Entrevista a Yovany Glez.

Humorista escénico. Cuba/Ecuador.

PP: ¿Le gusta que le hagan entrevistas?

YOVANY G.: Depende de quién.

 

PP: En este año 2012, ¿cómo ve el estado actual del humor en el país donde vive, en televisión, radio, teatro, literatura y gráfica?

YOVANY G.: Pésimo en la televisión, en la radio mejor, en teatro muy bien, así como en literatura y gráfica.

 

PP: En varios países de América Latina se dice: "Mi país es un pueblo de humoristas", "en mi país, tú mueves una piedra y sale un humorista", etc. ¿En el país donde vive se dice lo mismo?

YOVANY G.: No, por desgracia son muy pocos los que realmente se pueden llamar humoristas.

 

PP: ¿Es verdad la acuñada frase: "Es más fácil hacer llorar que hacer reír”?

YOVANY G.: Por supuesto. La risa se saca con inteligencia, el llanto con un pisotón.

 

PP: ¿Cuándo decidió hacerse humorista?

YOVANY G.: Desde que vi de niño la primera película de Charles Chaplin.

 

PP: ¿El humorista nace o se hace?

YOVANY G.: El humorista nace con ese talento, luego debe cultivarse.

 

PP: ¿Cuál ha sido el mejor y el peor momento de su carrera hasta el día de hoy?

YOVANY G.: El mejor momento fue trabajar por primera vez en un teatro como el Karl Marx De La Habana, o el Heredia de Santiago de Cuba, que ya de la impresión por ser tan grandes, o te orinas o haces reír. El peor momento fue aquí en Ecuador, recién llegado y aun no familiarizado con su identidad.

 

PP: Como profesional del humor, ¿se ríe fácil? ¿Con qué tipo de chistes?

YOVANY G.: Es difícil hacerme reír con un guión, aunque los hay. Me gusta el chiste absurdo, o los que parecen tontos.

 

PP: ¿Alguna anécdota relacionada con su profesión?

YOVANY G.: Je, je... En Cuba, era la primera vez que íbamos a trabajar en un club nocturno... pero de última categoría (donde el publico pide sangre), para sustituir a unos humoristas que se presentaban allí. Nosotros no sabíamos como trabajar el cabaret y salimos hacer lo que siempre hacíamos en teatro... (música de arpa)... Todo sucedió un miércoles. Llegamos al cabaret -por cierto, bien lejos que quedaba-, entramos a camerino como siempre, por disciplina. El gerente del lugar nos lleva una botella de ron y con mucha efusividad y cariño nos ofrece una mesa con todo pagado (qué buena gente). Al rato, comienza el show y oigo de una bailarina: “hay poquita gente”. Efectivamente, cuando salimos a escena vimos que solo había un aproximado de 10 personas. Empezamos con nuestros números de humor, muy teatrales, y de pronto se oye una suculenta y estruendosa trompetilla, seguida de un grito que dijo: ”¡¡FUUUEERAAAA!! ¿¡QUIÉN DIJO QUE LOS BLANCOS ESTOS SON COMICOS?!”. Me quedé petrificado, y solo atiné a decir: “¡Pues les vamos hacer humor negro!”, y resulta que los que gritaron eso eran de esa raza y lo entendieron mal. De más está decir la clase de pelea que se formó. Y para colmo, el gerente, después que se acabó todo y le dijimos que no íbamos más, nos dice: “No me hagan eso, caballeros, vengan mañana que les tengo su botellita. Coño que es de madre conseguir quien quiera trabajar aquí...” Aún nos espera.

 

PP: ¿Con cuáles colegas se identifica?

YOVANY G.: Charles Chaplin, Grupo Tricicle, Tres patines, Les Luthiers, Seña del Humor de Matanzas, Mr. Bean; en fin, lo que sea muy bueno.

 

PP: ¿Qué me aconseja a mí como humorista?

YOVANY G.: El que a buen humorista se arrima buena risa lo cobija.