Humor televisivo ¿populista o elitista?

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

La primera vez que actué en televisión fue en 1984 en Cuba, algo que seguí haciendo allá durante siete años más, como guionista, comediante y director de la Compañía de La Seña del Humor. Esa fue una primera etapa que me aportó mucho, tanto para la realización personal (nunca bajamos el nivel de calidad humorística), como para el ego. Por supuesto, aprendimos también a burlar la censura.

En 1991, Televisión Nacional de Chile me contrató junto a mi amigo y colega Aramís Quintero, para escribir un espacio para niños. Ahí comenzó una segunda etapa. Fue otra oportunidad de aprendizaje, al encontrarme por primera vez con el poder del mercado.

Estuve escribiendo y actuando en programas chilenos (como Sábados Gigantes, Pase lo que pase, etc.) hasta 1998, donde me invitaron a dirigir la sección de humor del Área de Entretención del canal estatal, donde impartí clases y formé a quince guionistas y alrededor de una decena de humoristas escénicos en la Escuela de Talentos y asesoré a los programas de esa época, según sus necesidades de humor.

De mi relación con la TV chilena es que deseo comenzar a reflexionar sobre algunas experiencias con la risa y el humor y ese medio de comunicación.

Comienzo en 1999, recordando un programa muy priorizado en el canal. Lamentablemente, no me identifiqué ni con el gusto, ni con la forma de trabajar de algunos en aquel equipo. Me quejé, pero la gerencia del canal 7 me obligó a estar ahí y no me quedó otra que renunciar. De ese mal momento me vienen a la mente dos cosas: una, me pidieron una sección de cámaras ocultas y yo llamé a mi equipo de guionistas y éstos escribieron decenas de graciosas cámaras ocultas. Pero el director del programa, con el apoyo del editor periodístico (ambos sin leer una línea de lo que les ofrecía), decidieron que no, que deseaban que yo buscara las cámaras ocultas de los años 70, guardadas en los archivos del canal. Yo insistí que mejor era algo original, con el sello del programa, etc., pero la comodidad de sólo pasar algo ya probado y de evitarse el trabajo de producción, se impuso. La otra fue la “gran idea” de hacer un concurso con desconocidos contadores de chistes. Eso estaba bien, sólo que querían que yo “cazara” a chistosos vulgares en bares de mala muerte y conseguirlos para dicha competencia. Alegué que así sólo tendríamos humoristas groseros, de mal gusto, pero fue en vano. Tuve que renunciar.

Otras anécdotas (no diré nombres de personas ni programas, para no dañar a nadie):

Recuerdo una vez que entregué un guión y me lo rechazaron, porque mencionaba a Napoleón y Waterloo. Me argumentaron que el pueblo de Chile no conocía bien a ese personaje y menos el lugar de su última batalla. El chiste sacado de un libreto de Aramís y mío de La Seña del Humor, decía: “Y a Napoleón a los ingleses le cortaron el agua y la lú, hecho mundialmente conocido como Water-lú”

En otra oportunidad, en mi guión se mencionaba al Sr. Alejandro Foxley, que en esa época era candidato a Presidente de la República, pero que se estaba quedando muy atrás en las encuestas. El chiste, un simple juego de palabras, decía: “(…) el cometa se aleja de la Tierra, como se va Alejando Foxley de la Presidencia”. Y me lo rechazaron porque me había equivocado: me señalaron que faltaba una “r” en el nombre, que era Alejandro y no “Alejando”. Sin comentarios. Nunca entendió nada la reconocida señora productora.

También me viene a la memoria un guión que nos pidieron a Pible (otro miembro de La Seña del Humor recién llegado a Chile, ahora viviendo en Miami) y a mí, para un programa estelar que se preparaba y el animador quería actuar. Nos pidieron un libreto donde el personaje principal fuera sordo (¡qué originalidad!). Se lo entregamos y lo rechazaron porque el guión tenía “demasiado alto nivel”; es decir, chistes muy finos. Nos pidieron entonces que bajásemos el nivel humorístico, ya que “era televisión y era Chile” (fíjense cómo esos dioses siempre subestiman al pueblo). Lo hicimos, pero hasta un límite, ya que menos que eso no podíamos hacerlo por ética. Al leerlo, nos criticaron entonces por el abuso de “cubanismos”. Exigimos que nos señalaran uno y su respuesta fue que en el guión aparecía, por ejemplo, la palabra “incorpóreo”. ¡Incorpóreo un cubanismo! Por supuesto, fue fácil demostrarles su ignorancia. Entonces aceptaron el guión. En el ensayo general el animador actuó con su personaje sordo y no logró sacarle ni una sonrisa al equipo de realización presente. Al ver su fracaso, no dudó en echarle la culpa al guión, diciendo que no era gracioso. Ahí me enojé e interpreté el personaje con el mismo guión y todos los allí reunidos se rieron. “Claro, como tú eres comediante profesional…”, me dijeron. Mi respuesta fue: ¿Y para qué hacen algo que no saben?

Bueno, para muestra un botón, pues tuve muchos problemas con la mediocridad en esta etapa. Muchos directivos, ejecutivos, directores y productores de la televisión chilena son los responsables de la mala calidad del humor en pantalla. Y son los que les ponen trabas a los creadores chilenos (aseguro que hay magníficos guionistas y comediantes).

Pero esta reflexión la hago, porque con el tiempo –la cuarta etapa-, he comprobado que esa mediocridad es frecuente en todos los canales de España, Latinoamérica y los canales latinos de E.U., por no decir el mundo entero, para no pecar de absolutista (aunque de verdad no me sorprendería que hubiesen pocas y raras excepciones).

Sólo de esta última etapa mencionaré la desagradable aventura que tuve en el canal 41 de Miami en el 2008. Allí fui testigo del pésimo humor que hacen (o hacían en ese momento, porqque ya no sigo a ninguna televisora), a pesar de existir también buenos guionistas y comediantes en La Florida. Pero el imperio del mal gusto, de la vulgaridad y de la ignorancia de esos directivos, ejecutivos, directores y productores, más el control que tienen los mismo humoristas mediocres para evitar que suba la calidad, más el silencio de los buenos artistas, que no pueden protestar para no perder sus escasos trabajos, hacen que sean pocas la esperanzas de que allí se eleve el nivel del humor. En fin, que fue una experiencia para olvidar.

Con todo ese “know how”, me he alejado de la pantalla chica, aún cuando he aceptado después incursionar fugazmente en algún que otro programa chileno y argentino.

Es que las sensaciones que a uno le produce como creador el hacer reír a través de este medio son contradictorias -supongo que a muchos colegas les sucederá lo mismo-, porque vemos que la calidad es pésima y el poder de la mediocridad decidora es enorme, sin embargo nunca se nos van las esperanzas de que eso cambie. Y sí, nos alejamos de la “caja mágica”, pero en el fondo, esperamos algún día que se aparezca un hada productora y nos diga: “vamos, te dejo hacer el humor que quieras en la tele, pero con una condición: que el rating sea bueno”.

Y a pesar de ese grillete, yo acepto, porque estoy convencido de que el buen humor le gusta a cualquier público. ¿Lo mejor entonces? Que el humor televisivo no sea elitista ni populista.