El humor político, ¿es políticamente correcto?

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Es muy gracioso ver con distanciamiento la etapa de elecciones de un país. Muchos de ellos ven el humor y la risa desinhibida y humana como algo que puede perjudicar su imagen de líder. ¿Qué lástima, verdad? ¡Porque no saben que en realidad sucede todo lo contrario! Sólo hay que tener el tino y el tono justo para saber dónde parar y dónde seguir. Una vez más señalo que seriedad no es lo contrario de humor.

En los debates televisivos se subraya mucho lo que deseo comunicar. Al margen de la identificación política que uno pueda tener, es muy probable que muchos colegas vean a través del prisma del humor a un candidato usando una falsa sonrisa pegada todo el tiempo a la boca, porque se supone que le asesoraron que debía comunicar “alegría”, y la congela en su rostro sin pudor. Y al otro candidato usando la máscara de la gravedad y el aburrimiento, porque se supone que le asesoraron que debía comunicar respeto, responsabilidad, solemnidad y lo cumple con estricta obediencia. En ambos casos, carecen de sentido común, sentido crítico y sentido del humor, porque de lo contrario hubieran actuado de la manera más natural y tendrían mayor efecto sus mensajes.

Otra manera de percibir el humor en el mundo político es en las campañas. Un candidato que no se acerca a sus electores desde la campaña anterior y ahora llega al barrio humilde con cámaras de televisión para demostrar -como le asesoraron-, que saludara a todos, que cargara a un bebé y lo besara, aunque lo orine. Es increíble cómo pueden crear tantas situaciones humorísticas al no desarrollar la autocrítica.

Pero analicemos otro caso peor. Vayamos al extremo. Nuestro gremio conoce de lo que son capaces los políticos que se convierten (quizás un viernes a las doce de la noche con luna llena) en dictadores para “defenderse” del humor. Sabemos que ponen a sus fuerzas de seguridad a rastrear chistes sediciosos, donde ellos aparecen protagonizándolos, o donde “atacan” sus perfectas y patrióticas acciones. Stalin coleccionaba los chistes en su contra y las cabezas de los chistosos, como cuenta la historia. Pero eso lo hacen todos. Sabemos que los dictadores (sean del color político que sean) prohíben hasta que los humoristas gráficos publiquen las caricaturas personales que les hacen (eso lo viví yo), y que obligan sólo a ser públicos los chistes que critican “al cruel enemigo”, y así un largo etcétera.

Quiero compartir una anécdota sobre este tema que me impresionó cuando me la contaron. Fue la visita a Corea del Norte de una delegación oficial cubana, donde iba un reconocido humorista gráfico del semanario “Palante”. Al llegar, éste preguntó dónde estaba la revista o suplemento de humor más importante del país, para visitarla e intercambiar experiencias con colegas, y la respuesta que recibió fue: “Lo siento, compañero, pero nosotros ya superamos esa etapa”… ¡¡Superaron la etapa del humor!! ¡¡Ya quedó atrás ese flagelo de la sociedad que es la risa!!

La sátira es la forma más usada dentro del universo de la burla, en la creación del humor político.

La sátira es una burla que implica un juicio crítico más o menos elaborado. Por su ejercicio del criterio, se deriva una enseñanza o valor didáctico más o menos claro y definido. (Bienaventurados los que ríen. Aramís Quintero/Pepe Pelayo. Humor Sapiens Ediciones. 2007).

De ahí que la sátira sea utilizada como arma por los humoristas –sobre todo los gráficos-, y como tal la combate a toda costa el autoritarismo.

En mi caso personal, ni escribiendo guiones para la compañía de humor escénico La Seña en Cuba, ni como creador individual en las otras manifestaciones artísticas en que he incursionado, he podido hacer humor político de contingencia, de actualidad, de alto vuelo. No me “sale” bien (excepto algún que otro chispazo). No puedo. Por una parte no me atrae el humor mediático, localista, pasajero. Sin embargo, me encanta consumirlo (si es de calidad, elaborado). Y me interesa mucho analizarlo, estudiarlo y teorizar, como siempre. Me provocan mucha envidia los humoristas gráficos que diariamente crean una viñeta de ese corte en los medios de difusión. Genios como Fontanarrosa, Boligán, Hervi, etc., me hacen sentir orgulloso de pertenecer al gremio.

Por eso termino esta reflexión con otra anécdota polémica, para provocar otro rico debate.

Se trata de un comentario que escuché en una conferencia sobre humor en la Universidad de Chile en el año 2001, donde un conocido orador aseguró que: “El humor es propiedad absoluta de la izquierda política, porque la derecha no puede, ni sabe hacer humor”. Como tiene fama de gracioso esperé que se declarara todo como un chiste, pero no fue así, lamentablemente. Lo afirmó muy convencido. Y lo peor, tratando de convencer a la audiencia.

Como se ve, en las dos anécdotas (ésta y la de Corea del Norte), los protagonistas son del mismo bando, vienen de posiciones ideológicas izquierdistas, tanto el de Corea como el orador chileno, pero curiosamente, están afirmando dos cosas completamente opuestas. En una, el humor al fin no existe en el mundo de la izquierda y en otra, el humor sólo puede existir en el mundo de la izquierda. ¿Raro, no?

Ojo: no creo que esas “contradictorias afirmaciones” sean privativas de ese color político. El torpe, extremista e ignorante que las piensa y dice, desgracaiadamente milita en cualquier partido político.

Nunca he tenido tiempo (porque no deseo perderlo) de investigar y comprobar las declaraciones teóricas mencionadas en cada anécdota. Pero mi experiencia y la intuición me dicen que en el primer caso, el de Corea del Norte, el humor es imposible de eliminar en una sociedad. Quizás lo obliguen a dormir, lo aplasten, lo controlen, pero es sólo por un tiempo, y me refiero a nivel superficial, porque de forma clandestina, permanece vivito y coleando. He sido parte de mi vida testigo de eso. Y en el segundo caso, el del conferencista chileno, es obvio que el humor no tiene color político, ni pertenece a una raza, ideología, religión, filosofía, equipo de fútbol, sociedad secreta, grupo musical, grupo sanguíneo u ONG.

Me gustaría que alguien, político o no, investigara más sobre esto.