Estudio de la risa conversacional

Robert Provine, profesor de psicología y ayudante de dirección del programa de neurociencia de la Universidad de Maryland, E.U., buscó adoptar una «táctica naturalista y descriptiva» para revelar los disparadores subconscientes y las raíces instintivas de la risa. Inicialmente observó a sujetos en su laboratorio, pero encontró que la risa era demasiado frágil, ilusoria y variable bajo escrutinio directo. Por ello, decidió observar la aparición de risa natural y espontánea en la vida diaria. Empezó a escuchar y grabar a escondidas la risa conversacional (aquella que sigue típicamente al discurso de la conversación un segundo después), documentando 1200 episodios, y estudió más tarde los patrones de quiénes reían y cuándo, para analizar sus cualidades.

Su conclusión fue que para que se produzca risa es necesaria más de una persona, siendo el elemento mínimo una díada, un hablante y un oyente (excepto en el caso de un espectador que ríe a carcajadas viendo la televisión, por ejemplo). Sorprendentemente, Provine encontró que los hablantes ríen más que sus oyentes. La risa tendía a seguir un ritmo conversacional natural, salpicando el discurso tras declaraciones completas, y especialmente tras cambios de volumen o entonación. Lo más interesante fue que menos de la cuarta parte de los comentarios previos eran realmente humorísticos. Provine sugiere que la risa sincroniza los cerebros del hablante y el oyente, de tal modo que sirve como una señal para las zonas receptivas del lenguaje, tal vez conmutando la activación entre estructuras cerebrales competitivas de la cognición y la emoción.

Las observaciones de estudiantes de interpretación riendo en el momento justo le llevaron a concluir que la risa está bajo un relativamente débil control consciente, y que la risa de aspecto más natural está provocada por mecanismos subconscientes, lo cual explica por qué la actuación de método puede llevar a la reproducción de emociones con mayor efectividad.