Hace un tiempo, mientras buscaba material sobre humor para mi libro, apareció el nombre de Pepe Pelayo y su proyecto Humor Sapiens. Lo que encontré me atrapó al instante. Su claridad para explicar temas que suelen ser difíciles de entender me resultó fascinante, y sentí que por fin alguien ponía en palabras muchas ideas que venía explorando.
Me animé a contactarlo simplemente porque necesitaba escuchar más de su mirada. Y su generosidad al aceptar la entrevista confirmó lo que intuía: detrás de su obra hay no solo conocimiento, sino una enorme calidez.
Comparto esta conversación porque refleja ese encuentro lleno de descubrimiento, admiración y aprendizaje.
¿Cómo surgió tu interés por el estudio del humor y qué factores considerás que influyeron en ese recorrido?
Me gradué de ingeniero civil en La Habana (1979), sin gustarme la carrera. Al poco tiempo fundo con otros amigos La Seña del Humor, un grupo de humor escénico en Cuba. Ahí coescribía los guiones, codirigía artísticamente, actuaba y era el director general. Nuestro trabajo sentó las bases para que surgiera en la Isla el llamado Movimiento del Nuevo Humor Cubano en esos años 80. Como actividades paralelas a la labor escénica, publicamos una revista humorística literaria y gráfica, impartimos charlas en universidades sobre el tipo de humor que hacíamos y de apreciación del humor en general. En lo personal publiqué artículos y cuentos en revistas humorísticas cubanas; también un libro de humor con otro miembro del grupo y gané concursos literarios regionales y nacionales con mis cuentos, artículos y ensayos.
En 1991 Televisión Nacional de Chile me contrata como guionista. En este país hago, teatro, radio, televisión, cine (todo relacionado con el humor). Me hacen director de humor de ese canal. A un año y tanto renuncio y comienzo a publicar libros de humor para niños y para adultos (ya tengo 81 publicados), ganando premios internacionales literarios.
Internacionalicé mi carrera en el humor en las modalidades que incurro, sobre todo en Hispanoamérica.
Así comienzo también a crear humor gráfico, ganando varios premios en diferentes países, exponiendo mis obras en Chile, Portugal y Estados Unidos, he sido director de concursos internacionales y jurado en unos cuantos eventos de ese tipo. En el año 1999 comencé a estudiar más seria y profundamente la teoría del humor. Imparto charlas sobre humor y su aplicación en la vida (salud, empresa, pedagogía, motivación a la lectura, calidad de vida y teoría del humor, obviamente). Doy charlas y expongo en congresos internacionales, asesoro tesis de grado, he publicado 12 libros ensayísticos sobre el humor y así un largo etétera.
En 2013, creo con mi hijo menor el portal humorsapiens.com, lugar de análisis y consulta sobre todo lo relacionado con el humor.
Espero que este resumen de mi curriculum te haya dado una idea de cómo llegué al humor y los factores que influyeron.
Otra forma más simple de responder sería: después de graduarme de ingeniería dos amigos y yo descubrimos tener un sentido del humor parecido y que además podíamos crearlo y al ver que nos iba bien, una cosa me llevó a la otra. Incluso me llevó a descubrir mi pasión por aprender y entender todo sobre mi profesión. Pero esta forma simple no se entendería bien si no te hubiera aburrido con mi respuesta más extensa primero.
¿Cómo definís el humor y en qué se diferencia, desde tu perspectiva, del sentido del humor?
No es fácil resumir. Pero lo intentaré.
Comienzo por el concepto: proceso cómico.
El proceso cómico se produce provocado por la percepción de una incongruencia lúdica, que provoca un placer sui géneris al segregarse ciertas hormonas en el cerebro y que acusa una exteriorización que es la risa o la sonrisa.
Tenemos de esa manera que todo proceso cómico se produce de forma interna, en el cerebro de cada individuo.
¿Cómo se produce? La incongruencia nos llega por nuestros sentidos; es decir, algo que vemos en la vida cotidiana; o que leemos, o que observamos en el cine, la televisión, etcétera; o que escuchamos en la vida cotidiana, o en la radio, disco u otro medio; o nos imaginamos, o creamos en nuestra mente. Decíamos que aparece la incongruencia, y si estamos en estado juguetón, la podemos percibir como algo gracioso, divertido, nos provoca placer y reímos o sonreímos.
Ejemplos, vemos en el cielo una nube de forma caprichosa y le encontramos parecido a un vecino. Incongruencia porque es imposible que la nube, intencionalmente, dibuje la silueta de una persona, pero como estamos en estado lúdico, nuestras neuronas resuelven “el acertijo” concluyendo que es algo chistoso, sentimos placer y nos sonreímos.
Insisto, es un proceso individual; es decir, eso le está sucediendo a alguien solamente.
Este es el concepto de “lo cómico”.
Aclarado lo anterior, ya podemos lanzarnos a definir el humor.
Una persona percibe una incongruencia por alguna vía, estando en estado lúdico y vive el proceso interno de comprender la incongruencia, de la segregación de hormonas, de sentir placer y de sonreír o reír exteriormente.
Entonces decide “jugar” socialmente y compartir esta experiencia, convirtiéndose en “fuente”. Por lo tanto envía un mensaje a un receptor (o a dos, a tres o a muchos). Ese mensaje está elaborado con la influencia del gusto de la fuente, de sus principios, de su creatividad y talento, de su cultura, de su forma de comunicar, etcétera, y de su intención -obviamente-, de hacer reír al receptor.
Ese mensaje le llega al receptor y con las condiciones de su propio estado lúdico, de su memoria, de su capacidad cognitiva, de su gusto, su cultura, sus principios, etcétera, recibe el mensaje que le provocará una incongruencia y vivirá el proceso cómico, o no. Si sus neuronas resuelven la incomprensión de la incongruencia y para celebrar su cerebro ordena la segregación de hormonas y siente el placer que le producirá exteriormente risa o sonrisa, entonces podemos afirmar que experimentó un proceso cómico y el mensaje que le envió con toda intención la fuente, cumplió su cometido. Estamos en presencia entonces de una comunicación lúdica social, ¿no es cierto?
A ese juego social de comunicación de lo cómico es a lo que denominamos “humor”.
El humor puede manifestarse desde una espontánea conversación cotidiana hasta en un pautado discurso político, o en una obra literaria, cinematográfica, etcétera. Pero siempre y cuando exista la intención consciente de hacer reír a un receptor (o a muchos, claro). De lo conttrario, no es un hecho humorístico, es solo un hecho cómico.
Si la fuente envía sin intención un mensaje que el receptor percibe como incongruencia y termina riendo producto del proceso cómico, no habría humor, repito, porque la fuente no estaría jugando y por ende no cumpliría el rol de jugador. El receptor vive el proceso cómico, pero no hubo juego de comunicación social intencional.
Pero el humor puede ir más allá y, con intención, “jugar” hasta profesionalmente; es decir, alguien puede crear o recrear un hecho cómico y comunicárselo a uno o a millones de receptores a través de una manifestación artística. Esto es el arte humorístico, que llamamos “humorismo”. Y es donde mayor elaboración del humor encontramos, tanto en forma como en contenido, como en cualquier arte.
¿Por qué sucede esto? Porque el arte es también un juego. Las manifestaciones artísticas que producen placer estético, no son más que juegos evolucionados –como el humor-, que suceden en los seres humanos al dar el salto cualitativo del juego físico al juego con un desarrollo del proceso cognitivo, con el lenguaje, la asociación de ideas, el pensamiento abstracto, etcétera. Por tal motivos disfrutamos el juego físico y el intelectual.
Resumiendo, ¿qué es el humor para nosotros?: “La expresión de lo cómico”, para decirlo en muy pocas palabras.
En el humor existe lo cómico en su interior. Es imposible que algo humorístico no sea cómico; así como lo cómico no es humorístico. Lo cómico sucede en uno, es una cualidad que individualmente percibimos. El humor es lo cómico en una comunicación social de índole lúdica.
A partir de los anteriores conceptos, paso a analizar el sentido del humor.
Entonces, defino el sentido del humor como la habilidad, capacidad, facultad, para percibir en nuestro cerebro esquemas que produzcan incongruencia, para que así las neuronas resuelvan el “acertijo”, lograr que se segreguen las hormonas de la felicidad y se produzca el placer cómico y la risa o sonrisa como manifestación externa.
Más resumidamente: sentido del humor es la habilidad de cada persona de percibir información que nos haga echar a andar el proceso cómico interno.
Profundicemos un poco más. Según la psicología bio-psico-social, nuestra personalidad es nuestro conocimiento junto a las emociones que sentimos y esa mezcla es la que se refleja en nuestra conducta. Pues al desarrollar nuestro sentido del humor, lo que queremos es lograr una conducta que manifieste el disfrute pleno de la vida y ayudar a mejorar las de los demás.
El sentido del humor se puede estimular y desarrollar.
Se estimula si “engrasamos” la habilidad de cambiarnos fácilmente de un estado de ánimo neutro o grave, serio, a uno lúdico, alegre.
Deberíamos lograr vivir habitualmente con un estado de ánimo positivo, porque si una emoción negativa nos invade, imposible lograr un placer cómico, ya que dos emociones contrarias no pueden existir en una persona simultáneamente. Significa que si no se puede producir el placer cómico, no se encontrará ningún resultado lúdico en la resolución de las incongruencias, por lo tanto, no se producirá jamás el proceso cómico.
Eso es la estimulación. El desarrollo del sentido del humor es otra cosa.
Se desarrolla si acumulamos información para facilitar la cantidad de posibles incongruencias. Esa información implica más cultura, obviamente (no necesariamente instrucción, no necesariamente hay que graduarse en las universidades para lograr eso). También se desarrolla aumentando nuestra imaginación, creatividad, sentido común y sentido crítico,
Ejemplo, una persona poco culta (con poca información) puede tener el sentido del humor estimulado y pasarse el día riendo y haciendo reír; sin embargo, puede no tener el sentido del humor desarrollado, porque solo se ríe de limitados temas como sexo, burlas personales y cosas así, pero si le haces un chiste sobre otros temas distintos o chistes algo más “inteligentes”, no los entiende, o no les da gracia, porque carece de la información necesaria para que se produzcan incongruencias. Y puede ocurrir lo inverso, una persona muy culta (con mucha información), puede que no se ría nunca, porque no tiene estimulado su sentido del humor y aunque le hagan chistes donde se podría conseguir fácilmente una incongruencia, no se produce en él el proceso cómico, por no estar con el estado de ánimo positivo y necesario para que sus neuronas “jueguen”.
¿Con qué estilo o enfoque de humor te identificás y porqué?
Yo disfruto todo tipo de humor. La única condición que exijo es que no sea simplista, sin elaboración, ni agresivo, humillante, de mal gusto.
Disfruto el humor costumbrista, pero me gozo más el blanco, el negro, el absurdo y cualquier otro.
Pero te explico mejor lo que realmente me llega: mi humor preferido es el humor “inteligente”. ¿Pero qué sería el humor inteligente? La mejor manera que he encontrado de explicarlo es: el humor que hace sentir inteligente al consumidor, al receptor. ¿Cómo? La fuente hace un chiste, por ejemplo, y el receptor lo entiende y ríe. Pues a medida que se hace más elaborado el chiste (que se hace menos obvio), que hay que pensar más para entenderlo, la risa que se produce en el receptor es más agradecida, ya que ese receptor hizo un esfuerzo en su mente para entenderlo y lo logró. Por lo tanto, se siente más inteligente.
El humor, puede contener más que lo cómico. Lo cómico solo hace reír o sonreír (que es algo importantísimo), pero el humor acompaña esa risa con otras cosas como mensajes irónicos, satíricos, etc., mezclados con temas serios para ampliarle la visión y mejorarle la vida al receptor. Entonces, mientras más profundo es el humor al comunicar tantos otros mensajes, más “trabajo” pasará el receptor para entenderlo. Pero si lo consigue, mayor es el placer que sentirá y mayor la autoperscepción de que es lo suficiente inteligente porque entendió el chiste. Ese fenómeno me encanta.
¿Qué relación establecés entre humor, salud y bienestar psicológico?
Hace miles de años se sabe por intuición que los estados de ánimo influyen fuertemente, para bien o para mal, sobre la salud. Basta una sola cita para avalar la antigüedad de este saber: "Un corazón alegre es una buena medicina, mas un espíritu triste seca los huesos" (Proverbios 17,22).
Ahora bien, los tiempos actuales no son nada sencillos y están llenos de reconocidas oposiciones. Y así como persisten en muchos ámbitos sociales los prejuicios contra la risa y el humor, se ha abierto paso también, por los caminos de la ciencia, las evidencias de que la risa y el humor tienen un sentido esencial para la salud, para la economía vital, para el equilibrio y calidad de la vida.
En las últimas décadas se ha realizado, en torno al humor, la risa y la salud, ese tipo de observaciones y comprobaciones que Occidente denomina objetivas, y por tanto científicas. A este respecto, se han obtenido ya datos concretos que demuestran que la risa y los estados de ánimo provocados por el humor tienen efectos beneficiosos sobre el organismo. Entre ellos, el aumento de la producción de linfocitos, leucocitos y otros factores del sistema inmunológico que ayudan a prevenir y combatir enfermedades; la secreción, al nivel del cerebro, de betaendorfinas, una droga natural que se incorpora a la sangre y actúa como analgésico y euforizante (y por tanto antidepresivo); la estimulación y ampliación de la actividad respiratoria y con ello de la oxigenación del organismo, etc.
En general, la acción beneficiosa de la risa, en el plano fisiológico, afecta diversos sistemas orgánicos -inmunológico, cardiovascular, muscular, endocrino, nervioso y respiratorio-, y hay motivos para suponer que su impacto positivo sobre el organismo humano es total. Razón por la cual las investigaciones y experimentos aumentan por día, así como las aplicaciones del humor como parte de tratamientos médicos y ambientes hospitalarios.
Cuidado, no se trata de que el médico recete tantos miligramos de risa o alegría para curar una enfermedad. No está comprobado que el humor sea una medicina. Pero sí hay evidencias de que las emociones negativas perjudican, dañan, aportan a la gravedad de la enfermedad. Por lo tanto, la mejor vía es atacar la emoción negativa, desplazarla por una positiva y así se evita el avance de la enfermedad. Pero si aún así, si la enfermedad continúa, el humor hace más llevadera la vida con esa carga.
Repito. Nadie pretende que el humor sea la panacea que lo cura todo por sí solo. Lo que se afirma es que el humor, como parte complementaria de un tratamiento, y como estilo de vida, es una ayuda poderosa.
En cuanto al bienestar psicológico, pongo este ejemplo: ¿te has preguntado por qué, en todas las culturas y países, los fotógrafos dicen “sonrían”, antes de captar el instante en su cámara? Obvio que el ser humano desea trascender con una sonrisa en la boca. Parece que intuimos que es importante. Todos actúan diciendo: “Si vamos a guardar un recuerdo, que sea alegre y feliz, ¿no?”. En fin, el humor, la diversión, la alegría son fundamentales e influyentes para el ser humano. Lo han demostrado muchos experimentos científicos en el campo de la neurología.
El humor y la creación artística se ubican en el hemisferio cerebral derecho. En el hemisferio izquierdo, se sitúa el razonamiento lógico y mecánico. Pero recientemente se ha descubierto que en la experiencia del humor interviene la totalidad del cerebro.
El humor carece de propósito biológico, pero sí tiene uno psicológico: el placer y el alivio de tensiones que causa la respuesta física ante algo cómico o humorístico. Eso lo estudió Freud, basándose en las teorías de Herbert Spencer, el filósofo inglés.
El humor tiene otros efectos psicológicos al parecer secundarios, pero importantes: la risa nos ayuda a pensar creativamente. El Dr. William Fry, psicólogo, profesor e investigador estadounidense, asegura que la creatividad y el humor son semejantes, porque se relacionan con la unión de dos elementos sin evidente conexión y con la creación de un vínculo.
El humor también mejora nuestro ánimo mediante la sociabilidad con los demás. Compartir risas y chistes relacionados con un problema común, une, nos da sentido de pertenencia y cohesión social.
El compartir humor y risas crea un vínculo entre las personas; es como decir: “los dos vemos, entendemos y disfrutamos esto”. Cuando le sonreímos a un desconocido, se acepta como una muestra de buena voluntad.
El humor es una actitud, una manera de mirar la vida y abarca todo: lo serio y lo cómico.
El humor invita a la moderación, a la madurez emocional y atenúa el pensamiento obsesivo, la rigidez y los extremismos.
¿Cuáles son, en tu opinión, los principales beneficios y limitaciones del humor en contextos organizacionales?
Los beneficios te los menciono indirectamente en mi respuesta a tu próxima pregunta. Y sobre las limitaciones te señalo en primer lugar los prejuicios. Muchos directivos e incluso trabajadores, están convencidos de que el humor es lo opuesto a la seriedad, a la responsabilidad. Por tal motivo lo rechazan. “¿Qué es eso de reír y bromear en el trabajo? ¡Eso es para su casa, para sus ratos de ocio! ¡Aquí se viene a trabajar, a producir! ¡Esta es una empresa seria, de mucho prestigio!, etc.”
Por eso estoy convencido de que el principal obstáculo a la aplicación del humor en un centro laboral son los directivos y sus prejuicios. Si ellos fueran conscientes de que hasta aumenta la productividad con trabajadores contentos y en ambientes agradables, sin dudas autorizarían enseguida el proyecto.
Y otro punto fundamental para que funcione el humor es la capacitación que se le debe hacer a todo el universo laboral, mejor dicho, a todas las almas que conviven en la empresa, sin importar los estratos. ¿Capacitación? Sí, es necesario educar, preparar a todos, para que se aplique el humor de forma positiva, adecuada y convenientemente, porque si se pasan en la justa medida, deja de ser beneficioso y se convierte en perjudicial. Ahí es cuando más cerca se coloca el humor de sinónimo de irresponsabilidad, falta de respeto, superficialidad, desvalorización de todo lo que toca.
¿Qué criterios o recomendaciones propondrías para la incorporación responsable del humor en el ámbito laboral?
Te respondo esta pregunta con parte de un texto que yo repartía en mis charlas sobre humor y mundo laboral…
Dirigido a diferentes niveles, tales como: 1) Gerencia. 2) Mandos medios. 3) Empleados y vendedores. 4) A todos por igual.
Abordaremos conceptos importantes como: necesidad de desinhibir a las personas, estimular y desarrollar sus habilidades sociales, de convivencia, más su imaginación, creatividad, expresividad y sentido del humor, así como facilitarle una actitud positiva estable.
Estos conceptos y objetivos generales se proyectan de manera visible en toda la vida laboral:
-Calidad de la comunicación interna entre directivos, entre subordinados, y entre directivos y subordinados. Dicha calidad implica: imagen personal, simpatía, respeto, confianza, clima de positividad entre todos. Valores estos que se configuran fácilmente a través del humor.
-Calidad del nivel ejecutivo. Dicha calidad implica los mismos valores respecto a la persona del ejecutivo, pero con un énfasis mayor debido a su jerarquía. Lo cual se pone de relieve en situaciones de conflicto, o cuando tiene que dirigirse a un público y llamar sobre sí toda la atención (reuniones, discursos, conferencias, etc.). El humor es hoy día, cada vez más, una clave de éxito en la proyección del ejecutivo, ya que pone de relieve los valores antes apuntados y contribuye a configurar su carisma como persona seria pero simpática, no “encartonada”, confiable, segura, líder. Y en situaciones difíciles o embarazosas, o demasiado rutinarias, el humor es especialmente eficaz porque logra una distensión y atraer el interés y la buena disposición de la gente. En situaciones incómodas sobre todo, es muy útil para un ejecutivo saber reírse de sí mismo: ello demuestra humildad y confianza en sus propios recursos, y a la vez desarma a sus críticos. Se ofrece al ejecutivo las herramientas necesarias para mejorar su desempeño.
-Cohesión de grupo. El humor como estilo de vida grupal crea lazos emocionales positivos, placer en la vida del grupo y ánimo positivo para el trabajo en común.
-Palanca motivacional. El humor, cuando forma parte de las relaciones habituales de trabajo, es en sí mismo una palanca motivacional, por las razones antes apuntadas. Pero además es un factor de motivación para el cumplimiento de tareas y el intercambio fluido de información, pues crea un clima de confianza que libera de temores e inseguridad. Estas razones, y el propio clima placentero que genera el humor, favorecen la productividad y armonía de los grupos.
-Estabilidad laboral. Obviamente, donde existe una efectiva palanca motivacional, y una buena cohesión de grupo, se favorece la estabilidad laboral. No sólo la cuantía de los ingresos, sino también el clima de trabajo influye, como se sabe, en dicha estabilidad. Y el humor puede dar la tónica decisiva a ese clima de trabajo.
-Solución de conflictos. La vida y la economía modernas imponen un ritmo creciente de cambios, y esto genera siempre conflictos de resistencia, rigidez e inadaptación. El humor, en un marco de cambios necesarios, ayuda a vencer resistencias, a crear buenas disposiciones, a estimular la flexibilidad y la confianza, pues debilita las estructuras emocionales del miedo, la tensión y la irritación. Y en todo tipo de problema o conflicto, es sabido que cuando surge la posibilidad de reírse en el marco de dicho problema o conflicto, se abren las puertas a una solución satisfactoria.
-Negociaciones. Toda negociación es un proceso de comunicación y relación interpersonal (en este caso con factores externos a la Empresa), donde la esfera emocional tiene un gran peso. El humor favorece ese proceso a través del clima de simpatía, confianza y buena voluntad que establece. También aquí hay resistencias y tensiones que vencer. Se ofrece herramientas para desarrollar este estilo de trabajo. Está visto que los que ríen de buena gana en una negociación, son más proclives a hacer concesiones.
-Atención al cliente. En este plano (que implica también un proceso de comunicación, negociación, con factores externos a la Empresa el humor actúa sobre todo como un factor de carisma para “encantar” al cliente y dejarlo en situación emocional positiva (aun cuando el cliente tenga serios motivos de inconformidad).
-Imagen de la Empresa. La imagen externa de la Empresa es en gran parte el reflejo de su clima interno, su cohesión de grupo, sus palancas motivacionales, la imagen personal de sus directivos. El humor, como estilo de vida laboral, puede imprimir a una Empresa un sello especialmente atractivo, de entidad seria, eficiente, y al mismo tiempo “desencartonada”.


Workplace Humor: Interview with Pepe Pelayo
by Andrea Negri
Some time ago, while searching for material on humor for my book, the name Pepe Pelayo and his project Humor Sapiens appeared. What I found captivated me instantly. His clarity in explaining topics that are often difficult to understand fascinated me, and I felt that, finally, someone was putting into words many ideas I had been exploring.
I felt encouraged to contact him simply because I needed to hear more of his perspective. And his generosity in accepting the interview confirmed what I had sensed: behind his work there is not only knowledge, but also enormous warmth.
I share this conversation because it reflects an encounter full of discovery, admiration, and learning.
How did your interest in the study of humor arise, and what factors do you think influenced that journey?
I graduated as a civil engineer in Havana (1979), even though I didn’t like the degree. Shortly afterward, together with two friends, I founded La Seña del Humor, a scenic humor group in Cuba. There I co-wrote scripts, co-directed artistically, performed, and served as general director. Our work laid the foundations for what became known on the island as the New Cuban Humor Movement in the 1980s. Parallel to our stage work, we published a literary and graphic humor magazine, and we gave talks at universities about the type of humor we created and about humor appreciation in general. Personally, I published articles and short stories in Cuban humor magazines; I also wrote a humor book with another member of the group, and I won regional and national literary contests with my stories, articles, and essays.
In 1991, Chile’s National Television hired me as a scriptwriter. In this country I worked in theater, radio, television, film (all related to humor). They made me head of humor for the network. A little over a year later, I resigned and began publishing humor books for children and adults (I have published 81 so far), earning international literary awards.
I internationalized my humor career in the various fields I work in, especially across Hispanic America.
I also began creating graphic humor, winning several awards in different countries, exhibiting my work in Chile, Portugal, and the United States. I have been director of international contests and a jury member at several events of that kind. In 1999, I started studying humor theory more seriously and in greater depth. I give talks about humor and its applications in life (health, business, reading motivation, quality of life, and, obviously, humor theory). I speak and present at international conferences, advise academic theses, have published 12 essay books on humor, and so on.
In 2013, I created the portal humorsapiens.com with my youngest son, a space for analysis and consultation on everything related to humor.
I hope this summary of my résumé has given you an idea of how I arrived at humor and the factors that influenced me.
Another, simpler way to answer would be this: after graduating as an engineer, two friends and I discovered that we shared a similar sense of humor and realized we could create it. And since things went well for us, one thing led to another. It even led me to discover my passion for learning and understanding everything about my profession. But this simple explanation wouldn’t make much sense if I hadn’t first bored you with my longer answer.
How do you define humor, and in your view, how does it differ from a sense of humor?
It’s not easy to summarize, but I’ll try.
I’ll start with the concept: the comic process.
The comic process occurs when we perceive a playful incongruity that produces a sui generis pleasure due to the release of certain hormones in the brain, resulting in an outward expression such as laughter or a smile.
Thus, every comic process happens internally, in each individual’s brain.
How does it occur? The incongruity reaches us through our senses—something we see in everyday life; something we read; something we notice in film, television, etc.; something we hear in daily life or through radio or another medium; or something we imagine or create in our minds. As we said, the incongruity appears, and if we are in a playful state, we may perceive it as amusing or funny, it gives us pleasure, and we laugh or smile.
For example, we look at the sky and see a oddly shaped cloud that resembles a neighbor. It is an incongruity because it is impossible for a cloud to intentionally depict the silhouette of a person, but since we are in a playful state, our neurons “solve the puzzle,” concluding that it is something funny; we feel pleasure and smile.
I insist: it is an individual process; it happens only to that one person.
This is the concept of “the comic.”
With that clarified, we can move on to defining humor.
A person perceives an incongruity through some channel, is in a playful state, and experiences the internal process of understanding the incongruity, the release of hormones, the pleasure it produces, and the external expression of a smile or laughter.
Then the person decides to “play” socially and share the experience, becoming a “source.” Therefore, they send a message to a receiver (one, two, three, or many). That message is shaped by the source’s taste, principles, creativity and talent, culture, communication style, and—obviously—their intention to make the receiver laugh.
The message reaches the receiver, and depending on their own playful state, memory, cognitive capacity, taste, culture, principles, etc., they will receive the message, which may or may not generate an incongruity and trigger the comic process. If their neurons solve the incongruity and the brain responds by releasing hormones, producing pleasure and outward laughter or a smile, then we can affirm that they experienced a comic process and that the message sent by the source achieved its goal. We are, then, in the presence of playful social communication, right?
That social communication of the comic is what we call “humor.”
Humor can manifest in spontaneous daily conversations or in a scripted political speech, or in a literary or cinematic work, etc. But only as long as there is a conscious intention to make a receiver (or many) laugh. Otherwise, it is not a humorous act; it is merely a comic event.
If the source sends a message without the intention of creating humor, but the receiver perceives an incongruity and ends up laughing due to the comic process, there is no humor—because the source wasn’t playing and therefore wasn’t fulfilling the role of player. The receiver experiences a comic process, but there was no intentional social communication.
But humor can go even further, becoming a professional form of play: someone can create or recreate a comic event and communicate it to one or millions through an artistic expression. This is humorous art, which we call “humorism.” And it is where we find the greatest elaboration of humor, both in form and content, like in any art.
Why does this happen? Because art is also a form of play. Artistic expressions that produce aesthetic pleasure are nothing more than evolved games—like humor—that arise in humans as a qualitative leap from physical play to play involving cognitive processes, language, association of ideas, abstract thinking, and so on. This is why we enjoy both physical and intellectual play.
In summary, what is humor for us? “The expression of the comic,” in very few words.
In humor, the comic is internal. It is impossible for something humorous not to be comic, just as the comic is not necessarily humorous. The comic occurs within oneself; it is a quality we individually perceive. Humor is the comic expressed in playful social communication.
From these concepts, we can now examine the sense of humor.
I define the sense of humor as the ability, capacity, faculty to perceive in our brain schemas that produce incongruity, allowing our neurons to solve the “puzzle,” triggering the release of “happiness hormones” and producing comic pleasure and its external manifestation: laughter or a smile.
More briefly: the sense of humor is each person’s ability to perceive information that sets the internal comic process in motion.
Let’s go deeper. According to bio-psycho-social psychology, our personality is our knowledge combined with our emotions, and that mix is reflected in our behavior. So by developing our sense of humor, what we seek is to achieve a behavior that reflects full enjoyment of life and helps improve others’ lives.
The sense of humor can be stimulated and developed.
It is stimulated if we “grease” our ability to shift easily from a neutral or serious mood into a playful, cheerful one.
We should strive to live habitually in a positive emotional state, because if a negative emotion invades us, it becomes impossible to achieve comic pleasure—two opposing emotions cannot coexist in one person simultaneously. And if comic pleasure cannot occur, no playful result will emerge from resolving incongruities, and therefore the comic process will never take place.
That is stimulation. The development of the sense of humor is something else.
It develops by accumulating information that expands the number of possible incongruities. That information implies cultural knowledge, obviously (not necessarily formal instruction; one does not have to graduate from university to achieve this). It also develops by increasing imagination, creativity, common sense, and critical thinking.
For example, a person with little culture (little information) may have a highly stimulated sense of humor and spend the whole day laughing and making others laugh; however, they may not have a developed sense of humor, because they only laugh at a limited set of topics—sex, personal teasing, and so on. But if you tell them a joke on other subjects or one that is somewhat “intelligent,” they don’t understand it or don’t find it funny, because they lack the information needed for incongruities to arise. The opposite can also happen: someone very cultured (with a lot of information) may never laugh because their sense of humor is not stimulated, and even though you tell them jokes where an incongruity could easily be found, the comic process does not occur in them because they are not in the positive emotional state necessary for their neurons to “play.”
What style or approach to humor do you identify with, and why?
I enjoy all types of humor. The only condition I require is that it not be simplistic, unrefined, aggressive, humiliating, or in bad taste.
I enjoy observational or everyday-life humor, but I take even greater pleasure in clean humor, dark humor, absurd humor, and many others.
But let me explain what truly resonates with me: my favorite kind of humor is “intelligent” humor. And what do I mean by “intelligent humor”? The best way I’ve found to explain it is this: humor that makes the audience feel intelligent.
How does that work?
The source tells a joke, for example, and the receiver understands it and laughs. When the joke becomes more elaborate (meaning it’s less obvious and requires more thinking to understand), the laughter it produces in the receiver is more gratifying because the receiver had to make a mental effort to understand it—and succeeded. Therefore, they feel more intelligent.
Humor can contain much more than what is merely comic. The comic only makes you laugh or smile, but humor accompanies that laughter with other layers—ironic messages, satire, etc.—mixed with serious themes to broaden the receiver’s perspective and enrich their life. So the deeper the humor, the more “work” the receiver puts into understanding all those layers. And if they succeed, the pleasure they feel is greater, as is their perception of themselves as smart enough to understand the joke.
That phenomenon delights me.
What relationship do you see between humor, health, and psychological well-being?
Since ancient times, people have intuitively known that emotional states strongly influence health—for better or worse. One quote is enough to show how old this understanding is: “A cheerful heart is good medicine, but a downcast spirit dries up the bones” (Proverbs 17:22).
Today’s world is not simple; it is full of tensions and contradictions. And just as prejudices against laughter and humor persist in many social spaces, scientific research (the most serious kind of inquiry) has also shown that laughter and humor are essential to health, vitality, balance, and quality of life.
In recent decades, studies on humor, laughter, and health have accumulated scientific observations and evidence. Concrete data now shows that laughter and the mood states triggered by humor have beneficial effects on the body. Among them: increased production of lymphocytes, leukocytes, and other immune-related factors that help prevent and fight disease; the release of beta-endorphins in the brain, a natural substance that enters the bloodstream and acts as an analgesic and mood enhancer (and thus an antidepressant); stimulation and expansion of respiratory activity, and with it, improved oxygenation of the body, etc.
Generally speaking, the beneficial physiological effects of laughter impact various organic systems—the immune, cardiovascular, muscular, endocrine, nervous, and respiratory systems—and there is reason to believe its positive impact on the human organism is total. That is why research and experiments continue to increase, along with applications of humor in medical treatments and hospital environments.
Of course, this doesn’t mean doctors can prescribe specific milligrams of laughter or joy to cure a disease. It has not been proven that humor is a medicine. But there is evidence that negative emotions harm us—worsening illnesses or contributing to their severity. Therefore, the best route is to attack the negative emotion, displace it with a positive one, and thus prevent the illness from advancing. And even if the illness persists, humor makes life more bearable under that burden.
To repeat: no one claims that humor is a cure-all. What we affirm is that humor—used as a complementary part of treatment and as a lifestyle—is a powerful aid.
As for psychological well-being, let me give this example: have you ever wondered why, in every culture around the world, photographers say “smile” before taking a picture? Obviously, human beings want to be remembered with a smile. We seem to intuit that it matters. Everyone thinks: “If we’re going to keep a memory, let it be joyful and happy, right?” Ultimately, humor, fun, and joy are essential and influential in human life. Many scientific experiments in the field of neurology have demonstrated this.
Humor and artistic creation are located in the brain’s right hemisphere. Logical and mechanical reasoning are located in the left. But recently, it has been discovered that the experience of humor involves the entire brain.
Humor has no biological purpose, but it does have a psychological one: the pleasure and release of tension produced by the physical response to something comic or humorous. Freud studied this, building on the theories of British philosopher Herbert Spencer.
Humor also has other seemingly secondary psychological effects, but very important ones: laughter helps us think creatively. Dr. William Fry, an American psychologist and researcher, argues that creativity and humor are similar because both involve connecting two elements with no apparent relation and creating a link between them.
Humor also improves our mood through social interaction. Sharing jokes and laughter about a common problem unites people, giving us a sense of belonging and social cohesion.
Sharing humor and laughter creates a bond between people; it’s like saying, “We both see, understand, and enjoy this.” When we smile at a stranger, it is accepted as a gesture of goodwill.
Humor is an attitude—a way of looking at life—and it encompasses everything: the serious and the comic.
Humor invites moderation, emotional maturity, and softens obsessive thinking, rigidity, and extremism.
In your opinion, what are the main benefits and limitations of humor in organizational contexts?
I mention the benefits indirectly in my answer to your next question.
Regarding limitations, the first one is prejudice. Many managers—and even employees—are convinced that humor is the opposite of seriousness and responsibility. Because of this, they reject it.
“What is this about laughing and joking at work? That’s for home, for your free time! Here we come to work, to produce! This is a serious, prestigious company!” and so on.
This is why I am convinced that the main obstacle to applying humor in the workplace is management and their prejudices. If they understood that productivity actually increases when employees are happy and work in a pleasant environment, they would authorize such initiatives immediately.
Another fundamental point for humor to work is training. Everyone in the organization—all the souls who coexist there—must be trained, regardless of their position. Training? Yes, it is necessary to educate and prepare people so that humor is applied positively, appropriately, and in proper measure, because if it exceeds the right balance, it ceases to be beneficial and becomes harmful. That is when humor becomes associated with irresponsibility, disrespect, superficiality, and trivializing everything it touches.
What criteria or recommendations would you propose for the responsible incorporation of humor in the workplace?
I’ll answer this using part of a text I used to hand out in my talks on humor in the workplace…
Addressed to different organizational levels:
- Management
- Middle management
- Employees and sales staff
- Everyone equally
We address important concepts such as: the need to help people loosen up; stimulate and develop their social and coexistence skills, as well as their imagination, creativity, expressiveness, and sense of humor; and help them maintain a stable positive attitude.
These concepts and general goals are visibly reflected throughout work life:
- Quality of internal communication among managers, among subordinates, and between managers and subordinates. This quality involves personal image, friendliness, respect, trust, and an overall positive climate. These values are easily strengthened through humor.
- Quality of executive performance. It involves the same values, but with greater emphasis due to the executive’s role. This becomes especially evident in conflict situations, or when addressing an audience that requires full attention (meetings, speeches, presentations, etc.). Humor today is increasingly recognized as a key factor in executive effectiveness, as it highlights the values mentioned above and helps shape a charismatic figure—serious but friendly, not stiff, trustworthy, confident, a leader. In difficult or awkward situations, humor is especially useful: knowing how to laugh at oneself shows humility and confidence, and it disarms critics. Executives receive the tools needed to improve their performance.
- Group cohesion. Humor as a group lifestyle creates positive emotional bonds, pleasure in group life, and a positive spirit for collaborative work.
- Motivational leverage. When humor becomes part of everyday workplace relations, it becomes a motivational lever in itself, for the reasons mentioned earlier. It also motivates task completion and fluid information exchange by creating a climate of trust free of fear and insecurity. These reasons—and the pleasant climate humor generates—boost productivity and group harmony.
- Workplace stability. Where there is motivation and cohesion, workplace stability increases. Stability depends not only on income but also on the work environment. Humor can play a decisive role in shaping that environment.
- Conflict resolution. Modern life and the economy demand constant change, which inevitably generates resistance, rigidity, and difficulties adapting. Humor, in a context of necessary change, helps overcome resistance, create good dispositions, stimulate flexibility, and build trust, as it weakens fear, tension, and irritation. In any conflict, when humor emerges, the path to a satisfying solution opens.
- Negotiation. Every negotiation is an interpersonal communication process. Humor supports this process by creating an atmosphere of friendliness, trust, and goodwill. It helps overcome resistance and tension. People who laugh easily in a negotiation are more likely to make concessions.
- Customer service. Humor—also a communication and negotiation process with external actors—acts as a charisma factor, “enchanting” the customer and leaving them in a positive emotional state, even if they have legitimate complaints.
- Corporate image. A company’s external image largely reflects its internal climate, group cohesion, motivational forces, and leadership style. Humor, as a workplace lifestyle, can give a company a particularly appealing identity: serious, efficient, and at the same time warm and unpretentious.
(This text has been translated into English by ChatGPT)
