Cómo y dónde se aplica la Pedagogía del humor. Primera Parte

Pepe Pelayo
Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno
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La Pedagogía del humor es aplicable en muchos aspectos, desde el momento de preparar una clase, hasta el comportamiento en el recreo, y hasta la relación entre profesores, padres y docentes, etc. Es muy amplio el campo.

Comencemos tocando el Aprendizaje Cerebro-Compatible, pero sin profundizar mucho. Por ejemplo, hablemos del “aprendizaje multicanal”, el cual abarca cuatro canales por los que la información llega al cerebro: el semántico, el episódico, el procedimental y el automático. La información que se ha recibido por un canal, es muy difícil de recuperar por otro. Por ello es importante enviar información por el mayor número de canales posibles.

Con la Pedagaogía del humor, usted aprenderá técnicas de enseñanza humorística, creativas y lúdicas, para enviarles a sus alumnos la información que les imparte por todos los canales posibles. Para lograrlo, hay variados puntos a tener en cuenta. Por ejemplo: El efecto de Primacía y Recencia. Las personas tienden a recordar lo que escucharon al principio (primacía) y al final de cualquier bloque de información (recencia). En otras palabras, “primero, dile a tus alumnos lo que les vas a decir, después díselo y al final diles lo que les has dicho”.

De ahí surge que es mejor interrumpir varias veces la clase, aunque ésta vaya bien, para obtener más momentos de primacía y más momentos de recencia. Esto se llama Efecto Zeigarnick; por ser el apellido de una investigadora alemana que descubrió que con un descanso de tres a cinco minutos cada treinta minutos (según las características de los alumnos), es más productiva la asimilación de las clases.

¿Cómo entra nuestra Pedagogía del humor en esto? Se ha demostrado que haciendo algo entretenido, divertido, durante los descansos, se prepara mejor la mente para continuar la clase con mayor atención al momento de entrar en la próxima primacía.

Sugerencias de actividades para esos descansos: ejercicios aeróbicos medio disparatados; absurdos, pasos de bailes sin mucho sentido; tocarse la nariz con la mano derecha y la oreja derecha con la mano izquierda y cambiar rápido varias veces; hacer un círculo y que cada alumno ponga sus manos sobre los hombros de los de adelante y sentándose en las rodillas del de atrás, pararse y volver a sentarse y practicar muchos juegos (ver artículo sobre juegos en esta página). Fíjese que son acciones físicas para provocar risas.

Otro elemento a considerar en nuestra Pedagogía del humor es El efecto Von Restorff, otro apellido que estudió los casos excepcionales de personas con memoria elefantina y descubrió que esa memoria fuera de lo común, se debía al recurso que utilizaba esas personas para grabar la información. Ellos hacían que la información se volviera peculiar: exótica, extraña, sorprendente… ¡cómica!

La información peculiar es memorable, porque aumenta de manera notable tanto la estimulación emocional como la atención mental. Y además, mejora la memoria de los datos que viene antes y después de esa información peculiar.

¿Cómo entra en el punto anterior en la Pedagogía del humor? Preparando nuestras clases con humor. Ejemplo, buscando o creando chistes, o comentarios graciosos que se relacionen con el tema a explicar. Si tenemos que hablar en la clase de historia sobre Napoleón y cómo perdió la guerra contra los ingleses en la famosa batalla de Waterloo, decir lo siguiente: “A Napoleón los ingleses le cortaron el agua y la luz. Hecho conocido como Water-lú”. Si para iniciar la clase, o para comenzar una etapa, o estudiar en medio de la clase el tema “montañas”, en geografía por ejemplo, mencionar el refrán que se le atribuye a Mahoma: “Si la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña” y después decir un supuesto refrán (usted inventará a quién se lo adjudica, que lo conozcan sus alumnos y que piensa que les dará gracia): “Si la montaña viene a mí, huyo porque es una avalancha”. Si es solo para comenzar una clase y atraer la atención de los alumnos, en una clase de matemáticas con el tema de las tablas de sumar, restar, multiplicar o dividir, se puede contar el viejo chiste: En la iglesia, el cura le pidió a sus feligreses que cerraran los ojos y rezaran. “¡Ave María!”, gritó. Y todos se pusieron a rezar: “Ave María, Madre de Dios, ruega por nosotros, etcétera, etcétera”. Después el cura les gritó: “¡Padrenuestro!” Y la gente rezó: “Padrenuestro que estás en los Cielos, etcétera, etcétera”. Pero en ese momento se remece todo por un terremoto y las tablas comienzan a caer del techo. El cura ve aquello y asustado, gritó: “¡Las tablas! ¡Las tablas!” Y todos comenzaron a rezar: “Dos por una dos, dos por tres seis, dos por cuatro….”

Otro recurso a usar en la Pedagogía del humor es: “música, ritmo y rima”. La música afecta zonas del cerebro que procesan las emociones. Además, se sabe que los procesos lingüísticos tienen lugar en un hemisferio del cerebro y la música en otro. Por tanto, si aprendemos con el recurso de la música, lo hacemos por más zonas del cerebro. Ejemplo: si aprendemos cantando que “2 y 2 son 4; 4 y 2 son 6; 6 y 2 son 8 y 8, 16”, nunca más se nos olvidará, como sabemos. A eso hay que agregarle que si inventamos melodías, ritmos y rimas alegres, cómicas y las relacionamos con gestos, movimientos, muecas, apoyando las letras, el aprendizaje será óptimo, por lo que se asimilará y también por lo bien que se pasará en esa clase.

Con la Pedagogía del humor se pueden resolver mejor los conflictos que surgen entre los alumnos, o entre usted y ellos. No se puede estar enojado y alegre al mismo tiempo, molesto y divertido. Si al discutir con alguien por defender dos puntos de vistas diferentes, surge la risa por algún motivo, ¿no ha visto cómo se reduce la discordia? Es que el humor acerca a las personas. Nos vuelve más dispuesto a escucharnos el uno al otro. Ejemplo: “¡Profesora, Luisito tomó mi goma de borrar sin pedirme permiso!”, gritó una alumna. “¡Magdalena, eres una llorona y una soplona!”, vociferó Luisito. Esta es una típica situación en cualquier clase. ¿Qué tal si le decimos a cada alumno que invente una parodia de esa escena, exagerando y llegando al absurdo para reírnos de ella? “¡Profesora –gritaría Pepito, con voz aguda imitando exageradamente la voz de Magdalena-, Luisito tomó mis orejas sin pedirme permiso!”. “¡Magdalena –voceará entonces Antonia, poniendo la voz más gruesa para acercarse a la de Luisito-, eres una estreñida y una supreferolitifláutica”…! A medida que se haga más creativo, disparatado, exagerado lo que se invente para caricaturizar la situación, incluyendo la parodia que pueden crear los mismos protagonistas del incidente, la risa será mayor y con seguridad todos evitarán caer de nuevo en algo así, al comprobar que es una tontería. Por supuesto, al final de la risa se debe comentar lo sucedido y lo que se quiso lograr. Otro ejemplo, pero ahora de conflicto entre un alumno y una profesora: el estudiante se enoja por una tarea de matemática y para vengarse, va diciéndole a todos que la profe salió en la portada de una revista Playboy. La profesora se enoja mucho. En el almuerzo se le acercan dos colegas para preguntar si aquello era verdad. Ahí la profesora hace conciencia de su situación y cómo resolverla. Dice entonces: “¡es una repugnante mentira!... pero espero que nadie haya conseguido el número de agosto”. Encontró la solución humorística y su ánimo es distinto al enfrentarse con sus colegas.

Al aplicar la Pedagogía del humor, usted podrá lograr otras conquistas positivas como crear una identidad de grupo entre los alumnos de su curso. Compartir la risa une, produce complicidad, acerca emocionalmente. Si su trabajo es bueno y constante se va creando un sentido del humor más parejo. Entra en frecuencia el grupo. Y comienza a surgir el sentimiento de pertenencia, de unidad, de sentirse parte de algo especial. Todos se ponen “la camiseta del equipo” y la muestran con orgullo. Sugerencia: inventen un distintivo cómico para identificar al grupo, al curso, creen entre todos un escudo, un himno, una bandera, pero humorística. Ya verá como la acogen como si fueran sus símbolos de verdad.

Las afirmaciones mejoran el rendimiento del cerebro. Está demostrado científicamente. Ve en su imaginación una exquisita naranja, la toca, la huele, la abre y se la acerca a la boca. Si hace bien el ejercicio, verá que hasta se le hace agua la boca. Con eso usted está demostrando que el inconsciente no distingue entre la realidad y la imaginación. Si recuerda bien, verá que muchas veces son los pensamientos negativos los que repite y se convence de que son reales aunque no fueran así. “No sirvo para aplicar la Pedagogía del humor en mi labor docente”. Si lo repite y “hace bien el ejercicio”, se convencerá y convencerá a su cerebro. Con lo positivo sucede lo mismo.

Por lo tanto, ponga en práctica con urgencia lo siguiente: a cada rato (quizás antes de un descanso o después), que todos repitan unas cuantas veces a coro y con ritmo, quizás con cierta melodía incluso: “¡qué bien se aprende aquí!”, o “¡qué rico la estamos pasando!”, o “¡somos unos genios!”, o “¡este es el curso más simpático y buena onda del mundo!”, etcétera. Y para hacerlo más divertido, al cabo de diez repeticiones, por ejemplo, comenzar a decirlo cada más rápido, para provocar equivocaciones y risas.

Otra iniciativa es decir siempre una frase, un eslogan antes de hacer una pregunta en clase. Por ejemplo, alguien levanta la mano porque tiene una duda. Usted le da la palabra y el alumno dice: “¡Somos brillantes, pero risueños! Profesor, no entiendo bien eso, ¿me lo puede explicar de nuevo? “¡Somos brillantes, pero risueños!” y usted responderle sin darle importancia a lo extraño de aquello.

Colocar carteles con frases graciosas, ingeniosas o misteriosas, que les provoque curiosidad, en lugares donde tengan que leerlas continuamente, es una variante de lo anterior.

Todos sabemos del estrés espantoso que provoca estar ante una prueba, una evaluación, un examen. Se sabe que ese estrés “chupa” los conocimientos y los estudiantes son incapaces de verterlos en la hoja de sus respuestas. Ejemplo: se le olvidan datos, fórmulas, tesis aprendidas, se inhiben procesos y razonamientos, etcétera, casi siempre de forma parcial, pero a veces de manera total. Para contrarrestar lo anterior, la Pedagogía del humor aconseja: organizar una actividad divertida, quizás una competencia de chistes, o un juego relacionado con el humor; antes de repartir las hojas con las preguntas, dígales que se sienten en los mismos asientos donde recibieron y asimilaron la información graciosa de la materia; aparézcase disfrazado de un personaje bien “malo” conocido por todos y diga que ese personaje es el que aplicará la prueba o examen, ya que está muy difícil y quiere saborear el sufrimiento de los presentes (a los pocos minutos sáquese el disfraz, para que no se vuelva incómodo para usted y para ellos); haga ensayos previos de la prueba o examen, con preguntas humorísticas de la materia y “actuando” como un docente super severo, rígido y pesado; guíe un ejercicio de relajación antes de la evaluación; haga repetir frases positivas a coro previo a comenzar la prueba o examen.

La memoria visual es demasiado importante en la aplicación de la Pedagogía del humor. ¡El cerebro puede procesar más de 36,000 imágenes por hora! Quizás usted utilice videos, transparencias, power point y otros recursos audiovisuales, perfecto. Pero recuerde que la tecnología nunca podrá sustituir la eficacia de la interacción humana.

El dibujo con un mensaje es un gran recurso para la memoria visual. Un ejemplo podría ser pintarse usted en una gran cartulina, colocarse un “globito”, escribiendo en él un pedido que ha repetido varias veces sin resultado alguno. Puede dibujar a sus alumnos sentados de espaldas a usted, o con audífonos puestos, o algo más cómico: con peces trabados en sus oídos. Esta variante del dibujo gracioso es fácilmente posible usarla para un tema específico de la materia que imparte.

Otro recurso visual es el “mapa”. Puede dibujar en la pizarra o en una cartulina y pegar la pared un esquema de la materia que imparte. Por ejemplo, dibuje un rectángulo y dentro escribe el tema principal, llamémosle “X”, y del rectángulo saque una cabeza, dos manos y dos piernas para señalar las cinco partes menos importantes que la principal y de esas partes, los dedos de cada extremidad y “moños” de la cabeza, para señalar las cosas menos importante de las menos importantes. Aproveche y de paso píntele boca, ojos, orejas, etcétera, con rasgos exagerados, para provocar risa. Ya hizo un mapa y entre todos pueden buscarle un nombre como: “El cuerpo de X”, “el cadáver de X”, “la persona X”. Esto se convertirá en un recurso nemotécnico divertido más. El cerebro funciona tanto de manera lineal como asociativa. Dicho mapa puede ser también un pulpo, un árbol o lo que más imaginativamente se le ocurra.

Otro recurso visual dentro de la Pedagogía del humor es el uso de imágenes cómicas. Recorte todas las obras de humor gráfico que encuentre relacionadas con su tema a impartir y muéstrelas y analícelas en clase. Imprima todas las que encuentre en Internet. También fotos graciosas, o imágenes donde usted le pueda agregar un comentario (un pie de foto) que la convierte en humorística y hasta breves tiras cómicas, por supuesto.

Por último, agarre fama de coleccionista de humor gráfico y ese tipo de viñetas y todos se inclinarán a imitarlo(a), o a buscar también y traerles piezas para incrementar su colección. Con este recurso usted estimula las emociones, crea metáforas y contribuye a la memoria visual, y lo hace provocando el placer de la risa y la sonrisa.

Uno de los motivadores intrínsecos que debe estimular usted al aplicar la Pedagogía del humor, es darle la oportunidad a sus alumnos de escoger, de participar, de que su opinión se tome en cuenta. Por ejemplo, olvídese de la frase: “que levante la mano el que sabe…”, porque eso solo ayuda a que los que no saben se sientan frustrados, con miedo a que se descubra su ignorancia, se sienten culposos, etcétera. Si usted lo “prepara” bien, puede usar ese mecanismo a su favor. Por poner otro ejemplo: si les mandó hacer una tarea difícil, de un tema que usted por experiencia, o por conocerlos, sabe que no comprenden aún, hable sobre la importancia del tema y sobre la rigidez con que evaluará. Entonces comience a preguntar.: “que levante la mano el que sabía que tenía una tarea”. Todos levantarán la mano. Después, “que levante la mano el que sabía de qué se trataba la tarea”. Se supone que todos o la mayoría levantará la mano. Y ahora viene el humor, en la tradicional fórmula humorística de “un, dos, tres” bo "regla de tres", que consiste en dos opciones serias y una tercera que rompa con las anteriores para lograr la risa. Usted diría ahora, por ejemplo: “que levante la mano el que se hizo pipí al tratar de comprenderla”.

Con lo anterior, hizo que nadie se sintiera excluido, hizo que se sintieran representados y además aliviados al ver que usted sabía de su problema. Por último, aplicó el humor y relajó la tensión del momento. Claro, al final transparentará su “actuación” y sensibilizará sobre la importancia de comprender el tema.

Frases simpáticas para la cotidianeidad. Para comenzar la clase o para empezar una actividad o lo que sea que se inicie, usted puede hacerlo de forma normal; es decir, “bien, vamos a comenzar…”, o “atiendan, niños que esto es importante…”, o simplemente le pone su sello propio y sigue dentro de la aplicación de la Pedagogía del humor diciendo con frecuencia, por ejemplo: “Esto es un bombazo”, “amárrense los cinturones”, “en serio, esto va a dar que hablar…”, “atención, les habla el comandante…”, “aquí hiena triste, cambio…” y un largo, etcétera. También frases para finalizar una etapa, un resumen, o al terminar la clase: “Y esto es todo por hoy, amigos…”, “ha sido un placer trabajar para ustedes, muy buenas tengan todos y hasta la próxima…”, “¡The End!”, “¡Pelotón atención! ¡Rompan filas!”.

De igual manera, para las frases que surgen siempre en cualquier momento, usted deberá, con la preparación habitual en esta Pedagogía del humor, crearlas y aprendérselas. Ejemplos, en vez de decir: “tienen cinco minutos para hacer tal cosa”, decir: “tienen cuatro minutos, cuarenta y cinco segundos y cincuenta milésimas para hacer tal cosa”. O en vez de decir: “saquen pronto tal cosa, porque no quiero que nos atrasemos”, decir: “saquen pronto tal cosa, porque si no los eliminaré con mi pistola intergaláctica de rayos gamma globulina”. O en vez de decir: “vamos a dividir la clase en dos grupos y los llamaremos A y B”, decir: “vamos a dividir la clase en dos grupos y los llamaremos El muerto fue a la fiesta y Tornillo de rosca relleno con chocolate. Y si desea darles más participación, ofrézcales dos minutos para que escojan un nombre original y cómico para su grupo. Yo prefiero las dos variantes, los provoca con un par de nombrecitos y después los deja cambiarlos… En fin, pequeños detalles que hacen más agradable y placentero el proceso diario y maratónico del aprendizaje. Y sólo, “requeteinsisto”, con preparación.

Continúa en la Segunda Parte...