Guillermo Cabrera Infante

Gibara, 1929 - Londres, 2005.
Humorista literario cubano.

Escritor, crítico literario, periodista y guionista. Fundó la Cinemateca de Cuba junto a Tomás Gutiérrez Alea y Néstor Almendros.

En 1950 trabajó como crítico de cine con el seudónimo de G. Caín en el semanario Carteles, del que tres años más tarde es redactor-jefe. Tras el cambio político en Cuba en 1959, fue nombrado director del Consejo Nacional de Cultura y subdirector del diario “Revolución”.

También fue director del magazine cultural cubano “Lunes de revolución”, desde su fundación hasta su clausura en 1961. Fue enviado a Bruselas como agregado cultural y encargado de negocios, pero sus discordancias con el régimen cubano lo llevaron a abandonar su cargo diplomático.

Luego de pasar una temporada en Madrid, España pidió asilo político en Inglaterra donde se nacionalizó y ubicó su residencia, hasta su muerte.

El conjunto de su obra es una especie de "collage" de La Habana prerrevolucionaria.

Cabrera Infante sobrevivió al desprecio de la mayor parte de sus coetáneos del boom latinoamericano, a la persecución intelectual, y en ocasiones física, del castrismo… sobrevivió al tardío y paulatino reconocimiento de quienes le habían tratado como un apestado literario y social”.

Hablar de Guillermo Cabrera Infante es hablar de alguien con un enorme sentido del humor, con unos extraordinarios conocimientos cinematográficos y musicales, un personaje que nunca abandonó su añorada Cuba. Un gran amigo de sus amigos.

El escritor y filósofo español Fernando Savater ha asegurado que “su literatura está llena de humor, vitalidad, es gozosamente inconfundible”. Savater afirma también que “hasta en sus momentos más melancólicos Cabrera Infante encuentra un juego o giro de palabras que hace sonreír. Es una literatura adictiva, que uno busca afanosamente con sólo haberla probado una vez”.

El erotismo está presente en toda su obra, pero siempre "en función de la parodia y de la risa, cosa que un autor erótico no haría nunca", según explicaba él mismo.

Su gusto por el cine lo llevó a viajar a Hollywood para convertirse en el primer escritor latinoamericano guionista, con títulos como “Punto de fuga” y “Wonderwall”. Ejerce también como profesor en las universidades de Virginia y de West Virginia.

De su obra destacan las novelas “Tres tristes tigres” (1965), “La Habana para un infante difunto” (1979), y las antologías “Ella cantaba boleros” (1996), “Infantería” (1999), así como los libros póstumos “La ninfa inconstante” (2008), “Cuerpos divinos” (2010) y “Mapa dibujado por un espía” (2013).

Entre los premios que obtuvo se encuentran el Biblioteca Breve en 1964, por “Tres tristes tigres”; Premio del Instituto Italo-Latinoamericano (Roma), 1995, Doctor Honoris Causa por la Universidad Internacional de Florida en 2000 y el Premio Miguel de Cervantes (España) en 1997.