César Bruto

Buenos Aires, 1905 - Buenos Aires, 1984.
Humorista literario argentino.

Carlos Warnes, más conocido por su seudónimo César Bruto, fue un notable escritor, poeta, humorista y periodista. 

A partir de los años treinta fue colaborador y director de algunas de las publicaciones más leídas de la Argentina:3​ Aquí Está, Cascabel, Clarín, El Mundo, Leoplán, Mundo Argentino, Patoruzú, Rico Tipo, Satiricón y Vea y Lea.

Ya en los años cuarenta comienza a editarse la revista Cascabel y allí publica por primera vez el personaje que lo llevará a la fama.4​ Se trata de César Bruto, redactor iletrado que le sirve al autor para ejercer con fuerte desparpajo distintos registros culturales desde una perspectiva analfabeta. Desde el primer número, César Bruto fue ilustrado por Oski (Oscar Conti, 1914-1979).

Sus trabajos en dupla con el famoso dibujante, que se extienden por más de dos décadas, continúan en Rico Tipo, tras el cierre de Cascabel, donde juntos hacen el «periódico barrial» Versos y Notisias, gran diario de todos los miércole, ​ desopilante sección de un humor que pulsa la cuerda de corrientes tan aparentemente distantes como el costumbrismo y el surrealismo. También hicieron juntos una columna llamada «Mente sana in córpore roto», y más tarde: «Los grande inbento de este mundo».

En la revista Rico Tipo también publica ―bajo el seudónimo de Napoleón Verdadero― las «Historias de lío tras lío», relatos que a través de un reino imaginario le permiten reírse de los dislates de la política de su propio país. Con Oski publicó El Medisinal Brutoski ilustrado.

En la misma cuerda política, escribe ―a partir de 1960 y durante diez años― los guiones del programa televisivo de Tato Bores (1927-1996).

La invención de Carlos Warnes en el caso de su heterónimo César Bruto no se limita a la alteración de la ortografía y la gramática. De su inmensa imaginación surge un humor que se pasea por todos los terrenos. A veces hace reír por degradación, como sucede con las «brutas biografías». En otras, por la inutilidad de ciertas frases, como cuando su personaje cae en cursilerías que no aportan información ni tampoco estilo, por querer aparentar una formación académica. En ocasiones, el uso de una palabra de significado parecido a otra pero menos adecuada para el contexto, trastoca el sentido y lo vuelve disparatado. En ciertos casos, su discurso puede comenzar a narrar algo e irse por las ramas para acabar sin contar nada demasiado concreto, como en el texto que utilizó Cortázar en Rayuela. Estos son solo algunos de los inagotables recursos de Warnes. Intentar describirlos cabalmente puede ser una tarea tan ardua como inútil, por lo intransmisible de la gracia de sus textos si no se leen de primera mano.