En mi último artículo para esta web hablaba de algunos políticos históricos que culitvaron, esporádicamente o como aficionados, la caricatura y/o el dibujo de humor, entre ellos dos de los primeros presidentes de los EEUU. Continúo ahora en esta línea haciéndome eco de cuatro escritores españoles que también incursionaron en este campo, aunque muchos no lo sepan: Miguel Mihura, que renovó el humor gráfico –no solo el literario– español en la primera mitad del siglo XX en revistas como Buen Humor, Gutiérrez, La Ametralladora o La Codorniz; Miguel Delibes, quien se inició en en el periodismo como caricaturista y viñetista en el diario vallisoletano El Norte de Castilla; Ramón Gómez de la Serna, que ilustró muchas de sus famosas greguerías; e incluso Federico García Lorca, quien no hizo propiamente dibujo de humor, pero cuya iconografía no está exenta de un espíritu irónico y un trazo simple que lo acercan al lenguaje de la viñeta.
Ramón Gómez de la Serna
Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888 – Buenos Aires, 1963), Ramón para los amigos, ejemplo indiscutible de universo creador, representó en sí mismo una sola generación de creadores, que algunos llamaron “Ramonismo”. Prolífico escritor y periodista, posee una obra literaria extensa que va desde el ensayo costumbrista o la biografía hasta la novela y el teatro. Su vida y obra es una ruptura contra las convenciones y una encarnación de las vanguardias.
El eje central de su extensa actividad son las greguerías, un género iniciado por él como un conjunto de apuntes en los que encierra una pirueta conceptual o una metáfora insólita. Él mismo las definió como “metáfora más humor”.
Algunas de ellas fueron acompañados por dibujos que el autor realizó de su propia mano, de forma que los conceptos quedan más claros, quizás pensando en un lector de prensa, más que literario. Pero no podemos olvidar que la inquietud y productividad de Gómez de la Serna estuvo siempre ávida de mezclar recurso y técnicas y, por lo tanto, jugar con estos dos lenguajes no respondía más que a la utilización de medios variados para una creación más completa. Los dibujos comparten con el texto la misma frescura, lucidez y mordacidad.
Entre 1930 y 1935, Ramón publicó en la revista Blanco y Negro una serie de estos artículos-greguerías ilustrados bajo los títulos de Cifras de París, Cifras de Alemania, Cifras de ahora, Greguerías ilustradas y Greguerías. El Museo ABC conserva 314 de estos dibujos originales, de los que se seleccionaron 100 para una exposición que se mostró al menos en Madrid (Museo de Arte Contemporáneo, 2016) y Logroño (Sala de Columnas de La Beneficencia, 2017). La exposicion regresó finalmente al Museo ABC, exhibiéndose del 29 de mayo al 17 de junio de 2018.
Miguel Mihura
Miguel Mihura Santos (Madrid, 1905 – ídem, 1977) es universalmente recordado como uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX y maestro del humor absurdo; sin embargo, sus inicios artísticos y gran parte de su genialidad se desarrollaron a través de su faceta como dibujante, caricaturista e historietista. Antes de triunfar en los escenarios con obras icónicas como Tres sombreros de copa –precursora del teatro del absurdo que cultivarían después Samuel Beckett o Eugène Ionesco–, Mihura ya se ganaba la vida con los pinceles y el ingenio gráfico.
Con apenas dieciséis años, comenzó publicando caricaturas teatrales en diarios como Informaciones. Poco después, colaboró como ilustrador en las llamadas “revistas galantes” y colecciones populares de la época como Muchas Gracias, Flirt o Cosquillas.
Formó parte de un brillante grupo de humoristas e intelectuales que renovaron el humor gráfico y literario en España, como Enrique Jardiel Poncela o su gran amigo Antonio Lara, Tono, en cabeceras míticas como Buen Humor y Gutiérrez o a través de sus libros y obras de teatro. Fueron conocidos como “La Otra generación del 27”, por coincidir en el tiempo con los poetas Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Gerardo Diego o Vicente Aleixandre.
Durante la Guerra Civil española, dirigió el semanario de humor La Ametralladora, para los soldados del bando nacional, refinando un estilo de chistes que huía de la lógica común. Tras la contienda, fue el fundador y primer director de La Codorniz (1941), la mítica publicación que se autodefinió como “la revista más audaz para el lector más inteligente”. Bajo su dirección, el semanario revolucionó el humor gráfico de la posguerra española, imponiendo un estilo vanguardista, surrealista y sutil que lograba esquivar la estricta censura de la época.
Los dibujos y chistes gráficos de Mihura se caracterizaban por un trazo limpio y una enorme carga satírica. No buscaba el chiste fácil ni la burla costumbrista de trazo grueso, sino plasmar situaciones absurdas, equívocos poéticos y una ruptura total con las normas de la lógica social, el mismo sello de identidad que años más tarde inmortalizaría en sus textos teatrales. Hoy en día, sus ilustraciones están consideradas piezas fundamentales dentro de cualquier antología histórica del humor gráfico español.
Miguel Delibes
Considerado uno de los principales referentes de la literatura en lengua española, Miguel Delibes (Valladolid, 1920 – ídem, 2010) consiguió a lo largo de su carrera los más destacados premios del ámbito literario: el Miguel de Cervantes (1993), el Príncipe de Asturias (1982), el Nacional de las Letras Españolas (1991, el Nadal (1948) y el de la Crítica (1953), entre otros. Entre sus novelas destacan títulos tan relevantes como El camino (1950), Las ratas (1962), Cinco horas con Mario (1966), Las guerras de nuestros antepasados (1975). Los santos inocentes (1981), Señora de rojo sobre fondo gris (1991) y El hereje (1998).
Pero antes que escritor, Delibes fue periodista, y se inició en el periodismo precisamente a través de la caricatura y la viñeta de humor. El luego famoso novelista hizo su debut profesional en el diario vallisoletano El Norte de Castilla, ocupando la plaza de caricaturista desde el 10 de octubre de 1941. Cuatro días después publicó sus primeros dibujos: dos viñetas de asunto futbolístico. Tras obtener el carné de periodista, accedió al puesto de redactor del periódico el 9 de febrero de 1944, y fue entonces cuando dio a conocer sus primeras reseñas cinematográficas, ilustradas con caricaturas de los actores mencionados en ellas, como Clark Gable, Bette Davis y Spencer Tracy, en la estela de la serie de caricaturas hollywoodenses titulada Seein' Stars (1933), vendida a distintos periódicos de los EEUU por el King Features Syndicate.
Durante sus primeros años como dibujante de chistes y caricaturas firmaba bajo el nombre artístico de Max. Ejerció como caricaturista durante 17 años, hasta 1958, compaginándolo con sus inicios en la redacción y su labor posterior como director del periódico (1958-1963). Poco después, otro ilustre escritor español, el gallego Álvaro Cunqueiro, dirigiría también un diario, Faro de Vigo (1965-1970). Fueron los dos escritores españoles directores de periódicos por excelencia.
Como caricaturista, Delibes retrató también a figuras de la política mundial de la época, como Winston Churchill, Benito Mussolini o el papa Pío XII. En 1960 creó una veintena de dibujos sencillos y limpios para ilustrar una edición estadounidense de su famosa novela El Camino destinada a estudiantes.
El éxito de sus textos y su evolución profesional como periodista y novelista acabaron eclipsando su faceta como dibujante. Sin embargo, el propio Delibes reconoció siempre que el dibujo fue su verdadera vocación inicial y la herramienta que le permitió ganarse la vida y formarse en la prensa escrita. La Fundación Delibes publicó en 2014 el libro Miguel Delibes dibujante en ‘El Norte de Castilla’, que recuerda la relación del que luego fuera director del diario con el dibujo y la caricatura.
Federico García Lorca
Termino este artículo con Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Granada, 1936), quien no cultivó propiamente el dibujo de humor, pero sí desarrolló, paralelamente a su carrera como poeta y dramaturgo, un universo gráfico relativamente cercano por su espíritu irónico y su trazo simple y directo.
Aunque es mundialmente conocido por su genio literario en la Generación del 27, el autor de Romancero gitano, Poeta en Nueva York, Yerma o La casa de Bernarda Alba desarrolló una obra gráfica notable de más de 300 piezas que dialoga directamente con sus versos. Su faceta como dibujante revela un universo plástico íntimo, vanguardista y fuertemente conectado con los símbolos recurrentes de su poesía y teatro, como la luna, los ojos, los compases geométricos y las figuras estilizadas.
Aunque muchas de sus ilustraciones muestran figuras tristes, marineros o arlequines, su producción gráfica también abarcaba el ingenio, el juego visual y la caricatura rápida de amigos y conocidos. En la Residencia de Estudiantes, compartiendo con amigos como Salvador Dalí y Luis Buñuel, exploró un espíritu de broma vanguardista y surrealista.
Durante su estancia en Estados Unidos entre 1929 y 1930, sus dibujos adquirieron un tono más complejo, expresionista y angustioso, vinculado a la creación de su poemario Poeta en Nueva York.
Lorca utilizó algunos de sus dibujos para portadas e interior de sus propias publicaciones y ediciones literarias, destacando la del Romancero gitano.
Instituciones como la Fundación Federico García Lorca han recopilado su legado visual en volúmenes especializados como el Libro de los dibujos de Federico García Lorca, permitiendo catalogar cientos de piezas conservadas en colecciones particulares y museos.
Sus trazos a tinta, lápiz o acuarela han protagonizado numerosas muestras itinerantes organizadas por el Instituto Cervantes en diferentes ciudades de Europa y América.
Hasta aquí este pequeño recorrido por un puñado de escritores españoles que también cultivaron la caricatura y/o el dibujo de humor. En mi próxima colaboración con esta web, si las circunstancias y las ganas lo permiten, hablaré de humoristas escénicos que también han incursionado en el humor dibujado.