Los enemigos del humor y su mala reputación

Por Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación de humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

En un número de la revista “Humor”, que publica la Sociedad Internacional de Estudios del “Humor” a la que pertenezco, aparece un artículo sobre un estudio científico relacionado con la risa, llevado a cabo por una prestigiosa Universidad. Ahí se demuestra que en el mundo es relativamente alto el número de personas “catagelofóbicas” (la catagelofobia es sentir miedo y vergüenza a tener alegría, y a reír). Y otro dato curioso: en Europa es en el Reino Unido donde más abundan –proporcionalmente- estas personas, algo impensado conociendo la fama del humor inglés.

En mis lecturas también me encontré con los “agelastos”. ¿Quiénes son ellos? Gente siempre grave, hiperseria, pero no por enfermedad como los “catagelofóbicos”. Yo los conocí a través de Milan Kundera en su libro "El arte de la novela". Siguiendo esa pista supe que fue un neologismo introducido por Rabelais en la lengua francesa, de origen griego, que quiere decir: “el que no ríe, el que no tiene sentido del humor”. Supe que Rabeleis detestaba a los agelastos y les temía. Incluso supe que había estado a punto de dejar de escribir por cómo habían sido con él.

Pero continué rastreando el concepto y llegué a los antiguos griegos, que contaban que la gente que entraba en la encantada cueva de Trofonio, al salir nunca reían más. A esos que perdieron la risa les llamaban agelastos. ¿Una deidad infernal en esa cueva que convertía a esa gente en seriotes y tontos graves de por vida?

En fin, aquellos que no disfrutan ni entienden el placer del humor, son más de los que pensamos. Eso ha sido así, parece, desde que nos convertimos en homo sapiens.

Pero no son ellos solos los enemigos del humor. Muchas personas, influentes o no, con buenas intenciones o no, inteligentes o no, también le han hecho incalculable daño al humor. A esa gente les tengo más miedo y por tal motivo me preocupan más.

Desde que me inicié como humorista, siempre me he hecho las preguntas: ¿por qué la inmensa mayoría de las obras clásicas en las artes no son humorísticas?, ¿por qué muchos pensadores, críticos y hasta grandes artistas opinan que el humor es un género menor?

Es más, en Occidente siempre la risa se ha visto como algo liviano y despreciable, incluso peor: a veces hasta como lo más bajo del ser humano. Y se han equivocado al pensar que el humor y la risa es lo mismo, por ello el humor cargó siempre con esa mala reputación.

Al meditar sobre estos puntos, invariablemente he llegado a las siguientes conclusiones, sin orden de peso o prioridad alguna:

a) Las autoridades políticas, religiosas y de todo tipo les temen al humor, por tal motivo hicieron y hacen hasta lo imposible para minimizarlo e incluso desaparecerlo si pudieran.

b) En la raza humana abundan menos los creadores de humor por naturaleza (no sé la razón, aunque tengo una hipótesis que no deseo hacer pública aún), pero también son muchos los que pudiendo, no se dedican al humor por la posibilidad de tener poco trabajo, o por saber que no tendrá mucho prestigio, o por temor a las autoridades del punto “a”.

c) Es más fácil la identificación artística del drama y la tragedia en los consumidores, porque en la vida real hay mucho más dramas y tragedias que situaciones de humor.

d) Porque dentro del mismo humorismo, existe una risa fácil, básica, de poca elaboración artística y los creadores de humor “fino, inteligente y para hacer pensar”, también se han encargado de denostar, con el objetivo de no verse contaminados con su mala fama, su “frivolidad”.

e) Los religiosos, los filósofos, etcétera, han aportado muchísimo al desdoro del humor. Entonces los seres humanos -para bien y para mal-, han tomado como sagrada la palabra de estas instituciones y personalidades, sin cuestionarse absolutamente ni una letra.

Sin dudas, por lo dicho hasta aquí -según mi parecer, repito-, es que los humoristas hemos cargado con esa sempiterna descalificación.

A continuación un recorrido -a grandísimos trancos- por la historia relacionada con nuestro tema. Una historia que ha perjudicado inmerecidamente a nuestra profesión.

Aclaro, aquí mostraré datos e informaciones que he encontrado en mi poca profunda investigación, más mis reflexiones.

Comienzo, obviamente, por la Antigua Grecia, cuna de los mencionados agelastos.

Platón (uno de los más grandes detractores de la risa) y Aristóteles tenían una visión terrible sobre ella. Sin embargo esos señores, por ejemplo, encontraban divertidas las ejecuciones públicas. ¡Les daba risa eso! ¡increíble!

Por ello siempre aconsejo no aceptar todo lo que nos dicen, incluso aunque lo digan sabios griegos, jurisconsultos romanos, superhéroes estadounidenses o quien sea. Imagínense que el susodicho Aristóteles sostenía en su estética que la risa era un subdivisión de lo feo. Consideraba que la diversión y las bromas producen en el humano excesivo placer, que esto es una forma de ofensa y por tal razón ¡los legisladores deberían prohibirlas! Y por si fuera poco, aseguraba que el bebé no es persona hasta que ríe. Afirmaba que hasta que eso ocurra, el recién nacido era un ser no muy distinto a cualquier otro cachorro mamífero. ¿Se dan cuenta? Y por lo que se sabe, Platón era peor en su valoración.

Debido a lo anterior, reitero, por muchas buenas intenciones que tenían los sabios, los filósofos, los eruditos, también pensaban y decían tonterías de vez en cuando. Claro, eso lo sabemos después de pasar miles de años y muchos avances de la ciencia y el pensamiento. ¡A lo que me refiero es que debemos cuestionarnos todo!, lo haya dicho quien lo haya dicho y no tomarlo como bandera, porque “lo afirmó tal renombrado señor”.

Siguiendo en Grecia, casi en el mismo momento en que aparecen los mejores humoristas de la Antigüedad, como Aristófanes, surgen los primeros puritanos detractores, pues gran parte de los humanos se han empecinados siempre en borrarnos la risa de la boca.

Por suerte, en Grecia sacó la cara en este campo el señor Demócrito, al cual le nombraban “el filósofo que ríe”, porque decía que la risa te tornaba sabio. Era odiado por Platón (obvio) que quiso siempre quemar sus libros.

Otro ejemplo: los pitagóricos de la Isla Crotona tenían duros preceptos ascéticos que incluían la prohibición de la risa, ya que sus maestros Pitágoras, el tirano de Siracusa y Areistóxeno jamás rieron. Tanto fue así, que los atenienses los representaban en sus comedias con máscaras avinagradas. ¡Así se los imaginaban! Merecidamente, claro.

Es que tanto el humor como la risa (sobre todo ésta última), eran considerados actos violentos, relacionados con la pérdida de la razón.

Termino con Grecia, mencionando el epicureísmo. Se trata de un movimiento filosófico, donde mediante la búsqueda inteligente de placeres y otras cosasd, eseaban –y desean- llegar a la felicidad. Aquí sí hay que relacionar la risa y el humor con los placeres, obvio.

En la época romana, excepto si relacionamos la risa con los festejos licenciosos como las bacanales y las saturnales, nada cambió. Excepto un punto que a mí, particularmente, me atrae mucho: los romanos fueron quienes añadieron al vocabulario la palabra “subrīsŭs” (“risa para los adentros”, “risa secreta”). Un término que fue evolucionando y según el historiador medievalista francés Jacques Le Goff (1924-2014), en el siglo XII fue que la palabra adquirió el actual significado de “sonrisa”. Así que, ¡buena por los romanos!

Avanzando en la Historia a grandes saltos (no pararé en la peor etapa, que fue la Edad Media, porque todos saben que la iglesia aplastó la risa y el humor con premeditación y alevosía), nos encontramos entonces a dos pensadores, al inglés Thomas Hobbes (1588-1679) y al francés Rene Descartes (1596-1650), que relacionaban la risa con el desdén. Aseguraban que la risa era producto de sentimientos de superioridad. Descartes consideraba que la risa estaba relacionada, además, con el odio y lo ridículo. “Gloria repentina, es la pasión que hace aparecer esas muecas llamadas risas”, señalaba Hobbes en su “Leviatán”.

Hay innumerables ejemplos de la pésima reputación de la risa y el humor. Solo menciono para cerrar este punto, a alguien que en el siglo XIX seguía afirmando que la risa tiene un origen diabólico: el francés Charles Baudelaire.

Así que hasta aquí, los filósofos y pensadores no ayudaron mucho a que las religiones miraran con buenos ojos a la risa y el humor (¿o fue al revés?). El caso es que ambos coincideron bastante en vilipendiarlos.

Claro, mucho tiene que ver el confundir la risa con el humor. El humor produce un tipo de risa, pero risas hay muchas: la nerviosa, la producida por químicos, la que nace del triunfo, de sentirse superior, del alivio, etcétera. Y confundir eso ha traído como consecuencia que se hayan hecho hasta teorías para explicar el humor, cuando en realidad son teorías para explicar la risa.

Es que la risa no solo es producto del humor, como decía, sino también de otras fuentes como la burla, porque cuando la burla no es humor (cuando deja de ser producto de lo cómico), se convierte en sarcasmo, escarnio. La menciono aparte porque también existe confusión en este concepeto. Repito: la burla puede o ser humorística.

En otras palabras, la risa tiene a veces connotación negativa y eso ha afectado al humor, ya que muchos pensadores y artistas lo definen como una misma cosa.

Pero son más los enemigos del humor, consciente o inconscientemente.

Por ejemplo, algunos creadores han hecho bastante para que no se tome en cuenta al humor. Y no hablo de los mediocres que con vulgaridades o con poca elaboración artística desprestigian realmente nuestra profesión. Me refiero a grandes y renombrados humoristas, sean literatos, gráficos o escénicos, que entienden que el humor fino, "inteligente", "que hace pensar", que produce sonrisas o sonrisas interiores, no tiene nada que ver con el humor que provoca solo risas y carcajadas. Y esos humoristas dicen y hacen todo lo posible para distanciarse de esos cómicos, como si no fueran lo mismo. Garrafal error.

Voy a mencionar solo un ejemplo. El escritor Wenceslao Fernández Flores, en su discurso ante la Real Academia de la Lengua Española, en 1936, expone un concepto de chiste, con una carga bien despectiva: “El chiste, que habitualmente consiste en un más o menos feliz juego de palabras, está muy abajo en el subsuelo literario, y si le aludo aquí es únicamente porque mucha gente aberrada lo incluye en la categoría de humor y conviene la repulsa”. Señor Fernández Flores: yo soy un aberrado entonces y conozco muchos que padecen el mismo mal también. Sin dudas, para pensar que el chiste no está dentro del campo humorístico, es porque ese señor tenía tal pánico a que lo calificaran de cómico, de chistoso, como si eso fuera el peor de un ser humano. Da la impresión de que era él el que padecía un trastorno psicológico. Es una lástima, porque yo lo considero un gran humorista.

Otro gran creador y estudioso del humor que opuso lo cómico al humor, fue Luigi Pirandello, Premio Nobel de Literatura. Este escritor y dragamurgo reservó para el humor el paraíso creativo y dejó para lo cómico "todo lo demás". Así que no solo los posibles "trastornados" diferenciaron el humor de la comicidad.

Claro, eso se explica porque ellos entienden y estudian el humor desde la perspectiva del humorismo. Algo que le agrega más caos a la teoría del humor. Otros definen el humor desde el estado de ánimo. En vez de buscar una teoría que una la filosofía, la estética y la piscología, cada una de esas ramas han estudiado y definido al humor por separado.

Me arriesgo y trataré de explicar mejor por qué tanta confusión. Existe algo que se produce en el cerebro de alguien. En otras palabras: en un estado lúdico, se percibe una información que es incongruente con la que teníamos almacenada. Las neuronas buscan respuesta y si solucionan el “acertijo” y ven que es un chiste, una gracia, se da orden a otra parte del cerebro para que se segregue endorfinas y así producir un placer sui géneris (prefiero llamarlo “placer cómico”) y eso produce carcajada, risa, sonrisa o sonrisa interior (que no se ve exteriormente, porque solo se siente). Todo lo anterior se denomina “proceso cómico” en la psicología integral.

Entonces, a esa persona que vivió el proceso cómico, le dan ganas de que uno o todos sus amigos, o parte o toda su familia, o sus compañeros de trabajo, o sus vecinos o a la vez millones de personas, se rían y sientan el mismo placer cómico que sintió él. Y se vuelve “fuente o emisor” y envía un mensaje con el chiste o la gracia que él disfrutó, igual o más elaborada, y a uno o a muchos receptores les llega también como incongruencia y cada uno vivirá o no su propio proceso cómico. Para mí, como co-elaborador de la Conjetura Humor Sapiens, eso que sucedió es el humor. Y los humoristas son los que crean o interpretan el mensaje para que se produzca el proceso cómico en los demás.

Por lo tanto, un simple payaso que tropieza con sus zapatones, o un viejo cómico que le lanza a otro una torta a la cara, hace humor igual que un Mark Twain, un Chesterton, un Cervantes, un Chaplin, un Quino, un Les Luthiers, o cualquiera de los grandes creadores que tanto admiramos.

Lo siento, pero por mucho que los colegas que desean separarse del comicastro, no podrán.

Otra cosa es calificar al humor según su calidad artística, su contenido, sus intenciones. Ahí es donde está la diferencia. Incluso en nuestra Conjetura Humor Sapiens tenemos en cuenta ese fenómeno, ya que hemos comprobado que a veces se usa el humor con el objetivo de provocar un pensamiento y una emoción en el consumidor, hasta quizás bastante alejada de la risa. Eso lo notamos sobre todo en el humor gráfico y literario. En otras palabras, si alguien desea provocar un “X” pensamiento y/o emoción, muchas veces lo hace a través del humor, aún cuando no le interese hacer reír. Es que se produce un fenómeno especial, porque se logra más ese “X” pensamiento y/o emoción después de una sonrisa. Es como si el humor consiguiera llamar más la atención sobre el mensaje que hacerlo directamente, sin él. Eso explica, por ejemplo, las obras de humor gráfico que participan en concursos, que muchos consumidores no “ven” el humor, porque no les da risa, ya que el objetivo principal es hacerlos pensar y sentir otra cosa y lo de menos es el humor como lo conocemos habitualmente. Ojo, es lo de menos, sí, pero tiene que estar presente y provocar -mínimo- una sonrisa interior. Lo aclaro, porque hemos leído que "se puede hacer humor gráfico sin hacer humor". No estamos de acuerdo con esa paradoja. Si no se ha entendido aún el concepto, quiero que se mire desde otra perspectiva: la mejor manera de aprender es a través del juego. Y el arte y el humor son juegos. Entonces, si quiero que mi público abra los ojos sobre -por ejemplo- la corrupción política, pero no me interesa tanto hacerlos reír, hago un dibujo humorístico conceptual, que solo producirá sonrisa o sonrisa interior ya que el humor está en segundo otercer plano y hará pensar más en mi objetivo. Claro, es que obtengo más resultados si lo dibujo sin humor, pero aun más que si lo hubiera expresado directamente (sin arte). ¿Por qué? Porque la obra de arte dibujada es un juego y más encima, el humor, por muy fino e intelectual que sea, también es un juego. Es decir, un doble juego para enseñar algo. Creo que así se comprende mejor, ¿no?

Conclusión, han perjudicado mucho los que han denostado al humor, aún siendo humoristas. Porque no se han dado cuenta que tan importante como hacer pensar a través del humor, es hacer reír a través del humor. Ambas son necesidades del ser humano.

Se me olvidaba recalcar la importancia de las autoridades como enemigos del humor, por su miedo a la sátira, al latigazo del humor. Y eso no es un fenómeno antiguo, es frecuente leer casos de represión actualmente contra humoristas en muchísimos países, sin importar el color político. Esaas autoridades se confabulan con otras fueras consevadoras de la sociedad y despliegan campañas abiertas o soterradas contra el humor. Esas acciones muchas veces surten efecto y un sinnúmero de personas se dejan lavar el cerebro y se suman a las filas de enemigos del humor.

Y si sumamos los enemigos externos y expresos que ya hemos señalado en esta reflexión al inicio, no le ha sido fácil al humor tener una buena reputación, ¿no es cierto?

Por suerte, toda ha ido cambiando. Sobre todo de la segunda mitad del recién pasado siglo hacia acá, el humor se ha valorizado merecidamente. Los científicos se han lanzado a investigar, estudiar, experimentar, más de lo que se hizo en ese campo en toda la Historia de la Humanidad.

Al ver entonces que se comienza aplicar el humor después de esos estudios, en campos tan importantes como la salud, la pedagogía, lo laboral, por solo mencionar unos pocos, y los creadores comienzan a perder sus miedos, sus resquemores y han comenzado a llenar con sus obras humorísticas todas las manifestaciones artísticas y cada vez más los críticos y pensadores valoran más esas creaciones.

Soy optimista. Creo que muy pronto el humor estará en el lugar que se merece y cambiará radicalmente su mala reputación y disminuirán muchos sus enemgios.