. Por eso, encontrar que quienes ríen más presentan mejor salud no demuestra por sí solo que la risa sea la razón.
En respuesta a esta pregunta, los estudios experimentales apuntan a que no sólo es coincidencia. La inducción de risa mediante videos humorísticos, sesiones grupales u otras estrategias hace aparecer mejorías a nivel psicológico y fisiológico. Esto sugiere que una parte de la relación puede ser realmente consecuencia de la propia risa, aunque todavía necesitamos investigaciones de mayor calidad para establecer su magnitud y duración. Tampoco está claro que la mera interacción social no sea la raíz de estos cambios.
Poner atención a nuestra risa y, de forma más abstracta, a cómo estamos viviendo es parte de cuidarnos y monitorearnos. Tener presente nuestro humor puede ser una forma de escuchar a nuestro cuerpo. Aún no podemos estar seguros de que la risa sea material de terapias formales, pero queda claro que es el eco del bienestar. Tal vez sea parte de un ciclo virtuoso; tal vez la forma de entrar en él sea riendo.
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Por Jorge Quiroz Casanova y Jorge Quiroz Valiente
diariopresente.mx (12/10/2026)
"Crear, pensar y vivir con humor".