El humor y la buena imagen

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Estados Unidos y Europa son los que, principalmente, hacen experimentos y estudios sobre el humor y la risa. Obvio, son los que pueden tener dinero para gastarlos en estas tonterías que me encantan. Espero que con la crisis económica ad portas, no borren de sus presupuestos el apoyo a las artes y a las ciencias, que son los primeros en afectarse en estos casos, porque “no son productos tan productos como otros productos”.

Bueno, el caso es que tengo la información de un experimento que se realizó entre los marines norteamericanos. Tomaron un pelotón “A” y le pusieron al frente a un sargento de esos típicos de las películas de Hollywood que vocifera, es severísimo, intratable, pesado, e impone la disciplina a sus soldados, “a la bruta”, “como los verdaderos hombres duros”. Por otro lado, a un pelotón “B”, le adjudicaron un sargento buena onda, simpático, chistoso, juguetón, muy accesible. A ambos sargentos les exigieron que no podían fallar en la formación de esos marines, los cuales todos sabemos que deben pasar por un entrenamiento muy fuerte, y una educación especial, ya que hay que capacitarlos no sólo física y técnicamente, sino en la psiquis y en lo emocional, para que se enfrenten con éxito a las guerras y sus terribles consecuencias. Pues esos sargentos trabajaron con sus soldados por seis meses, más o menos, y a esa altura el Alto Mando les informó que tenían una misión en el Medio Oriente y cada uno debía armar con voluntarios su comando. Entonces el sargento duro y pesado le habló a sus hombres y pidió voluntarios para que lo acompañaran en la misión. Sólo unos pocos dieron el paso al frente. El sargento chistoso hizo lo mismo y más del 80% quiso acompañarlo en la peligrosa misión. El experimento se repitió varias veces y siempre dio cifras parecidas: unos pocos con el sargento pesado y una mayoría con el sargento simpático. Conclusión: la gravedad, la hiperseriedad, la severidad y la pesadez no son buenas para educar, para formar. El líder buena onda y con gran sentido del humor es más humano y da más confianza, más seguridad.

Con la imagen de los docentes en las escuelas pasa lo mismo. Obvio, son líderes también. Ya es un hecho que el concepto de “la letra con sangre entra” está caduco, entre otras cosas por su ineficiencia. En mis cursos “Gracias por enseñar” (la materia de mi libro del mismo nombre), donde imparto crecimiento personal, pedagogía y motivación a la lectura, todo a través del humor, dirigido a educadores, padres y mediadores de lectura, les digo que ahora es la época en que “la letra con risa entra”. Recuerdo una ocasión en que mi colega Aramís Quintero y yo impartíamos uno de nuestros talleres, y se nos acercó una profesora para decirnos que el año anterior la pusieron de inspectora y ella tuvo que aplicar disciplina en su escuela. Una escuela de niños algo “difíciles”. Y según ella no se dio cuenta de nada hasta que en la fiesta de fin de año, delante de todos los alumnos, los padres, etc., cada vez que nombraban a una profesora para entregarle un ramo de flores por su labor, todos aplaudían felices, pero cuando le tocó a ella, después de su nombre vino una rechifla horrible. Se dio cuenta de que nadie la quería. Y quiso participar en este taller de humor para intentar revertir la situación. Ahí la asesoramos, hizo ejercicios, aprendió técnicas, desarrolló su sentido del humor, etc. y comenzó a aplicar lo aprendido en su trabajo cotidiano. Recuerdo que nos llamó para decirnos que estaba muy agradecida y nos contó que comenzó su nueva imagen en la fila para entrar al comedor, a la hora de almuerzo, donde era difícil mantener la disciplina. Nos dijo que el primer día se apareció con una gran peluca roja y crespa y sin sonreír siquiera, los mandó a entrar como siempre. Al otro día les dijo, con seriedad, que para entrar al comedor tenían que amarrarse la corbata en la frente y así, cada día los sorprendía con algo nuevo, disparatado, gracioso o ingenioso. Y también ella cambió de actitud a la hora del recreo. En vez de pasearse como gendarme por el patio, comenzó a participar en los juegos con los muchachos, o se aprendía chistes y los contaba, y los niños formaban corros en el patio para escucharla. Y se convirtió en la inspectora simpática, chistosa, buena onda, pero sin dejar de aplicar la disciplina. Cuando ocurría algo no dudaba en aplicar el castigo adecuado, etc., pero alternaba esa parte necesaria, pero fea, con la risa, el juego, la sensibilidad, y se volvió más humana y querible. En fin, que cuando llegó la fiesta de fin de curso y la nombraron, todo el universo escolar se puso de pie a aplaudirla con gran cariño.

Se sabe que los presidentes y primeros ministros, los jefes de grandes empresas e instituciones, etc. se preparan bien para cuidar su imagen a la hora de dar sus discursos, lo mismo ante la nación completa, que ante unos cuantos accionistas u hombres de negocios, etc. Ellos saben que tienen que buscar chistes relacionados con el tema de sus discursos y comenzar con eso. Saben que deben ir preparados con chistes para cuando se dañe el audio, se vaya la luz, se caiga un camarero, pase un avión a poca altura, o pase un vehículo con su sirena muy cerca, o se escuche un trueno, etc. Muchas personas ven y escuchan hablar a sus líderes y sucede algo imprevisto y ve cómo su líder sale de eso con chispa, con gracia, y se siente orgulloso de tener a un líder tan ágil de mente, tan simpático y la imagen de ese líder gana mucho ante los ojos de esa persona, que no sabe que está preparado todo.

Con los profesores ocurre lo mismo. Y aunque me digan que no tienen ese don, esa gracia natural, que son pesados por naturaleza, etc., yo les insisto que la palabra mágica es “preparación”. Con voluntad y tiempo pueden cambiar su imagen.

Muchos no saben que existen ejercicios para desarrollar habilidades y convertirse en personas simpáticas. Es algo muy fácil. Solo se necesita entrega y creer de verdad en los beneficios del humor y la risa.