¿Qué es un comediante? ¿Es lo mismo que ser humorista?

Por Pepe Pelayo (comediante, escritor y estudioso de la teoría y la aplicación del humor, cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

La pregunta: "¿qué es un comediante?" es más fácil de responder que la otra. Por eso debemos comenzar esta reflexión por lo más básico, lo más elemental, e ir aumentando la complejidad del análisis. Y también es el momento de aclarar que todo ese análisis que desarrollaré a partir de este instante, no tiene la intención de sentar cátedra. Se trata solo del fruto de mi visión personal, por lo que puede provocar diferencias con otros estudiosos o interesados, debido a la subjetividad de todo lo relacionado con el arte y en especial con el humor. Dicho esto, pasemos a la reflexión.

Por ejemplo, imaginémonos a una persona X que es simpática, graciosa, chistosa, con vis cómica; es decir, que tiene talento para hacer reír durante la sobremesa, o en las reuniones o fiestas, u otros eventos sociales. Si esa persona hubiera vivido hace siglos quizás fuera un bufón, que no era más que un personaje gracioso, bromista, encargado de divertir a reyes y cortesanos con chocarrerías y gestos. ¿Qué tienen en común? Que ambos hacen reír a su público de manera sola ante ellos. Sin embargo, el bufón era un profesional; es decir, vivía de provocar risas y la persona X no.

Pero a esta persona X se le ocurre hacerse aficionado o profesional en el arte escénico, y decide presentarse él solito, ya sea en teatro, circo, cabaré o en un medio audiovisual, por ejemplo. Esto, ¿en qué lo convierte? Lógicamente, primero se clasificaría como artista del escenario, obvio. Pero eso es demasiado general.

Sin embargo, para poder pararse él solo sobre un escenario y ante un público en vivo o no, esa graciosa persona X tiene que aprender el lenguaje del arte que utilizará, ¿no es cierto? Tiene que dominar o poco o mucho el lenguaje del arte de la actuación, como mínimo, pero también el lenguaje del arte del teatro si hace teatro, del circo si hace circo, de la televisión si hace tele, etc., etc.

Después de aprender todo eso y dominar también el arte específico del humor que desea interpretar, se para solito en escena y trata de hacer reír.

Esa persona X, ¿qué es entonces, insisto? Veamos.

Según la definición de la Real Academia Española, si actúa haciendo reír, especialmente en un teatro, es un comediante. (Ojo, por comodidad, a partir de aquí cada vez que escriba la palabra "comediante", me estoy refiriendo también al femenino "comedianta".)

Un poco vaga la definición, como casi siempre la redacta la Academia. Pero sigamos en su cuerda: “comediante” viene de cómico, cuyo significado es “que divierte y hace reír; o perteneciente o es relativo a la comedia; o también es dicho de un actor que representa papeles cómicos; o comediante”. Sí, se usa como sinónimo también. Y cómico viene de comedia, que es: “pieza teatral en cuya acción suelen predominar los aspectos placenteros, festivos o humorísticos, con desenlace casi siempre feliz; o también es: género cómico”.

Conclusión: comediante es alguien que puede actuar solo -o no-, en escena con el objetivo de hacer reír y no hemos llegado a nada más concreto.

Solo podemos asegurar que a partir de ahora, todos los que aquí mencionaremos, ya sabemos que son comediantes.

Pero el concepto, el significado de comediante, le sirve a muchas manifestaciones artísticas que realiza una sola persona en escena (con intención de hacer reír, claro).

Como por ejemplo, el prefijo “mono” quiere decir “único”, “uno solo”, y “logo” significa “persona versada” o “especialista”, por lo tanto, nos viene bien analizar a la persona versada en hacer algo en escena él solo, lo que vendría a ser un monólogo.

Según la RAE, monologuista es el que actúa un solo personaje en una obra dramática. Muy bien, pero añado yo: si es comedia; es decir, que se propone hacer reír, es un “monologuista cómico”. (No señalo aquí el soliloquio, porque es una reflexión interior de un personaje, fingiendo que habla para sí y solo en escena, pero es dentro de una obra, no es la modalidad de la persona sola en escena todo el tiempo).

Pero ya tenemos algo. Si aquella persona X del inicio se para solito en escena, además de calificarlo como comediante, podemos decir que es un monologuista cómico.

Claro,  eso sería si hace un personaje en una obra (en una representación que empieza, se desarrolla y se cierra con un solo personaje en escena). Entonces puede representar un personaje de la vida real, ficticio, realista, caricaturesco, etcétera. Incluso se puede representar él mismo y contar-actuar su obra.

¿Con esto terminamos? Claro que no. Conocemos a artistas que se paran solos en un escenario y nos cuentan un cuento, desde la posición de un narrador. Son los cuentacuentos, que si tienen intención de hacernos reír se convierten en comediantes también, ¿por qué no? Es que para hacernos reír, como dijimos, tienen que dominar el arte de hacer humor y el lenguaje de la actuación y el lenguaje teatral, ¿no es cierto? Pero no son monologuistas cómicos, porque no interpretan un personaje, sino que narran cuentos que tienen distintos personajes. Hay una buena diferencia, sin dudas.

Así que tenemos ya entre nuestros comediantes, al monologuista cómico y al cuentacuentos cómico. Pero hay más, obvio.

Están los que se suben en un escenario, ellos solitos, y nos cuentan su repertorio de chistes. Pero no nos cuentan cuentos, aunque los chistes son mini historias muchas veces. Por esa diferencia, a esas personas no podemos clasificarlos como cuentacuentos, insisto, porque ellos no narran un cuento con personajes, descripciones, etcétera. El chiste, en lo formal, es una unidad indivisible con una mínima economía de recursos; es decir, algo muy breve con unicidad y con la intención de hacernos reír. Así que esta persona no es un monologuista, ni un cuentacuentos, y practica una modalidad que tiene reglas propias.

Entonces llegamos a un comediante que denominamos cuentachistes.

Pero existe otra modalidad escénica que se puede desarrollar en un circo o en un teatro o music hall, cabaré o revista de variedades. Me refiero a un payaso, cuya definición es: artista generalmente caracterizado de modo extravagante, que hace reír con su aspecto, actos, dichos y gestos. Casi siempre se presentan en circos o en modalidades teatrales, pero los hemos visto incluso haciendo un espectáculo unipersonal. ¿En qué se diferencian estos comediantes de los otros que hemos visto hasta aquí? Que aparecen caracterizados y que hacen un tipo de humor más físico, inocente, blanco, infantil.

Existe un anglicismo para traducir "payaso" y es "clown". A mí, un enamorado del idioma español, no me gusta usarlo. Pero no se puede negar que muchos lo utilizan, por lo que es imposible obviarlo. ¿El clown es un payaso entonces? No está muy claro el asunto, porque sus defensores afirman que clown es más que un payaso, ya que va más allá del "simple hecho de hacer reír". Así que por tal motivo, tampoco puede aparecer en esta lista de comediantes, y de esa manera los complazco, debido a que no desean que los confundan con payasos (¡palabra peyorativa para tantos!), ni que los confundan con artistas que solo quieren hacer reír (¡qué ignominia!). Sin embargo, me he encontrado con otros que no les molesta ser payasos y cómicos. Por lo anterior, es decir, por estos últimos artistas que piensan así y porque yo también coincido con el criterio de que payaso es sinónimo de clown (y si hay diferencias es en el tipo de humor que pudieran hacer. En otras palabras, podría admitir que el clown es un payaso que hace un humor menos "físico" e infantil quizás), cambio entonces mi decisión e incorporo el término clown a nuestra lista. 

Hagamos un recuento entonces de lo que se puede convertir la persona X si desea dedicarse profesionalmente a hacer reír, él y solo él, en escena: hemos mencionado a comediantes que pueden ser monologuistas cómicos, cuentacuentos cómicos, cuentachistes y payasos o clown.

Pero esto no se detiene.

Muchos artistas se paran en escena solitos con el objetivo de hacer reír y no practican nada de las modalidades vistas hasta ahora. ¿Y qué hacen? Pues se lanzan a dominar además del lenguaje humorístico, actoral y escénico, otra rama artística. Y se convierten en magos cómicos (porque hacen magia), o mimos cómicos (porque hacen pantomima), o fonomímicos cómicos (porque hacen pantomima imitando cantantes), o agarran una guitarra, por ejemplo y se convierten en lo que desde la Antiguedad se conoce como juglar (se les dice trovador también, porque cantan acompañados de un instrumento, casi siempre de cuerdas). O tocan otro instrumento tradicional como piano, violín, etc.. O aprenden uno o varios instrumentos, ojalá poco convencionales y se hacen excéntricos musicales (porque interpretan música -y/o cantan-, de manera extravagante o peculiar, o distinta). Reitero, practican otra modalidad artística para representar en escena ellos solos y lo hacen con intención de hacer reír. Son distintos tipos de comediantes también, ya que de alguna forma actúan y usan los lenguajes escénicos. Solo para distinguirlos de los demás, en este texto los llamaré cómicos especiales.

¿Ahora sí terminamos el listado? No. Nos falta una modalidad muy de moda: el stand up comedy. No me cae bien el nombrecito porque es un anglicismo y debería tener un nombre en español, nuestro bello idioma. ¿Cómo traducirlo? Algunos le dicen “comediante en pie”, pero es algo raro, porque los otros comediantes aquí señalados no se presentan acostados, lo hacen de pie también (la mayoría de las veces). Otros lo traducen como “comediantes en vivo”. También extraño, porque los otros comediantes no están muertos y se presentan en teatros y demás escenarios con público “en vivo” también. Muchos les dicen “standuperos”. Veo una intención de castellanizar el término pero suena horrible. En fin, prefiero -bajo protesta- seguir llamándolos como artistas que hacen stand up comedy.

¿En qué consiste esta modalidad? Así dice su definición: “es un estilo donde el comediante se dirige directamente a una audiencia en vivo. A diferencia del teatro tradicional, en esta modalidad el comediante interactúa con el público, estableciendo diálogos con algunos de sus espectadores”.

Y llegamos al fin a tener la lista completa de comediantes solitarios en escena:

*Monologuistas cómicos.

*Cuentacuentos cómicos.

*Cuentachistes

*Payasos o clown.

*Cómicos especiales.

*Los que practican el stand up comedy.

Ahora la pregunta sería: si esa persona X decide convertirse en artista, en comediante para presentarse solo en escena, ¿cuál de estas modalidades escogería como la mejor de ellas? En otras palabras, ¿cuál de esta variantes artísticas es mejor y cuál peor? ¿Hay diferencias de calidad entre ellas? Veamos.

En todas, repito hasta el cansancio, el artista solitario tiene que dominar el lenguaje humorístico, el lenguaje actoral y el lenguaje escénico, de alguna manera y en algún grado o medida, ¿no es cierto?.

¿Podríamos afirmar que el payaso siempre hace un humor más burdo, simplón, elemental, más grueso (físico)? No estoy convencido de ello. Si observamos los payasos del Circo del Sol, vemos que han montado rutinas muy elaboradas artísticamente, e incluso más “intelectuales”, más conceptuales. Así que depende de los objetivos del artista. El payaso de un circo “normal”, que sabe que su público estará compuesto por niños del barrio de turno, solo le interesa montar sus gags de tropezarse, golpearse, etcétera., los cuales sabe que serán un éxito entre los pequeñines. Por otro lado, los que tienen más ambiciones de realización personal buscarán rutinas más complejas y nos encontraremos a payasos que deciden solo trabajar en teatros y otros escenarios fuera del circo y presentar sus números para adultos con mayor riqueza escénica y de contenido. En fin, que de ninguna manera debemos subvalorar esa modalidad.

También se podría afirmar que los cuentachistes solo tienen que conseguir un buen repertorio de chistes y apoyándose en su gracia personal solo tienen que contarlos. Sin embargo, no es fácil. Hacerse de un buen, original y exclusivo repertorio es difícil, sobre todo ahora con Internet donde ahí se encuentran casi todos los chistes del mundo. También hay que tener talento para hilvanarlos con coherencia, mientras más ingenio demuestre en eso, mejor el resultado de su presentación. El cuentachistes tiene que saber a qué público va dirigido su chiste. Y por supuesto, tiene que saber la mejor manera de contarlos, donde colocar una expresión, dónde hacer un silencio, dónde poner una vocecita, una mirada, un gesto, donde alzar la voz o susurrar, etc. y todo de manera rápida, precisa e impactante, por la brevedad de lo que cuenta. En fin, que el cuentachistes puede ir de un pésimo graciosillo a un excelente comediante.

Lo mismo sucede con el monologuista y los demás. Es más, he escuchado fuertes críticas a los que practican el stand up comedy, argumentando que apenas actúan (no hacen personajes la mayoría de las veces), que se apoyan solo en sus textos, que muchos ni tienen vis cómica y se atreven a pararse delante del micrófono  a decir verdades o críticas directas que el público quiere oír y nada más. Yo he visto bastante de esos colegas y puedo asegurar que, como en todo las demás modalidades, la calidad no depende de las modalidades mismas, sino del criterio y buen gusto del artista. Obvio que hay comediantes malos, regulares y buenos. Pero no creo que una modalidad sea mejor que otra. Y dependerá del gusto y formación de cada espectador también. Pero el abanico es grande y abarcador para todos los gustos e intereses.

En mi criterio, el stand up comedy tiene un doble filo a tener en cuenta. Por una parte, comparado con las demás modalidades, se requiere mucho menos actuación, poquísimo dominio del arte teatral. Se apoya demasiado en el guión, en el contanido de lo que se desea comunicar. Y todo eso atrae mucho a los mediocres que ven una oportunidad de convertirse en artista con poco talento. Buscan temas que saben que el público aplaudirá, porque son verdades y las pueden decir sin elaboración, sin creatividad y serán bien recibidos. A eso se le agrega un racimo de groserías, malas palabras y vulgaridades, asegurando la risa además del aplauso. Y por último, esos mediocres aprovechan y "cuelan" en su rutina un buen párrafo "en serio", sobre un tema importante (política, sexología, feminismo, corrupción, etc.) y se cree que con eso gana en prestigio. Para mí lo único que consigue es una peor evaluación, porque si desea dar moralejas, enseñanzas o discursos políticamente correctos, que lo haga, pero que incursione en otro arte y no en el humor, como se nos vende. El stand up comedy le da esa posibilidad, como nunca antes en otra modalidad dentro del arte de hacer humor.

Pero por otro lado, esta modalidad da también la oportunidad al talentoso, que estudia su presentación, estudia y practica las pausas debidas, la entonacion precisa, el gesto adecuado, la inflexión, el movimiento, la expresión y hasta el vestuario, la luz, el efecto de audio, etc. (domina entonces el lenguaje actoral y teatral) y con ingenio y elaboración artística dice esa verdad que el público siempre aplaude, pero con creatividad e imaginación para que también ese público admire la propuesta y los haga pensar. Y no tiene que decir una palabrota o grosería por gusto, sino solo cuando es necesaria. En fin, ese talentoso artista tiene una mayor oportunidad de expresarse, de llegar a un público, que en otras modalidades de peor acceso y por esa razón también es valido el stand up comedy. Somos nosotros los consumidores los que tenemos que saber distinguir entre el abundante mediocre y el verdadero creador.

Y voy finalizando esta reflexión: si todos en esta lista son comediantes como vimos, al tener la intención de hacer reír, ¿no hacen humor? Por supuesto que sí, todos hacen humor. Y el arte de hacer humor se llama humorismo.

¿Pero por qué afirmo que hacen humor? ¿Y qué es en realidad el humorismo?

A ver. Una persona percibe una realidad distinta a la información que tiene guardada en su cerebro como esa realidad. Es una incongruencia que le llega por alguna vía (la ve, se la dicen, se la imagina o la crea) en un contexto pseudosocial. En otra zona de su cerebro encuentra una relación, un vínculo, entre ambas realidades. El cerebro "premia" el haber resuelto ese acertijo, ese “jueguito” y ordena segregar cierto tipo y concentración de hormonas. Llega el placer cómico y la manifestación externa de todo es la risa o la sonrisa. En fin, esa persona vivió internamente el proceso de lo cómico.

Entonces decide “jugar” socialmente y compartir esta experiencia, convirtiéndose en “fuente”. Envía, entonces, el mensaje a un receptor, que percibirá la incongruencia con sus condiciones subjetivas y específicas de personalidad, cultura y estado de ánimo y reirá o sonreirá si finalmente pasa por el mismo proceso cómico en su interior.

A ese juego social de comunicación de lo cómico es a lo que denominamos “humor”. (Esto es parte de la Conjetura Humor Sapiens, por lo que es fácil que aquí surjan oponentes a esta forma de teorizar).

El humor es un juego.

El humor puede manifestarse desde una espontánea conversación cotidiana hasta en un pautado discurso político. Pero siempre y cuando exista la intención consciente de hacer reír a un receptor.

Si la fuente envía sin intención un mensaje que el receptor percibe como incongruencia y termina riendo producto del proceso cómico, no habría humor, porque la fuente no estaría jugando y por ende no cumpliría el rol de jugador. Aplicándose ese caso a la pirueta de un perro, a cierto recuerdo, al clásico resbalón por una cáscara de plátano, o a decir incluso un juego de palabras sin darse cuenta, entre otros ejemplos.

Pero el humor puede ir más allá y, con intención, “jugar” hasta profesionalmente; es decir, alguien puede crear o recrear un hecho cómico y comunicárselo a uno o a millones de receptores a través de una manifestación artística. Esto es el arte humorístico, que llamamos humorismo. Y es donde mayor elaboración del humor encontramos, tanto en forma como en contenido, como en cualquier arte.

¿Por qué sucede esto? Porque el arte es también un juego. Las manifestaciones artísticas que producen placer estético, no son más que juegos evolucionados –como el humor-, que suceden en los seres humanos al dar el salto cualitativo del juego físico al juego con el desarrollo del proceso cognitivo, con el lenguaje, la asociación de ideas, el pensamiento abstracto, etc.

El placer estético y el cómico tienen una misma raíz en el placer lúdico. Y el humor más elaborado, más complejo que una simple conversación social, solo puede manifestarse a través de un lenguaje artístico. Y puede hacerlo por provenir ambos del juego.

Entonces esa persona X que decidió hacer carrera haciendo humor el solito en escena, ¿es un humorista? Reflexionemos una vez más.

¿Qué es un humorista entonces?

Humorista es el que hace humor. Pero si bien es cierto que en el proceso de la expresión y comunicación humana es posible resultar humorístico sin que nadie lo espere, y hacer humor sin pretenderlo, resulta obvio a la intuición que debemos llamar humorista sólo al que hace humor deliberadamente, es decir con la intención de provocar placer cómico. Aunque por hábito, suele llamarse humorista solo al que se gana la vida haciendo humor, olvidando al que lo hace también habitualmente, o frecuentemente, pero sólo por el placer de hacerlo, aunque no le paguen más que con la risa o la sonrisa, como es el caso de un aficionado o incluso un ocasional cuentachistes de sobremesa, como empezó esa persona X. Él también, por supuesto, es un humorista.

Entonces, para resumir, tenemos que los comediantes –de cualquier modalidad-, son humoristas.

Y no solo los comediantes, los que hacen literatura con humor, los que hacen guiones y libretos con humor, los que hacen humor con música, con danza, con dibujos, con esculturas, con cine, con videos, etcétera. Sí, son humoristas todos los que crean humor.

Así que cuando vea a un monologuista, cuentacuentos, cuentachistes, payaso, “standupero”, excéntrico musical o cantante, mago, acróbata, u otro artista que trata de hacer reír , diga que está viendo a un comediante o a un humorista que es igual. Y si ve también a un literato, artista visual, etcétera. que haga humor, diga que esta viendo un humorista.

No se deje llevar por las clasificaciones que hacen algunos apoyándose en algo tan subjetivo como la calidad artística. Como Fernádez Flores, el escritor y miembro de la RAE en su época que rechazaba con odio ciego al chiste y lo diferenciaba bien de la literatura que para él sí era humor. Sin pensar que el objetivo de ambas modalidades es hacer reír. Pero huía de la imagen del payaso, porque para esa gente que lo cataloguen de payaso es lo peor. Siendo que el payaso es tan humorista como cualquiera. He visto cómo un caricaturista quiere alejarse del humorista gráfico, porque ve que el oficio de hacer reír es indigno. He visto a algunos “standeuperos” que se quieren desligar del cuentachstes y del payaso, porque piensan que lo que hacen es más “intelectual”, más “artístico”. Esos escritores, caricaturistas y “standuperos” (para seguir con esos ejemplos), están convencidos de que el humor es solo el que hace pensar, el que conmueve, el que eleva tu espíritu y el tortazo en la cara o el chiste fácil –verbal o dibujado-, denigra sus profesiones. Y están rotundamente equivocados. El escritor malo, el caricaturista malo, el “standupero” malo denigran más la profesión que el payaso, el humorista gráfico o el cuentachistes. Porque solo existen humoristas, que son los que crean humor, sin importar para nada la clasificación por calidad. Solo hay humor bueno y humor malo, sea un humor muy físico o muy “intelectual”.

Mis respeto y admiración por la valentía de esas personas que deciden pararse solitos en un escenario para hacer reír, sea cual sea la modalidad que escogen para realizarse. Es un oficio muy duro y complicado. A todos ellos hay que aplaudirlos de pie.