El humor negro

Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación del humor / cubano-chileno)
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

El tema siempre me ha interesado. Por ello busqué una definición “oficial” de humor negro en Wikipedia en español y ahí encontré:

"El humor negro es un tipo de humor que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra perspectiva, piedad, terror, lástima o emociones parecidas”.

No me disgustó eso, pero tampoco me satisfizo completamente. Seguí leyendo:

“El humor negro cuestiona situaciones sociales que generalmente son serias mediante la sátira”.

Aquí comenzó mi confusión y desacuerdo. Es que para mí las situaciones no son serias o graciosas, esa clasificación va a depender del ser humano que las esté evaluando. “Seriedad” no es lo contrario de “humor”, según mi modesta y quizás molesta opinión.

Y en cuanto a que “cuestiona situaciones mediante la sátira”… me gustaría pensar que no usaron la palabra “humor” en vez de “sátira” para no repetirla, pero lo dudo, ya que está generalizado el error.

La sátira es humor, es un elemento más dentro del universo de la burla. Y la burla es humor (no puede ser de otra manera, aunque te burles de una nariz torcida o de un alma retorcida).

La sátira, como la ironía, la parodia, la broma, el chiste, el sarcasmo, lo ridículo, etc., son elementos, con formas fijas o no, enmarcados dentro del concepto “humor”, ya que su intención es lograr la risa, la sonrisa o la sonrisa interior.

Continué leyendo Wikipedia:

“El humor negro se basa en la crítica de los valores tradicionales”.

Yo creo que esa afirmación no es totalmente cierta, pero no me voy a detener aquí a reflexionar sobre el asunto, para no desviarme del objetivo principal. Vuelvo a la lectura:

“El humor negro requiere una dosis exacta de ironía y sarcasmo…”

Tampoco estoy de acuerdo con eso (da para otra reflexión Humor Sapiens). Pero el humor negro no necesariamente se tiene que expresar con ironías y tampoco la ironía se debe relacionar tan estrechamente con el sarcasmo. Son errores muy frecuentes.

“El humor negro consiste en el mecanismo de defensa del yo frente a la realidad externa. El yo, según palabras de Sigmund Freud «rehusa admitir que los traumatismos del mundo exterior puedan afectarle, y finge, incluso, que pueden convertirse para él en fuente de placer»”.

Puede ser… no quiero discutir con Freud, porque nunca me he identificado con el freudalismo, ni con el esclavismo, ni el capitalismo, ni el comunismo.

Amigo(a) lector(a), quizás hasta aquí he dado la impresión de que no me grada el humor negro, pero no es así. A mí me encanta el humor negro; es decir, el humor de Chris Rock, Eddie Murphy, Richard Prior, etc… No, fuera de broma, yo gozo mucho con ese tipo de humor y considero que es, incluso, terapéutico.

Creo que depende mucho de las intenciones del que hace ese humor. Por ejemplo, a mí como cubano me hacen miles de chistes sobre balseros que huyen de la Isla hacia Miami. Todo el mundo sabe que eso es una tragedia para el pueblo cubano, porque alrededor del 30% de los que escogen ese camino no llegan, lamentablemente son devorados por los tiburones. Niños, ancianos, mujeres de cualquier edad, terminan así. Yo he tenido parientes y amigos que han muerto de esa manera. Por tanto, es un tema bien delicado para mí (y para cualquier ser humano, ¿no?). Sin embargo, yo me río con esos chistes. Me he dado cuenta de que si no veo malas intenciones en los chistosos que me los cuentan, no hay problema. Pero si se me acerca uno al que le descubro otras intenciones, se me inhibe la risa.

Y haciendo esa diferenciación, uno puede entregarse al humor negro o supuestamente cruel y disfrutarlo.

Otro ejemplo, en uno de los talleres de crecimiento personal a través del humor que imparto con mi colega Aramís Quintero, nos encontramos en una ocasión con que se había inscrito un gangoso. ¡Pero un gangoso profesional! De esos que cuando habla casi no se le entiende nada. En las primeras sesiones el hombre participaba y todos nos mordíamos los labios para no soltarle la risa en su cara. El sufría y hacía todo lo posible por no intervenir. Sin embargo, al pasar las sesiones, al tocar este punto y entender él este concepto, se fue entregando, confiando, y terminó riéndose él mismo de su defecto y disfrutando de nuestras sanas burlas. “Se le quitó el complejo”, como se dice popularmente.

Ahora, antes de despedir esta reflexión, quiero citar lo que Aramís y yo escribimos bajo el título de “humor negro”, en nuestro libro “Bienaventurados los que ríen”:

“Si existe un “humor blanco”, debe existir —por afán de polaridad— un “humor negro”. Pero este concepto es más preciso. La negrura aquí, se supone, es de conciencia, ya que se juega con una aparente insensibilidad del humor y del humorista, pues se trata de reírse de lo que normalmente causaría lástima, ternura o compasión. Implica por tanto una crueldad que, aplicada a ciertos casos reales, puede desembocar en el escarnio y el sarcasmo. Pero no hay que confundir humor negro con humor dañino. El humor negro es del todo válido para aprender a reír de cualquier cosa, para desdramatizar la vida, e incluso —si se emplea en un marco de relaciones positivas— puede ser sanador. Pero es muy sintomático el hecho de que, por lo común, las personas aquejadas de una excesiva gravedad ante la vida rechazan visceralmente el humor negro, incapaces de tomar distancia emocional con lo que no es realmente una crueldad, sino un humor que juega a ser cruel.

El carácter desdramatizador del humor negro puede tener un acento estético, y en este sentido vale la pena citar a André Breton (Antología del humor negro): “(El humor negro) es el enemigo mortal del sentimentalismo con aire perpetuamente acorralado —el eterno sentimentalismo de fondo azul— y de una cierta fantasía de corto vuelo, que se toma demasiado a menudo por poesía.”