Humor y vejez

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

“En la actualidad, se gasta más en técnicas y medicamentos como la silicona para los senos y el viagra para los penes, que en la cura del Alzhaimer. Eso significa que pronto todos los ancianos del mundo tendrán los senos erguidos y los penes viriles, pero no se acordarán para qué se usan”.

Con este chiste que me contaron hace poco, comienzo esta reflexión sobre el humor, las arrugas y las canas.

Empiezo por casa… A veces estoy actuando para niños, donde el humor es más básico, obvio, y hay que apoyarse en aumentar ciertos tonos de voz, o en exagerar una emoción, o un movimiento. Siento entonces que a mis más 60 años estoy haciendo el ridículo (en el significado popular de la palabra), y aunque me cuide de no sobreactuar mucho, o de no payasear por gusto, me invaden esos miedos.

En otras pocas ocasiones, actuando para adultos, o simplemente impartiendo una charla, un curso o un taller, también me ha sucedido lo mismo y siempre me pregunto: “¿no estaré ya muy viejo para estas cosas? ¿Por qué no me dedico sólo a escribir humor?” Y siempre me respondo: “si te dejas llevar por ese pensamiento, entonces sí ya eres un viejo de edad y de mente”. Y como demente soy, me alejo de la idea y trato de seguir joven de espíritu.

Estoy abordando este tema, porque acabo de recibir el siguente correo electrónico:

Estimado PP:

Recién te conozco a través de tu página web. Veo que sos un cultor del humorismo y latinoamericano por donde se te mire. Soy casi un sexagenerario, con sentido del humor y ando buscando formarme en escritura humorística, en mejorar mi comicidad, etc. Busco canalizar con técnicas lo que ya es una vivencia personal, reconocida por los que me conocen y disfrutada por los que trabajan conmigo. Deseo formarme, hacer cursos: como hacer chistes, como crear humoradas, como crear guiones humorísticos... tengo tiempo... me estoy preparando para la jubilación...

Un abrazo.

De más está decir que me emocionó este amigo con su mensaje (le dejo a él si desea que se sepa su nombre y su país, porque no es obligado saberlo para este artículo). Por supuesto que haré lo que esté a mi alcance para asesorarlo, capacitarlo y estimularlo para que continúe con esa idea, con esos proyectos de vida tan hermosos.

Pero también su correo me hizo pensar y me provocó esta reflexión, porque sentí que era importante el hecho de que a los 60 años, en la mismísima puerta de la tercera edad, esté yo en estos trajines del humor (aunque me avalan los años que llevo dedicado a él) y lo que es más relevante, ¡que este nuevo amigo y nuevo colega esté interesado a estas alturas en aprender técnicas, etc., para crear humor de forma más profesional!

Me gustaría preguntar: ¿a mayor edad mayor desarrollo del sentido del humor? Si la respuesta es positiva, ¿será porque la vejez es tan jodida que hay que llevarla con humor obligatoriamente? ¿Será porque a mayor edad se ha visto más y la vida no es tan grave y trascendental como se veía de joven? Me viene a la mente la frase de Elbert Hubart que dijo: "No se tome nunca la vida demasiado en serio: de cualquier modo no saldrá Ud. vivo de ella".

Pero si la respuesta es negativa; es decir, si no hay relación directa entre el sentido del humor y la vejez, entonces depende de cómo se llega a esa edad, si con el sentido del humor desarrollado o no (cosa que uno pudo hacer en la niñez, en la juventud, o en la madurez).

Si nos convertimos en “tata”, o “nono”, o “zeide”, o abuelo, o como en mi caso “Pepe”, como me dicen mis nietos, sin humor y sin risas, es obvio que la vida nos reservará interminables días aburridos, nostálgicos, tristes, sintiéndonos inútiles, desechados, frustrados, etc., y con tremendas ganas de que llegue el final rápido.

Por tanto, la pregunta es: ¿cuál es la diferencia si tenemos el sentido del humor desarrollado y estimulado al arribar a la tercera edad? ¿Nos sentiremos iguales o distintos a no tenerlo?

Ante todo, sirve lo que ya científicamente sabemos sobre la importancia del humor y la risa para la salud (invito a buscar el tema en internet, o ver otra reflexión mía al respecto ya publicada en este sitio), donde está demostrado que el humor es beneficioso para muchas enfermedades físicas y mentales, así que solo por ello, es excelente que los adultos mayores practiquen la risoterapia, o los métodos de crecimiento personal a través del humor.

Desde el punto de vista filosófico, casi todas las opiniones del mundo están de acuerdo en que el placer es nuestro fin en la vida, por lo cual utilizamos distintos medios para obtenerlo, y como el humor es uno de los grandes “productores” de placer (el placer humorístico es casi idéntico al placer estético y al lúdico, fíjense si es necesario sentirlo), entonces es obvio que debemos tener el sentido del humor desarrollado de viejo.

Además, a esta edad, uno de los pensamientos más recurrente es cómo enfrentar a la cercana muerte. Por tanto, el humor y la risa son la medicina ideal para ese seguro final, para llegar a él sin miedos, porque somos capaces de burlarnos de nosotros mismos y hasta del asunto supuestamente más grave: la muerte. Y al reírnos de ella ya no nos mete susto, ¿no?

Está demostrado también que entre las cualidades comunes de las personas más longevas que se han estudiado, está su sentido del humor. En otras palabras, con el humor y la risa incorporados se vive más. Y vale la pena vivir más, si se hace con placer, ¿no?, porque de lo contrario, sin disfrutar la vida, mejor dejarla rápido.

Pero lo anterior se me hace “curioso” y me motiva a reflexionar. Veamos: llego a la edad en que se acerca mi muerte y desarrollo entonces mi sentido del humor para enfrentarla, pero a la vez, mi sentido del humor hace que se aleje la muerte, al hacerme más longevo; es decir, me hace más fuerte para cuando llegue y a la vez me aleja de ese momento, ¿qué más puedo pedir, si además en lo que llega la muerte me hace la vida más placentera y sana como ya vimos? No tengo dónde perderme: ¡hay que vivir consumiendo más humor y creando más humor! Incluso me asombra que los gobiernos y nuestras sociedades en general no se den cuenta de esto y no implementen planes para capacitar, para hacer crecer a los adultos mayores estimulándoles y desarrollándoles su sentido del humor, por lo decisivo que eso es en esta etapa de la vida.

El amigo que me escribió es un ejemplo de lo que hay que hacer. ¡Felicidades!

Y aprovecho el tema para recordar ahora a los grandes humoristas contemporáneos que conozco y a los mayores que yo, que quiero y admiro tanto.