Técnicas y recomendaciones para crear chistes

Por Pepe Pelayo (Creador de humor y estudioso de la teoría y la aplicación del mismo)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Si usted tiene la intención de convertirse en un “inventor” de chistes (para ser contados de forma oral o escrita, aunque puede extenderse a las otras ramas artísticas), ya sea aficionado o profesional, el primer consejo que le doy es básico, fundamental: ¡consuma muchos chistes! Es decir, lea lo más que pueda libros de chistes, o pase horas y horas en Internet buscándolos y disfrutándolos. Mire o escuche hasta el cansancio a los chistosos profesionales en discos, radio y televisión, y también en videos en Internet, como dije.

Escoja los chistes que más le hacen reír y analícelos. Estudie por qué y cómo funcionan.

También observe todo a su alrededor. Deje abierto ese “botón” o “perillita” que hace que uno perciba enseguida, dónde surge el humor en la vida cotidiana. No es fácil, pero se practica y uno logra convertirse en experto o casi, si le pone empeño.

En la fila del banco uno de los clientes puede decir algo por su celular; en la espera de la consulta médica una señora puede decirle un disparate anatómico a su vecina; el taxista que lo lleva puede hacer un gesto o una mueca muy divertida; en el restaurante le sucedió algo cómico a usted u a otro; etcétera, etcétera. Siempre ocurren cosas así, lo importante es estar al tanto para grabarlas y recrearlas al hacer un chiste.

Ojo, me refiero a chistes de situaciones, de breves historias, porque un chiste pueden ser también un silencio, un dibujo, un movimiento, una desafinación, un tropiezo al caminar, una expresión del rostro, una exageración, etcétera, etcétera. Sólo debe cumplir con las condiciones indispensables para un chiste: ser breve, que tenga unicidad y que esté creado con la intención de hacer reír o sonreír.

¿Le preocupa que no se le ocurra sobre qué tema hacer el chiste? Le propongo que siga estos consejos: el mejor personaje que puede tener un chiste es usted mismo. Si inventa uno donde usted es el protagonista, tiene un buen % de la risa de su público asegurada. Claro, no se burle tanto tampoco, porque provocaría lástima.

También es efectivo que en su chiste tenga la culpa o algo que ver su pareja. Ojalá donde usted salga de víctima claro, pero al revés también funciona. Otro consejo: si es sobre “X” persona, ojalá sea alguien conocido suyo y del público. Es bueno que sea de un personaje famoso, por supuesto, pero la risa que da un personaje que todos conocen del mismo centro laboral, del barrio, etcétera, es mucha. Sobre todo si se menciona por su nombre. Se provoca una complicidad. Obviamente, que la "gracia" nos ea ofensiva.

Más consejos: también es eficaz que construya el chiste sobre grupos conocidos: abogados, niños, argentinos, tontos, islamistas, u otros, porque todos saben las características de ellos y así abrevia el chiste también.

Una recomendación: utilice absurdos, eso siempre funciona. También tonterías, no le de vergüenza usarlas, porque provocan mucha risa aunque usted no lo crea.

Otra forma de crear chistes es a través de la fórmula: “que pasaría si…” Ejemplo, tome una idea cualquiera y comience a ver todas las aristas posibles de que sucedan cosas risibles con eso de “y si pasa esto, si ocurre lo otro, si el personaje pensara o actuara así o asao”.

Una forma de crearlos también es anotando una idea, por ejemplo: “cocinero”. Ya tiene el quién, pero piense ahora cómo es él. Hay que buscarle un conflicto, entonces si huele mucho no tendrá nariz, si usa mucho las manos será manco o usa guantes de boxeo, o cosas así. Después, piense y escriba el dónde, el cuándo, el qué y el por qué, y a cada pregunta invente algo relacionado con el oficio de cocinero, lo que está cocinando, para quién cocina, qué y cómo cocina y ahí va mezclando las ideas hasta que de con algo que le provoque risa. Recuerde que el remate (el famoso “punch” inglés), tiene que ser lo que más risa produzca. No puede ser que algo de más risa al inicio o al medio del chiste.

Esto que acabo de señalar es una forma de crear. No es la mía. Yo soy más de ver o escuchar una palabra o una frase, observar un gesto o acción y que me “venga” el chiste o mejor dicho, el material en bruto y ahí sentarme a analizarlo y armarlo.

Como yo hago mucho humor infantil, me encantan los de forma fija: “¿Qué le dijo?”, “¿En qué se parece?”, ¿Cómo se llama la obra?”, “Ayer pasé por tu casa”, “¿Cuál es el colmo?”, “Era tan, pero tan…”, “¿Cómo se dice?”, “¿No es lo mismo?” y muchos otras formas más.

¿Por qué funcionan tanto este tipo de chiste? Porque la mente del receptor se adapta a lo mismo y además de facilitar la comprensión, ahorra tiempo en la introducción del chiste.

Por supuesto, me encantan los juegos de palabras: retruécanos, calambur, oximorón, etcétera.

Pero veamos algunos “truquitos” (técnicas) para crear chistes:

* Exageraciones.- Simplemente es tomar una acción, gesto, situación o lo que sea y llevarlo a la máxima expresión, a algo increíble. Por ejemplo, si desea transmitir que su personaje es alto, no puede pensar en que tenía dos metros, porque eso es posible en la vida real. Tiene que pensar en que su cabeza estaba a la altura de los aviones, y ahí inventar la situación, como saludar guiñándole un ojo a los pasajeros del avión, o trabajar como controlador de tránsito, qué sé yo. O pensar en que se toma un yogur y cuando le cae al estómago le llega vencido (ya existe ese chiste). Estas son las “exageraciones” que dan gracia. Aunque puede que no sean tan infantiles y uno haga el chiste exagerado más “intelectualmente”. Por ejemplo, el personaje dijo: ¿cómo está la temperatura por allá abajo?. (También existe).

* Minimizando.- Es lo contrario a la exageración; es decir, llevar la acción, el gesto, la situación, etcétera, a la mínima expresión, y también a algo increíble. Por ejemplo:

En un partido de fútbol, el árbitro le enseña la tarjeta roja a Suárez y éste le grita defendiéndose, casi sin entenderse por tener la oreja del otro jugador aún en la boca: “¡Pero si yo no le tocado!”

* Condensación.- Esta clasificación la usó Sigmund Freud por primera vez en su libro El chiste y su relación con el subconsciente. Se trata de unir, amalgamar, sílabas o palabras. Es un tipo de juego de palabras. Ejemplo:

Una vez visité una escuela donde se enseñaba muy mal, donde sólo había una maestra buena entre todas. Pues a ese Centro Educacional lo bauticé como: “Centro Eduocasional”.

Ese es un chiste por condensación, según Freud, ya que se fusionaron las palabras “educacional” y “ocasional”. Un simple juego de palabras para mí.

* Desplazamiento.- Otra clasificación de Freud. Para mí que casi todos los chistes cumplen con este encasillado. No es más que tratar de llamar la atención de la mente del receptor hacia una idea, hacia un concepto que ese receptor tenga en su memoria, en su conocimiento y de repente lo sorprende usted con algo que no esperaba. En otras palabras, es desplazar la atención del receptor para que no pueda adivinar el final. Insisto, es la base de casi todos los chistes de situación o de breve historia (digo casi para no ser absolutista). Por ejemplo:

 

-¿Para dónde ibas cuándo te caíste del caballo?

-Para el suelo.

 

Uno pensaba que respondería un lugar real y concreto del camino y sorprende la “lógica” respuesta.

 *Regla de tres.-  Una buena manera de llevarle la mente hacia un lado apartado al receptor es contar, mencionar, sumar, acumular, dos cosas lógicas, normales y sorprender con una tercera totalmente diferente, ya que el receptor espera que esa tercera sea de igual índole a las dos primeras. Por ejemplo:

 

-¿De donde vienes así?

-Estuve enterrando a mi suegra”.

-Pero por qué estás tan sucio y sudado,

-Porque había mucho sol, porque la tierra estaba muy compacta y porque la vieja no quería de ninguna manera.

 

Chiste viejo, pero bueno, ¿no? He probado con decir una y sorprender y he probado con decir tres y sorprender. Funcionan más o menos. Pero la mejor sin dudas es la “regla de tres”, decir dos y sorprender con la tercera. No falla.

* Polisemia.- Es cuando una palabra tiene varios significados. También cabe como chiste por “desplazamiento” y también como juego de palabras. La menciono porque la uso mucho en los chistes infantiles. Por ejemplo:

 

-¿Cuál es el colmo de un carpintero?

-Tener una hija cómoda.

 

Obviamente, la palabra “cómoda” es ese mueble que puede hacer un carpintero, pero también es esa chica acomodada (que también puede hacer un carpintero, ¿no es cierto?).

* Doble sentido.- Es otra manera de hacer chistes por “desplazamiento”. Y de nuevo también puede ser un juego de palabras. Esta vez se juega con frases, con significados, con ideas incluso. Casi todos los chistes que se conocen son de doble sentido. Claro, popularmente se acuñó que el doble sentido es solamente cuando el chiste es relacionado con el sexo, pero sabemos que eso no es así, o mejor dicho sí lo es, pero el tema sexual es un subconjunto. Ejemplo: 

 

-Esto no me gusta nada -dijo el médico reconociendo a la paciente.

-A mí hace años que tampoco -le contestó el marido.

 

No se trata de que el marido diga eso por los síntomas de la enfermedad de su mujer (sentido directo se supone), se trata de que con esa frase está diciendo que lleva años soportando el matrimonio, porque no le gusta su mujer (ese es el sentido omitido que uno capta. El segundo, o doble sentido de la frase). También es conocido este chiste, ¿verdad? Pues usaré uno mío de ejemplo para no ser menos:

 

-¿Por qué llegas así tan desaliñada? ¡No me digas que ese hombre te puso una mano encima!”.

-No, me la puso abajo.

 

La persona se refería que al verla así podría ser que el hombre la hubiera golpeado, por ello usó la retórica al decir “te puso la mano encima” y ella parafrasea la frase, pero sabemos que lo que significa es que el hombre intimó con ella y a gusto incluso.

* Polisemia contextual.- Yo siempre lo he conocido como “Al pie de la letra”. Es una forma fácil de entender y fácil para crear chistes. Por ejemplo:

 

El Capitán dice: “¡Suban las velas!” y de los camarotes comienzan a subir a cubierta los marineros con las velas encendidas en sus manos.

 

Subir las velas se concretó realmente. O este otro ejemplo:

 

-Disculpa, ¿me puedes prestar cien pesos?”

-Está disculpado.

 

Aquí la persona responde evitando el tema del préstamo, sólo siguiendo literalmente el sentido del inicio de la pregunta que es una manera socialmente agradable de relacionarse. Sin dudas, otra variante de "por desplazamiento" también.

* Paronomasia.- Es cuando dos palabras se parecen en su sonido. Por ejemplo:

 

-¡Te veo más gorda!.

-Así es, estoy cada día más sorda!.

 

La gracia está en decir “sorda” por “gorda” (adrede o no). Este es un chiste viejo, así que voy a poner ahora también un ejemplo con uno mío:

 

Ella se desvistió muy fogosa.

-¿Me vas a apagar?” -le dijo a él.

-Sí, te voy a pagar. Pero al final -le respondió el hombre.

 

La gracia en este caso está en la pronunciación de “pagar” por “apagar”, para que el público escuche una por otra.

* Repetición.- Como bien dice Freud, esta “técnica” funciona muy bien. La he usado en teatro y en literatura. Repetir una palabra cada cierto tiempo, un gesto, un movimiento, una expresión del rostro, todo eso produce risa. Los receptores al principio no lo esperan, se sorprenden, pero después ya les da gracia “por saber que viene”. Ahí es cuando se debe jugar con ellos y tratar de sorprenderlos no haciéndolo o haciéndolo con mayor frecuencia, u otra variante.

* El mundo al revés.- Este mecanismo para crear chistes también fue mencionado por Freud y me ha dado muy buenos resultados. Por ejemplo, un niño cuidando a adultos para que otros niños puedan jugar. Y los castiga, los regaña, les da cosas para que se entretengan, etcétera. Pero también puede ser un hombre que aprende a buscar un palito y traerlo de vuelta, mover el trasero cuando está contento y otras características del perro como mascota y mil ejemplos más.

Bueno, pueden existir muchas maneras más de crear chistes, pero estas son las que utilizo con mayor frecuencia, si no me falla la memoria.

Le aconsejo lo siguiente: cree usted dos o tres chistes diarios y muéstreselos a su familia, a sus amigos, o súbalos a las redes sociales y ahí comprobará si les gustó o no a la gente. No sólo para desecharlos, sino para ir modificándolos.

Según Freud también, los chistes se dividen en inocentes y tendenciosos. Los inocentes son los blancos, los infantiles. Yo m inclino a calificar de “chistes blancos” a los que tienen la intención de hacer reír o sonreír solamente. Y él dice que los tendenciosos son los que tienen como temática, la burla, la agresividad, o lo sexual o erótico. Yo prefiero (con el mayor respeto, obvio), calificar como tendenciosos, a todos los chistes que tengan otra intención, además de la de hacer reír o sonreír. Es decir, a todos los que nos hacen pensar y que ese pensamiento pueda producirnos un sentimiento incluso hasta distinto que el placer por comicidad. Pero que se tiene que llegar a él a través del humor.

A mí me encanta, como he dicho, crear chistes infantiles, inocentes; pero  también siento placer crearlos para adultos, con el objetivo de hacerlos reír sencillamente, o hacerlos pensar más allá de la risa.

Entonces si evalúo lo que hago, me considero un creador de chistes blancos. Es que no soy bueno inventando los tendenciosos de otro tipo, como políticos, escatológicos, groseros, sexuales o de temas contingentes. Claro, de vez en cuando los hago, pero la mayor satisfacción la siento creando esos chistes blancos.

Y usted, cuál prefiere ahora que será un creador(a) de chistes?