Entrevista a Pible

Humorista escénico, audiovisual y literario. Cuba/Estados Unidos.

PP: ¿Le gusta que le hagan entrevistas?

PIBLE: Me encanta que me hagan entrevistas porque es como tener sexo o montar en bicicleta; si no te caes la primera vez, luego todo es cuestión de práctica. Yo no tengo bicicleta pero tengo sexo. ¿Si no por dónde orinaría?

 

PP: En este año 2009, ¿cómo ve el estado actual del humor en el país donde vive, en televisión, radio, teatro, literatura y gráfica?

PIBLE: Hace poco vivo en este país y no he logrado ver el estado de ese humor por varias razones de peso (o sea, pesadas). A saber: no veo televisión porque sigo aquel antiguo proverbio de la Grecia (antigua también) que reza: “mantén la mente encendida y el televisor apagado”. Proverbio que sin dudas debe haber popularizado en un café de Atenas cualquiera de aquellos viejos filosos filósofos (no tan viejos en sus años mozos) de que en la actualidad hace gala el pueblo griego; o hace griega el pueblo galo (según venga al caso). Sin descartar, por supuesto, que el proverbial proverbio sea obrita de algún bombero que escapó de Roma huyendo a las travesuras de Nerón, llegó a Atenas, se dejó crecer la barba para despistar a la Interpol y se puso a decir frases filosóficas (y hasta proverbios) para despistar a su esposa y poder irse al café, a juntarse con los otros tarambanas que se dedicaban a perder el tiempo inventando frasecitas, máximas, refranes y perogrulladas. Las otras razones por las que “no veo” el estado del humor local son: no escucho radio (por respeto a los esposos Curie, que no saben las atrocidades que otros han hecho con su invento de entonces a la fecha). No voy al teatro (porque, matemáticamente hablando, me queda un poco lejos y porque soy malo para las tablas). La literatura que consumo es de “otros tiempos” y no la redactó “gente del patio”. Y, en cuanto a la gráfica, quisiera contestarte con una respuesta que “grafique” tu pregunta, pero creo que me he extendido demasiado en esta parte de vuestra encendida entrevista y “a buen encendedor...”

 

PP: En varios países de América Latina se dice: "Mi país es un pueblo de humoristas", "en mi país, tú mueves una piedra y sale un humorista", etc. ¿En el país donde vive se dice lo mismo?

PIBLE: No estoy muy seguro, pero si lo dicen lo dicen en inglés. Y, dije “no estoy muy seguro”, porque dudo que los gringos (y menos aún los latinos que hace años los vienen colonizando) hablen la lengua de Shakespeare, que tan simpáticas tragedias escribiera. Por tanto mi respuesta, aunque evasiva, no trata de ser categórica. No sé si te lo respondí aprovechando que no me lo preguntaste, pero no entiendo una palabra en inglés y no me arrepiento. En mi fuero interno sé que, en este preciso instante, hay mucha gente en Londres que no entiende una palabra en español. Y no tomes mi respuesta como broma, tómala como bruma y hazte la idea de que “donde vivo” es en Inglaterra. Desde luego que, viviendo en Inglaterra, país de mucha flema y fino humor, pudiera responderte afirmativamente: “en Inglaterra, en efecto, pasa lo mismo. Pero hay que tener cuidado, porque puede que muevas una piedra indebidamente y, en lugar de salir un cómico, se derrumbe uno de esos bonitos castillos tan medievales que pululan por este país tan anglo y tan poblado de comediantes que escriben tragedias”.

 

PP: ¿Es verdad la acuñada frase: "Es más fácil hacer llorar que hacer reír?

PIBLE: Estoy completamente de acuerdo con esa criteriosa frase. Y te pongo un ejemplo bastante cercano: el mío (que a lo mejor no es ningún ejemplo por venir de donde viene): Yo puedo contar un chiste y, sin que sea mi intención, es posible que todo el público se eche a llorar de tristeza. En cambio, para hacer reír de alegría a una sola persona (mi suegra, por citar otro ejemplo que tampoco lo es) tendría que morirme. Y morirse, por mal que le haya ido a uno, no es un proyecto de vida agradable para nadie. Al menos para mí no lo es, al menos que junto conmigo se muera mi suegra.

 

PP: ¿Cuándo decidió hacerse humorista?

PIBLE: Cuando el pueblo comenzó a tomarme en serio. Creo que fue por los mismos días (año 1970) en que Fidel Castro reconoció en un discurso que no sería posible hacer 10 millones de toneladas de azúcar, pero que la Revolución Triunfante convertiría el revés en victoria. Ese discurso lo escribí yo.

 

PP: ¿El humorista nace o se hace?

PIBLE: El humorista nace. Y, cuando su humor no tiene sorpresa o cuenta cosas ya sabidas, el público y la crítica especializada tienen razón al decir que ese humorista “es un mal nacido”. Desde luego que hay algo pretencioso en esta respuesta; de sobra sabemos los infelices cómicos de nuestra calaña que “la crítica especializada”, tan ocupada siempre en cuestiones más inherentes al intelecto humano, apenas si tiene un somero conocimiento de nuestra magra existencia anodina. Por otra parte (la segunda parte de tu pregunta), también existe un tipo de humorista que no nace, se hace: se hace el humorista pero ni sus más cercanos admiradores logran reírle las gracias. Son los denominados “Cómicos Creídos” o “Cómicos Creyentes”. Gente que se cree chistosa y estoy seguro que tienen incluso su santo protector: San Gron.

 

PP: ¿Cuál ha sido el mejor y el peor momento de su carrera hasta el día de hoy?

PIBLE: “Mi carrera”, al contrario de lo que ha ocurrido a otros colegas (generalmente pésimos corredores de fondo), ha sido peor en los comienzos que en los finales. Creo que “el mejor momento” fue durante mi permanencia en Chile (sobre todo en aquellos días en que, por exceso de contaminación, smog y virulencia, prohibían terminantemente correr y hacer otro tipo de ejercicio físico). Peores momentos ha habido muchos. No sé que me pasa pero, cada vez que creo que estoy llegando a una meta, noto que me falta un poco el aire. Pero no me quejo. El quejido, en definitiva, no es más que una expulsión de aire y tengo que acumularlo en mis pulmones para ver si acabo de llegar algún día a algún sitio menos árido y donde la gente no tenga esa necesidad constante de que alguien los haga reír. ¿Será eso el paraíso o solamente el desierto del Sahara?

 

PP: Como profesional del humor, ¿se ríe fácil? ¿Con qué tipo de chistes?

PIBLE: Como humorista me río fácilmente de cualquier tipo de chiste. Mi única condición es que el chiste no sea contado por otro humorista. Este es un oficio (profesión para los pretenciosos) donde hay que saber ponerle coto a la competencia.

 

PP: ¿Alguna anécdota relacionada con su profesión?

PIBLE: Anécdotas como humorista tengo una.

 

PP: ¿Con cuáles colegas se identifica?

PIBLE: Con todo el que me sorprenda con una “ocurrencia” que me provoque la risa. No hay nada que me haga reír tanto como un humorista (o varios, no tiene necesariamente que ser uno solo) que me hagan descubrir cosas desconocidas e hilarantes y, esto es fundamental, que no se hayan colgado previamente el cartelito de que “hacen un humor inteligente”, “un humor intelectual” o “un humor diferente”. Me parece que todo humor (por bruto que sea) tiene algo de inteligencia, todo humor es diferente (observe usted el mismo chiste contado por distintos emisores y notará la diferencia). En cuanto a la intelectualidad en el humor; los Charles Chaplin, Búster Keaton, los Hermanos Marx, Jacques Tati, Les Luthiers y otras luminarias del culto humor, en algún momento de sus carreras también han recurrido a recursos manidos para provocar la risa. Soy de la modesta opinión de que cualquier ente medianamente humanoide, por el solo hecho de hacer reír al prójimo, debe gozar del respeto de sus semejantes. Porque es muy bonito tratar de que la humanidad pase un buen rato, aunque para ello haya que contarles chistes hechos. Desde luego que vendrán los detractores a decirme que “por eso, encima, le pagan”. Para terminar de una vez por todas esta respuesta enjundiosa que he pretendido dar, me viene a la mente una frase llena de sabiduría: “Hacer reír, si produce dinero, es un arte útil. Y si no lo produce es una de las tantas maneras de comer mierda”.

 

PP: ¿Qué me aconsejaría a mí como humorista?

PIBLE: Que trates de recapacitar en todo lo que has hecho hasta ahora y pienses si no valdría la pena ganarse la vida honestamente. Pero, si insistes en el empeño, a pesar de la edad y la experiencia, no olvides esta frase de uno de los más conocidos humoristas españoles “de cuyo nombre no puedo acordarme”. La frase en cuestión dice así: “Para triunfar en el arte hay que tener en cuenta una sola cosa; que el público es más bruto que uno”.

Alexis Valdes y El Pible 2 9 12