El Humor (XII) "Y la política"

Por Pepe Pelayo (escritor, comediante y estudioso de la teoría y aplicación del humor).
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Da la impresión que estos dos conceptos están más relacionados de lo que uno se imagina. Propongo entonces reflexionar sobre este asunto, dividiéndolos en tres puntos.

De humoristas profesionales a profesionales de la política.

* Hace pocos meses Volodymyr Zelenskiy ganó la presidencia de Ucrania en primera vuelta. Era un comediante de TV donde en un SITCOM hacía de presidente y en broma se postuló y la broma creció hasta la realidad.

* Jimmy Morales, el actor de TV cuyo programa humorístico “Moralejas” estuvo al aire más de 15 años y que en enero del 2016 se convirtió en jefe de Estado de Guatemala.

* Francisco Everardo Oliveira es el nombre serio del payaso brasileño Tiririca, que en el 2010 causó furor al postular como diputado por Sao Paulo para la Cámara Baja y ser el segundo más votado en la historia de ese cuerpo legislativo. En febrero del 2015 asumió su segundo mandato, que continúa hasta hoy, e hizo famosa una frase: “El circo es más organizado que el Congreso, donde uno da un discurso y nadie escucha”.

* “Beppe” Grillo conmocionó la política de Italia hace pocos años. El cómico que había trabajado en cine, TV y teatro fue el triunfador en los comicios generales del 2013 al conseguir su partido, “Movimiento 5 Estrellas”, la mayor cantidad de escaños para el Congreso.

* Lenin Moreno, antes de ser vicepresidente y después presidente de Ecuador, era un estudioso de la teoría y la aplicación del humor e impartía charlas, cursos, etc., incluso publicó varios libros sobre el tema.

* "Tiririca" en payaso, comediante, humorista. En la actualidad, es diputado por el estado de São Paulo en el Congreso de Brasil.

* Al Frank es escritor y humorista. Desde 2009 hasta 2018 fue el senador junior del estado de Minnesota.

* Hayk Marutyan es comediante, guionista y productor. Actualmente se desempeña como alcalde de Ereván, la capital de Armenia.

* Jacob Haugaard es un comediante danés. Fue miembro del Parlamento de Dinamarca desde 1994-1998. 

* Bhagwant Mann, comediante en idioma punjabi.  Es diputado por el distrito electoral de Sangrur, Punjab, India.

* Jón Gnarr, es humorista islandés. Fue alcalde de Reikiavik, la capital de Islandia, desde 2010 hasta 2014. 

¿Qué significa esto? ¿Qué los humoristas, por una visión mejor de la sociedad debido al prisma del humor, son los ideales para líderes políticos?

No sé. Pero me inclino a pensar que no. Los humoristas pueden ser políticos, como lo podrían ser actores, pintores, músicos, o carpinteros, abogados o doctores. Las capacidades y habilidades que se necesitan las puede tener una persona sin importar su profesión

Es más, ya me he enterado de que entre esos que acabo de nombrar, hay sospechosos de corrupción, hay algunos que han tomado pésimas decisiones, etc., como cualquier político tradicional.

Más bien –creo yo-, quizás esto de elegir humoristas es una consecuencia del desprestigio de la política y una reacción de los votantes para expresar que es mejor “un chiste” que la “gracia” de los corruptos e ineptos.

¿El humor político es de izquierda o de derecha?

Los políticos de derecha y sus simpatizantes, piensan que los humoristas son de izquierda, porque se ríen de sus posiciones conservadoras ante el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual, etc., o de la posición de poder de empresarios corruptos y discriminadores, de la severa y retrógrada religión, etc..

Pero las cosas han cambiado y los políticos de izquierda y sus simpatizantes, ahora ven que son víctimas de la risa también, porque la corrupción los alcanzó públicamente, por ejemplo.

¿Qué sucede? Que el humor no es de derecha ni de izquierda. El humor va contra la autoridad –cualquiera que ésta fuere-, cuando se ejerce de mala forma. Por lo tanto, da igual quién esté en el poder (si hablamos de gobierno, porque autoridad es también la oposición).

Da igual si la derecha o la izquierda está en el poder para el humor. Porque el humor de la parte oficialista no suele ser gracioso, ya que lo que hace reír es la sátira desde el lugar de los débiles hacia los poderosos cuando es justa esa sátira. Hacer humor desde las alturas del poder es más una muestra de cinismo que de humor. 

Entonces, duele ver a ambos sectores atacando el humor. Y vemos a ambos colores políticos reprimir a los humoristas, intentando prohibir el humor contra religiones, militares, símbolos patrios, ecología, discapacitados, gays, negros, indígenas, mujeres, sexo, animales, etc., todos creyéndose tener la verdad, creyendo ser los "únicos buenos de la película", los seres superiores por ética, los santos, los que están por encima del Bien y el Mal.

Ya están cayendo en conductas dictatoriales. Porque no se trata –ni en esta época ni hace mil años-, que sea positivo burlarse de todo eso que mencioné. No entienden que se puede hacer humor de todo, sin humillar o dañar a nada ni a nadie. Pero ni escuchan ni leen, se han vuelto tan fanáticos que de solo saber que un chiste trata sobre esos temas señalados, ya hay que aplastarlo, desaparecerlo.

Claro, si un humorista hace un chiste que no le agrada a alguien, sea de derecha o de izquierda, ¡que no lo consumea y ya está! Y si se siente irrespetado, por las vías civilizadas de la democracia haga su demanda, es así de simple.

Pero si nos ponemos a prohibir, sancionar, censurar, eliminar al humor, porque se sintieron ofendidos los de derecha, enseguida y con el mismo derecho, los de izquierda nos obligarán a hacer lo mismo con el chiste que les ofendió. Y de ahí a desaparecer el humor político es solo un paso. Y si dejamos de hacerlo, perderemos una herramienta de salud social. 

Recuerdo cuando llegué a vivir a Chile en 1991, con permiso del gobierno cubano por tres meses, para escribir la última temporada del programa "Pin Pon" de Televisión Nacional de Chile, con Jorge Guerra, los derechistas me decían que era guerrillero de Fidel y que regresara y los izquierdistas, al verme trabajar en Sábado Gigante después, a pesar de estar con permiso del Ministro de Cultura cubano, me decían que era un gusano de mierda, que debería estar en Cuba y no en Chile.
He tenido más experiencias de esas en estos largos años. Y para los que no lo sepan, no pertenezco a ningún partido político, ni perteneceré.

Me viene a la mente ahora un artículo de mi amigo y colega Enrique Gallud Jardiel, sobre lo que pensaba su abuelo -y mi ídolo en el humor- Enrique Jardiel Poncela. Este es un fragmento de sus palabras al respecto:

"Yo, aun contra todo lo que hayan podido decir, jamás he sido un hombre de partido ni podría serlo ahora tampoco. Sólo los no fanáticos de partido son artistas. Un artista fanático de partido deja de ser artista en el acto. Jamás he sido hombre de derechas o de izquierdas (refiriéndome siempre a las españolas). Me gustaron siempre las ideas inherentes a los dos bandos y con su mezcla estaba hecha mi ideología ecléctica. Dos ejemplos entre muchos: amaba el sentido histórico y reverencial de la tradición en mil aspectos, propio del programa de derechas; y amaba también el sentido porvenirista y reverencial del progreso y de la libertad, genuino del programa de izquierdas".

¿El humor político es políticamente correcto? 

Es muy gracioso ver con distanciamiento la etapa de elecciones de un país. Muchos de los candidatos ven el humor y la risa desinhibida y humana como algo que puede perjudicar su imagen de líder. ¿Qué lástima, verdad? ¡Porque no saben que en realidad sucede todo lo contrario! Sólo hay que tener el tino y el tono justo para saber dónde parar y dónde seguir. Una vez más señalo que seriedad no es lo contrario de humor.

En los debates televisivos se subraya mucho lo que deseo comunicar. Al margen de la identificación política que uno pueda tener, es muy probable que muchos colegas vean a través del prisma del humor a un candidato usando una falsa sonrisa pegada todo el tiempo a la boca, porque se supone que le asesoraron que debía comunicar “alegría”, y la congela en su rostro sin pudor. Y al otro candidato usando la máscara de la gravedad y el aburrimiento, porque se supone que le asesoraron que debía comunicar respeto, responsabilidad, solemnidad y lo cumple con estricta obediencia. En ambos casos, carecen de sentido común, sentido crítico y sentido del humor, porque de lo contrario hubieran actuado de la manera más natural y tendrían mayor efecto sus mensajes.

En sus campañas existen candidatos que no se acercan a sus electores desde la campaña anterior y ahora llegan al barrio humilde con cámaras de televisión para demostrar -como les asesoraron-, que saludara a todos, que cargara a un bebé y lo besara, aunque lo orine. Es increíble cómo pueden crear tantas situaciones ridículas al no desarrollar la autocrítica.

Pero analicemos otro caso peor. Vayamos al extremo. Nuestros humoristas conocen de lo que son capaces los políticos que se convierten (quizás un viernes a las doce de la noche con luna llena) en dictadores . Y en cuanto lo hacen, con toda sus energías se defienden del "peligroso" humor. Sabemos que ponen a sus fuerzas de seguridad a rastrear chistes sediciosos, donde ellos aparecen protagonizándolos, o donde “atacan” sus perfectas y patrióticas acciones. Sabemos que los dictadores y totalitaristas (sean del color político que sean) prohíben hasta que los humoristas gráficos publiquen las caricaturas personales que les hacen, y que obligan sólo a ser públicos los chistes que critican “al cruel enemigo”, y así un largo etcétera.

Quiero compartir una anécdota sobre este tema que me impresionó cuando me la contaron. Fue la visita a Corea del Norte de una delegación oficial cubana, donde iba un reconocido humorista gráfico del semanario “Palante”. Al llegar, éste preguntó dónde estaba la revista o suplemento de humor más importante del país, para visitarla e intercambiar experiencias con colegas, y la respuesta que recibió fue: “Lo siento, compañero, pero nosotros ya superamos esa etapa”… ¡¡Superaron la etapa del humor!! ¡¡Ya quedó atrás ese flagelo de la sociedad!!

Triste realidad.

“La risa, el humor y los chistes políticos suelen ser pequeñas revoluciones y enemigos acérrimos del autoritarismo, las dictaduras y los totalitarismos”, afirmó George Orwell.  El dramaturgo alemán Bertold Brecht afirmaba que no se debe combatir a los dictadores sino ridiculizarlos. 

Por supuesto, como dijo el amigo y colega Joel Sánchez en una entrevista que está circulando por las redes sociales ahora, el humor "no tumba gobiernos". Pero le hace daño a la imagen del dictador, le hace perder respeto ante los ojos de su pueblo y eso puede ayudar a provocar otras reacciones contra ese tirano. Por eso estoy con Brecht de que hay que ridiculizarlos, atacarlos con sátira política. El humor es una estrategia de resistencia no violenta, dice el escritor Tomás Várnagy. Sabemos que el chiste político en la Unión Soviética era considerado como una “actividad contrarrevolucionaria”. Anekdot es la palabra rusa para “chiste político clandestino” y era una forma de desmentir la política oficial. Su tremenda popularidad socavó y deslegitimó al régimen soviético.

Por algo esos totalitaristas, esos dictadores les temen tanto al humor y hacen lo posible por no solo prohibirlo, sino extreminarlo. 

Pero el humor político jamás va a desaparecer. La sátira es la forma más usada dentro del universo de la burla, en la creación del humor político.

“La sátira es una burla que implica un juicio crítico más o menos elaborado. Por su ejercicio del criterio, se deriva una enseñanza o valor didáctico más o menos claro y definido”. (Bienaventurados los que ríen. Aramís Quintero / Pepe Pelayo. Humor Sapiens Ediciones. 2007).

De ahí que la sátira sea utilizada como arma por los humoristas –sobre todo los gráficos-, y como tal la combate a toda costa el autoritarismo, las dictaduras.

En mi caso personal, ni escribiendo guiones para la compañía escénica La Seña del Humor en Cuba, ni como creador individual en las otras manifestaciones artísticas en que he incursionado, he podido hacer humor político de contingencia, de actualidad, de alto vuelo. No me “sale” bien (excepto algún que otro chispazo). Por otra parte, tampoco me atrae el humor mediático, localista, pasajero. Sin embargo, me encanta consumirlo (si es de calidad, elaborado). Y me interesa mucho analizarlo, estudiarlo y teorizar, como siempre. Me provocan mucha envidia los humoristas gráficos que diariamente crean una viñeta de ese corte en los medios de difusión y con calidad, obvio.

Desde aquí mi humilde homenaje a todos ellos, sean de izquierda o de derecha. Solo les pido que sean creativos, inteligentes, justos, imparciales, honestos.