Francois Rabelais

Francia, 1494 - 1553.
Humorista literario francés.

Escritor, médico y humanista. Rabelais publica en 1532, inspirándose en el texto anónimo Las grandes e inestimables crónicas del gran Gigante Gargantúa, su Pantagruel, y conoce un gran éxito. Se describe en él la vida de un gigante de un apetito tan voraz que ha dado forma a la expresión “banquete pantagruélico”, con gran humor y todo tipo de excentricidades. Parece ser que el doctor Rabelais quiso componer este libro para distraer a sus melancólicos enfermos. 

El gigantismo de sus personajes permite a Rabelais describir escenas de festines burlescos. La infinita glotonería de los gigantes abre puerta a numerosos episodios cómicos.

La obra de Rabelais se inscribe en el estilo grotesco, que pertenece a la cultura popular y carnavalesca

Una mirada moderna nos diría que mucho de su lenguaje es escatológico, lleno de inmundicias, secreciones y referencias explícitas a los órganos sexuales, condimentadas siempre con un explosivo sentido del humor, lo que lo liga en cierta forma al Quijote de Cervantes. 

En el “Aviso al lector” del Gargantúa, dice querer ante todo hacer reír. Después, en el “Prólogo”, con una comparación con los Silenos de Sócrates, sugiere una intención seria y un sentido profundo oculto tras el aspecto grotesco y fantástico. Pero en la segunda mitad del prólogo critica a los comentaristas que buscan sentidos ocultos en las obras. En conclusión, Rabelais quiere dejar perplejo al lector y busca la ambigüedad para perturbarlo.

 

Su Obra:

  • Pantagruel (1532)
  • La vida inestimable de Gargantúa, padre de Pantagruel (1534)
  • El tercer libro de Pantagruel (1546)
  • El cuarto libro de Pantagruel (1552)
  • El quinto libro de Pantagruel (su pertenencia a Rabelais es materia de discusión) (1562)
  • Tratado del buen uso del vino (1564)

 

Fragmento de la Obra Gargantúa y Pantagruel:

"Iba pues arrastrado, con el culo en el suelo, por la potranca que multiplicaba su coceo contra él y huía despavorida por los setos, los fosos y los zarzales. Le chafó la cabeza, hasta el extremo que el cerebro saltó junto a la cruz donde se canta el Hosanna; luego los brazos en piezas, uno aquí y otro allá, las piernas igualmente y finalmente hizo una carnicería del vientre de modo que, al llegar al convento, la potranca sólo llevaba el pie derecho y la sandalia arrollada. 
(...)
- ¿Cómo será -observó Gargantúa- que el hermano Jean pueda tener tan hermosa nariz? 
- Porque así lo quiso Dios -repuso Grandgousier-; que El, en su divino arbitrio, nos modela como los alfareros sus vasijas. 
- Y como el monje Jean -añadió Ponócrates- fue el primero en acudir al mercado de las narices, adquirió las más bellas y grandes. 
- Seguid si queréis -adujo Jean-, pero, según la verdadera filosofía monástica, habéis de saber que lo que decís se debe a que mi nodriza tenía las tetas blandas y, hundiéndose en ellas mi nariz como en manteca, fueron creciendo a su sabor, como crece la pasta con la levadura. Las nodrizas de pechos duros hacen chatos a los chiquillos. 
"

057 - Gargantua y Pantagruel - François Rabelais