¿El humor se puede enseñar?

Por Pepe Pelayo (escritor, comediante y estudioso de la teoría y aplicación del humor).
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

En el Primer Congreso Chileno de Humor participé en la Mesa “Humor y Educación”. En un momento, el moderador (Profesor Andrés Mendiburo), lanzó el tema de si se podía enseñar el humor. Amén de lo allí respondido por mis colegas y por mí, aquello me interesó mucho y después con más calma, el tema provocó esta reflexión.

Creo que lo primero es dejar en claro qué es para mí el humor (ver la respuesta en esta página humorsapiens.com más in extenso): “El humor es la expresión de lo cómico”.

Para decirlo en breves palabras, pero algo más aclaratorias, uno experimenta en su cerebro el proceso cómico y si tiene intención de que otra persona (o millones) sientan el mismo placer cómico, envía el mensaje. Ese acto de comunicación humana con la intención mencionada, es el humor. Repito: humor es tratar de comunicar, expresar, lo cómico que uno internamente sintió.

Pero resulta que también se le llama “humor” a un estado de ánimo positivo. Incluso fue su primera acepción cuando los griegos le llamaron así a los cuatro estados del organismo. ¿Su definición? “Propensión, más o menos duradera, a mostrarse alegre y complaciente”.

Así que son dos significados distintos para una misma palabra (y no voy a mencionar a que también se le llama humorismo a un género artístico (en la literatura, en la gráfica, etc.), otro elemento que tiende a confundirlo todo cuando se desea definir el humor desde ese campo, específicamente desde la intención con que se hace, desde el contenido mismo de la obra de arte).

¿Se puede enseñar el humor como estado de ánimo? No es muy preciso el concepto de “enseñar” en este caso, mejor sería orientar, recomendar, aconsejar, guiar o algo así para adquirir y mantener el humor como talante, como disposición ante la vida y los beneficios que ofrece, etcétera. Para ello están los métodos de humorterapia y risoterapia.

Pero sabemos que la pregunta estaba dirigida a la primera acepción de humor que mencionamos: el humor como expresión de lo cómico.

¿Eso sí se puede enseñar? Veamos.

Primero respondamos la pregunta ¿el humor es un arte? Como la definición de arte cambia en cada época, pensamiento y circunstancia social, no podría afirmar 100% que lo fuera. Sin embargo, me gustaría pensar que sí lo es. ¿Por qué? Digamos que porque tiene un lenguaje propio, tiene técnicas, reglas, etcétera. Y porque soy creador de humor y me considero artista (aunque no es un buen argumento; ¿no?).

Pero por otro lado tenemos que el humor solo se expresa dentro de otro arte. Es decir, el humorista tiene dos grandes trabajos entonces: aprender el lenguaje del humor y el de otro arte (me aparto un poco, pero esto tiene que ver con la típica pregunta de si hacer reír es más difícil que hacer llorar, ¿no es cierto?).

Entonces es evidente que el humor, como expresión de lo cómico, se puede enseñar.

Uno puede aprender ese lenguaje, esas técnicas, esas reglas. Pero es algo muy limitado, lamentablemente. Porque si los alumnos no tienen capacidad de imaginación, no poseen el don de la creatividad, si no tienen estimulado y desarrollado el sentido del humor, ¿para qué les sirve aprender ese lenguaje? Y esas carencias no se enseñan, por supuesto. Aunque sí podemos hacerle la consciencia a los educandos de lo necesario y fundamental que es desarrollar todo eso. Y que con ese lenguaje aprendido se pongan a crear con el nivel de creatividad que tengan, con sus niveles de imaginación, etcétera, pero siempre tratando de superarse.

¿Entonces hace falta ir a la universidad para crear humor? Por supuesto que no, porque la base de la mayoría de esas carencias mencionadas es de índole cultural. Se puede desarrollar todo con lecturas, por ejemplo; con querer saber, con curiosear, con cuestionarlo todo, con viajar, aprender más de cada arte y consumirlo más, con ponerle más atención a los que se ve, se escucha y sucede en la vida, etcétera, etcétera.

Mientras más vocabulario posean, mientras más “esquemas” en el cerebro tengan (como dicen los psicólogos integristas), más fácil y con mayor frecuencia se producirá el proceso cómico en sus cabezas, que es la base de la creación humorística. Por supuesto, con el añadido de vivir lo más posible en un estado de ánimo positivo, alegre, ya que de lo contrario no “nacerán” los deseos de experimentar el proceso cómico y menos tener deseos de expresarlo (el humor), ya que ambos conceptos de humor forman un círculo virtuoso.

En resumen, pienso que se puede enseñar el lenguaje del humor, pero que se hagan humoristas los alumnos solo por aprenderlo, no lo creo.

Además, no olvidar que si alguien quiere ser humorista escénico, debe aprender también el lenguaje teatral, actoral y tener consciencia de si posee o no vis cómica; porque ya sabemos la cantidad de mediocres que se suben a los escenarios haciéndose los graciosos y despreciando esos lenguajes artísticos. Lo mismo para el que quiere ser caricaturista, porque para ello debe aprender el lenguaje de las artes visuales, de lo contrario vemos lo que sucede en el humor gráfico, donde alguien sin saber dibujar bien le pone texto a par de “globitos” de una imagen y ya se cree caricaturista. Y así con la música, el cine, etcétera.

En fin, se puede uno matricular en un curso para aprender humor. Tengo amigos que lo imparten. Incluso hasta utilizan algunos materiales de humorsapiens.com, algo que me enorgullece. Y les deseo el mayor de los éxitos a todos los alumnos que pasan por ahí.

Pero por favor, recuerden: recibir el diploma que lo acredita a usted que pasó esos cursos, no significa que ya es un creador de humor. Mejor dicho, no necesariamente significa que con esos conocimientos ya pueda ponerse a crear humor. Si quiere ser buen humorista, es en ese momento que comienza el verdadero curso, donde todo depende de sus deseos de desarrollarse, de superarse, de su tenacidad, del autoconocimiento de sus limitaciones y de su consciencia de la importancia de lo que hace.

Y finalizo con una exhortación. Por favor, es muy importante que se imparta humor (sobre todo como estado de ánimo y su aplicación para mejorar la calidad de vida) en las universidades e Institutos técnicos y profesionales. Así que no solamente pido cursos para formar humoristas, sino para que nuestros futuros profesionales salgan mejor preparados y formados para la vida. Y donde más me interesa que se crean esos cursos es en las Escuelas de Pedagogía, Psicología y Medicina, ya que trabajan directamente con personas, muchos de ellos con niños y muchos de ellos con emociones negativas.

Claro está, también abogo, por supuesto, por enseñar humor en las Escuelas de Arte. Para que nuestros artistas sean mejores cada día en la creación humorísticas y no se sientan ellos de segunda, como históricamente nos han calificado los agelastos, geliofóbicos, hiperserios y tontos graves.