¿El humorista nace o se hace?

Por Pepe Pelayo (Escritor, comediante, especialista en teoría y aplicación del humor chileno-cubano)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Ante todo, creo que puedo afirmar con toda seguridad que soy un humorista. Pero como también soy una persona honorable y decente (aunque no lo podría afirmar tanto como lo anterior), no me califico yo mismo de bueno, regular o malo en lo que hago. Esa es una labor de otros (¡allá ellos!).

Sin embargo, no puedo avanzar si no fijamos la definción de humorista. Veamos:

1. Persona que se expresa o manifiesta con humorismo. (Me refiero a una persona común y silvestre, en la vida cotidiana y en situaciones espontáneas y haciendo reír con intención).

2. Persona que en sus obras, literarias o plásticas, o en sus actuaciones en espectáculos públicos, o en cualquier otra modalidad artística, cultiva el humorismo. (Me refiero a artistas, que hacen humor con intención de hacer reír).

Pues yo soy de los que casi siempre tengo intención de hacer reír, ya sea en la vida como en el arte. Por lo tanto, insisto, todo me indica que soy humorista.

Ahora, me tomo como ejemplo y analicemos mi caso. ¿Nací humorista?

¿Se esperaba que yo fuera humorista por herencia, ya que mi padre, mi madre, mi hermana o algún pariente cercano se dedicó a hacer reír?

No.

* ¿Hubo algún presagio, un vaticinio, una profecía, una predicción o alguna señal divina, esotérica o mitológica anunciando que yo iba a ser humorista?

No.

* ¿Mi familia hizo algún pacto, una promesa, un juramento, firmó un contrato, un convenio, o se propuso, incluso antes de mi gestación, formarme como humorista?

No.

* Cuando el doctor me agarró por las piernas y golpeó mis nalgas en vez de llorar, ¿me eché a reír?

No.

* Lo normal es que un bebé sonría por cenestesia el primer mes, o sonría por estímulos táctiles como masajes, cosquillas, etcétera, y un mes después lo haga por estímulos visuales. ¿Yo sonreí desde el primer día de nacido, cuando me tocaban para lavarme o limpiarme “aquello”?

No… ¡No!

* Según el Dr. McGhee, investigador norteamericano, después del segundo mes y por varios más, el bebé sonríe cuando reconoce objetos como las caras de sus padres o hermanos. ¿Yo sonreí o reí acaso en esa etapa, al ver el rostro de mis familiares haciendo muecas tontas y balbuceando sandeces para hacerme reír, o al ver la cara de un clown desteñido o el rostro de Einstein sacando la lengua?

No.

* Entre la semana 10 y 20, aparece por primera vez la risa en la interacción entre el bebé y su cuidador, asegura Alan Fogel, psicólogo e investigador norteamericano. ¿Yo me reí a carcajadas en la primera semana? ¿O me reí con mi cuidador o con la vecina de mi cuidador, por ejemplo?

No.

* ¿Durante mi niñez, me reí de chistes de nivel universitario? ¿O hice reír a humoristas profesionales, a ancianos académicos, o a algún público especializado?

No.

* ¿Entonces se puede asegurar que nací predispuesto a la risa o con un don especial para hacer reír?

Sí… es broma. ¡Claro que no!... Mejor dicho, no lo podría afirmar.

¿Por qué? Porque para saberlo habría que esperar a crecer, y ahí captar si realmente nací con vis cómica, con un don especial; es decir, si poseo o no una tremenda facilidad para producir risas, para crear humor.

Entonces, en lo que esperamos a que yo crezca (si es que lo hago algún día), busquemos más sustancias para responder la pregunta del título.

Aquí deseo informarles que durante varios años de mi vida (aún lo hago, incluso), y contando hasta el día de la publicación de este artículo en Humor Sapiens, he entrevistado a ciento cincuenta y dos (152) estudiosos del humorhumoristas de todas las manifestaciones artísticas de dieciocho países (ver las entrevistas publicadas en www.humorsapiens.com). Y si no he entrevistado a más colegas es porque no tengo cómo contactarlos.

Entre las preguntas a ellos formuladas está esa de “¿el humorista nace o se hace?”. Les doy un resumen de lo que me respondieron, para no hacer interminable esta reflexión:

* La mayoría de los entrevistados afirmó que de ambas maneras se llega a ser humorista; es decir, alguien puede nacer con "la gracia" para ser humorista y alguien puede hacerse humorista sin casi ninguna "gracia natural".

* Pero también la mayoría de ellos contestaron que aunque alguien naciera con ese don, se debe cultivar después.

Por la experiencia y el talento reunido en ese listado de colegas, no tengo por qué dudar de sus respuestas, así que me siento bastante seguro de las conclusiones a que llegué. Sin embargo, me arriesgo y me atrevo a dar mi opinión más in extenso, esperando que muchos de ellos estén de acuerdo conmigo en los matices que planteo y ojalá a más de uno les haga meditar y profundizar en este asunto, porque todos los aportes son bien recibidos. Veamos.

Ejercicio mental:

l) Crezco y todos ven que nací así, con esa gracia, esa vis cómica, ese talento para hacer reír. O quizás nadie lo note de inmediato, pero haciendo mi camino en la vida advierto de repente que puedo ser alguien con la capacidad o habilidad de hacer reír. Para mí entonces es simple, si me dicen o me doy cuenta de que poseo ese don, perfecto. Pero si después de tener conciencia de ello, me paso la vida sin desarrollarlo, sin estudiar y aprender los lenguajes por donde canalizar ese humor y sin cultivarme más profundizando en el mundo que me rodea, sin dudas seré una persona simpática, lograré caer bien, hasta tendré cierta habilidad para la risa y “el pasarlo divino” en reuniones y fiestas. Incluso puedo hacerme profesional del humor. Quizás salga a escena y al público le dará risa de solo verme, pero al escucharme y ver que...

a) Repito chistes viejos.

b) Cuento los extraídos de Internet.

c) Me aprovecho de hacer crítica social y/o política obvia, sin elaboración artística, de esas que no sacan mucha risa, pero deja a la gente contenta y aplaudiendo por ser un tema tabú.

d) Agredo con mis “gracias” groseras, acompañadas de gestos y movimientos obscenos, provocando quizás algunas risas, porque públicos con mal gusto siempre hay.

e) Me presento en un escenario sin conocer las leyes del arte teatral, del arte de la actuación, y también haga reír a varios ignorantes o incautos.

Entonces, aunque haga reír, en uno o en todos los casos anteriores, evidentemente, seré un mediocre humorista y a la larga el público se dará cuenta.

En los casos literarios y gráficos lo anterior no sucede, porque si no pueden escribir o dibujar bien, lo lógico es que no les publiquen sus obras. Pero sabemos que esos mediocres se las arreglan para publicar sus trabajos y consiguir agredirnos con sus obras, aunque sea aprovechando la permisividad de Internet.

II) Por otro lado también existe la posibilidad de que no nazca con esa vis cómica, con ese don especial, pero al crecer hice un gran esfuerzo y me cultivé a conciencia. Y llego a ser alguien agradable, bastante gracioso, que también le caeré bien a la gente. Incluso me convertiré en un profesional del humor. Y cumpliré con mi rol, llegando a ser un buen humorista, aunque jamás llegue a ser uno excepcional. Humoristas así los conocemos, porque son muchos (y no digo lamentablemente, si no ¡por suerte¡).

III) Claro, están los que ni nacen con ese don, ni se cultivan después, y aún así insisten en ser humoristas. ¡Terrible! ¿Qué hacer con ellos? Por desgracia, los miembros de esa fauna, con su mal gusto, mediocridad, intelecto ramplón y su vulgaridad, tienen la “buena fortuna” o la habilidad de saber “venderse y colarse”, siendo muchas veces los que más “pantalla” tienen.

¿Cómo defendernos de éstos últimos? Subiendo el nivel educacional y cultural de los receptores, supongo. Pero mientras eso sucede, seguimos siendo humoristas todos, los mediocres y los excelentes, ya que me niego a calificar a una persona en humorista o no, en base a su calidad, por lo subjetivo que es la valoración, ¿no es cierto?

IV) También existe otro criterio en clasificar a los que hacen humor en "cómicos", porque hacen chistes, o gracias superficiales, o gags físicos, o infantiles, o humor simplón, etcétera, y en "humoristas" a los que hacen humor para pensar, inteligente, elaborado.

A mí, desde el punto de vista teórico, no me satisface esa clasificación, y no solo porque las fronteras son subjetivas, sino porque ambos grupos tienen su razón de ser en crear o interpretar humor con el objetivo de hacer reír, sonreír o lograr sonrisas interiores y eso los integra a un mismo conjunto.

Ojo: el concepto de sonrisa interior es muy importante y me detengo un momento aquí para explicarlo, porque será necesario que quede claro para las reflexiones que haremos más abajo.

Existe un "proceso cómico" en una persona, que va desde que percibe una información que se hace incongruente con la que se tiene. Las neuronas de la persona resuelven ese enigma, se descubre que es un chiste, una gracia y se "celebra" el descubrimiento con segragación de hormonas que provocan placer y eso hace que exteriormente surja la risa o la sonrisa. Hasta aquí es el "proceso cómico", según Rod A. Martín, "Psicología del Humor" (2008).

Pero, en el caso en que ese placer producido por las endorfinas no alcance (con intención o no de que suceda), para producir risa o sonrisa, de todas formas sí hay placer igual y a eso le llamamos sonrisa interior. Una "sonrisa" placentera que no se exterioriza.

Aclarado este punto, continuamos.

Para mí, desde el punto de vista teórico, es humorista un payaso de circo de barrio y es también humorista un Quino, un Chaplin, un Mark Twain, etcétera. Claro que sé las diferencias en la calidad de sus formas y contenidos y en lo que se logra (que en los segundos es más que una simple risa). 

Y si alguien tiene la intención de hacer humor sin buscar la risa, la sonrisa o la sonrisa interior, está haciendo otra cosa (buena o mala, no importa), pero no es humor. Que se busque otro término para calificarlo. Si acepto que se hace humor, sin el objetivo de hacer reír o sonreír, se me abre un mundo demasiado amplio y caótico en lo teórico, y no puedo aceptarlo. No lo entiendo.

Llegados a este punto creo que es importante ilustrar estas clasificaciones de humoristas con un ejemplo. Veamos este:

"Un humorista va por la calle un día cualquiera de su vida y observa a una persona caminando por la acera de enfrente que pisa una cáscara de plátano, pierde el equilibrio y después de algunos aparatosos movimientos, se cae. Este humorista se ríe para sí (por respeto) y enseguida se le ocurre reproducir esa caída ante su público si es un humorista escénico o plasmarlo en un dibujo si es uno gráfico."

Variantes:

a) El humorista no nació con vis cómica. Entonces al imitar la caída que vio -en escena o en cartulina-, logra producir alguna risa o sonrisa.

b) El humorista nació con vis cómica. Entonces al imitar la caída que vio -en escena o en cartulina-, casi seguro logre producir más risa o sonrisa que el del punto "a".

c) El humorista no nació con vis cómica, pero se esforzó, estudió y se superó en el arte y en la vida. Entonces, al imitar la caída que vio -en escena o en cartulina-, quizás logre ser mejor humorista que los de los puntos "a" y "b".

d) El humorista nació con vis cómica y además se esforzó, estudió y se superó en el arte y en la vida. Entonces, al imitar la caída que vio -en escena o en cartulina-, casi seguro logre ser mejor humorista que los de los puntos "a", "b" y "c".

Pero existe otro punto en esta clasificación. Llamémosle entonces el humorista "e". Para explicarlo mejor debo agregar algo al ejemplo que estamos usando:

"Un humorista va por la calle un día cualquiera de su vida y observa a una persona caminando por la acera de enfrente que pisa una cáscara de plátano, pierde el equilibrio y después de algunos aparatosos movimientos, se cae. Este humorista se ríe para sí... (aquí entra la modificación)... Observa en ese momento que la persona caída es un anciano, o que en la caída la persona se golpeó fuerte y hasta hay sangre involucrada. Entonces enseguida el humorista deja de reír y siente lástima, pena, por la persona caída (esto lo afirmó Henri Bergson hace más de cien años en su ensayo "La Risa". Dijo que una emoción puede inhibir totalmente la risa). Así que tenemos que el humorista observa algo que antes no vio; es decir, se dio cuenta de la indefención del anciano, o de lo importante que es no botar la basura en la calle, o de lo poco humano que era solo reírse de esa caída, por poner tres ejemplos de pensamientos, de conceptos. Algo que no hubiera sucedido tan nítidamente en él si no hubiese sido por la risa que le dio la caída. Y de repente, el humorista se ilumina, se le ocurre una idea genial: reproducirá la caída -en escena o en cartulina-, con el objetivo de producir risa o sonrisa, pero además, hará que de inmediato se produzca en el público otro pensamiento, otro concepto a tener en cuenta y por ende otra emoción derivada de eso, que inhibirá la risa o sonrisa -como le sucedió a él-, y conseguirá así que su público piense y sienta más sobre un contenido importante que desea comunicar (el cuidado de los ancianos, el aseo de las áres públicas, la deshumanización, o lo que sea). Porque quizás si no utiliza el humor y dice su mensaje directamente "en serio", no logrará que el público le ponga tanta atención al mensaje, ya que este dimensiona mejor, porque va desde lo más "frívolo" como puede ser la ligereza de la risa, hasta la llegada del análisis del concepto y su correspondiente emoción; es decir, el contenido total y subrayado. En fin, que quizás podemos afirmar que el humor refuerza la intención de dar un mensaje. Por ejemplo, si le decimos a alguien: "hace un rato iba por la calle y se cayó un anciano", quizás no le produzca a esa persona la mismo intensidad de pensamiento y sentimiento, que si antes me río con esa persona de la caída y después le informo que era un anciano o se golpeó fuerte. Ojo, recordar que todo es quizás."

A modo de conclusión:

Tenemos que el humorista "e", es el que además de tener la intención de hacer reír o sonreír, tiene la otra intención de hacer pensar y sentir también otros mensajes. En otras palabras, éste humorista usa el humor como medio para conseguir otra meta y no lo usa como los otros, como un fin, el de hacer solo reír o sonreír.

¿Cuál es mejor humorista? ¿El "a", el "b", el "c", el "d" o el "e"?

Ya vimos que sin importar si alguien nace o no con vis cómica, pero se esfuerza, estudia y se supera, logrará ser un mejor humorista; es decir, conseguirá hacer reír o sonreír más, porque esa era su intención.

Pero si su intención es hacer reír o sonreír y además hacer pensar y sentir otro mensaje, es otra variante. Incluso puede ser que tenga más, o mucha más, intención en hacer pensar y sentir dicho mensaje que intención sola de hacer reír. No importa, porque siempre hace humor primero.

Yo no compararía ambas clasificaciones porque tienen intenciones diferentes. Para mí los dos son humoristas.

Por supuesto, yo no tengo la verdad, ni creo que nadie la tiene 100%. Este es un campo aún en estudio, en investigación y espero que en un futuro se despejen bien estas dudas. A eso me refería con ese "quizás" que le puse "ojo".

Mientras tanto, yo especulo como cualquier hijo de vecino. Y comparto esta conjetura aquí, para provocar que se profundice sobre esto.

Pero independientemente de la teoría, sí me interesa que cada día hayan más humoristas, sea que nos hagan solo reír a carcajadas, o sea que nos haga pensar y sentir más allá de la risa. Sean bienvenidos todos, porque todos necesitamos pensar, claro; pero hay mucha gente que necesita solo reír también.

 

Nota: Estas reflexiones sobre tantos puntos teóricos sobre el humor, solo son posibles por el apoyo, la colaboración y el aporte sólido de mi hijo Alex (co-editor conmigo de humorsapiens.com).