Entrevista a Marlene Pohle

Humorista gráfica. Argentina/Alemania.

PP: ¿Le gusta que le hagan entrevistas?

MARLENE POHLE: Por lo general no, porque las preguntas suelen ser siempre las mismas, y por lo tanto no muy originales.

 

PP: En este año 2011, ¿cómo ve el estado actual del humor en el país donde vive, en televisión, radio, teatro, literatura y gráfica?

MARLENE POHLE: Es muy amplio este espectro y habría que analizar cada uno de los ítems. No me parece muy humorístico lo que se hace en Alemania, pero es probable que sea porque mis códigos son diferentes. Si hablamos del humor gráfico, que es al que me dedico, hay una serie de buenos dibujantes pero que no se renueva. Los medios gráficos son cada vez más reacios a publicar dibujos humorísticos o de prensa, los artistas recurren entonces a los pools de Internet, donde publican gratis pero al menos se los ve.

 

PP: En varios países de América Latina se dice: "Mi país es un pueblo de humoristas", "en mi país, tú mueves una piedra y sale un humorista", etc. ¿En el país donde vive se dice lo mismo?

MARLENE POHLE: Absolutamente no. De los alemanes quien tiene una chispa espontánea, aunque seca y cáustica, es el berlinés, pero Alemania tiene 88 millones de habitantes, y Berlín sólo 3 millones.

 

PP: ¿Es verdad la acuñada frase: "Es más fácil hacer llorar que hacer reír”?

MARLENE POHLE: No lo sé.

 

PP: ¿Cuándo decidió hacerse humorista?

MARLENE POHLE: Nació conmigo, por lo tanto no tengo conciencia de un comienzo.

 

PP: ¿El humorista nace o se hace?

MARLENE POHLE: Según mi experiencia, conozco colegas que siempre dibujaron y otros que comenzaron por casualidad, o luego de haber sido arquitectos, dentistas o veterinarios, eso es muy personal.

 

PP: ¿Cuál ha sido el mejor y el peor momento de su carrera hasta el día de hoy?

MARLENE POHLE: No tengo el mejor ni el peor, pero sí tengo días en que todo sale como si fuera fácil y otros en que paso horas dando vueltas a una idea. En lo laboral, se me dieron más posibilidades en Europa que en mi país Argentina.

 

PP: Como humorista, ¿se ríe fácil? ¿Con qué tipo de chistes?

MARLENE POHLE: Me gusta reír, y también me gusta la crítica. Me río si el chiste o en su caso el dibujo humorístico son buenos, obviamente.

 

PP: ¿Alguna anécdota relacionada con su profesión?

MARLENE POHLE: Anécdotas simpáticas hay muchas, así que prefiero comentar algunos hechos puntuales que se repiten en los distintos festivales o conferencias de humor y que me gustaría ver cambiados. Por ejemplo cuando durante los festivales de humor uno o una dedique un par de horas a hacer unos dibujos para el público, como compensación de que te pagaron la comida o el hotel y que vengan a pedirte que dibujes un caballo o Superman. Una como dibujante se siente mejor haciendo lo que es su fuerte, o por lo menos teniendo la libertad de dibujar lo que le place. Otro hecho importante sería que cuando se está invitado a obrar como jurado, la organización calcule con un costo adicional para honorar esta tarea que por cierto no es algo para diletantes, sino que se trata de un verdadero trabajo profesional, para el cual se requieren inteligencia, capacidad de criterio, experiencia y honestidad. Algunas entidades suelen pagar un monto aunque sea discreto, es una forma de retribuir la disponibilidad y la capacidad del miembro del jurado. Lamentablemente no está muy difundido este punto, porque mucha gente solo ve “el honor” de ser partícipe del jurado, cosa que es aprovechada por la entidad organizadora.

 

PP: ¿Con cuáles colegas se identifica?

MARLENE POHLE: No me identifico con nadie, tampoco envidio a nadie, porque juzgo que cada uno/una ha logrado desarrollar su estilo. Eso sí, admiro a muchos colegas, aunque en su trazo sean muy dispares entre sí. Mi gran admiración va para Sempé, luego El Bosco, Honoré Daumier, Hermenegildo Sábat, Ralph Steadman, Brito, Crist y Fontanarrosa.

 

PP: ¿Qué me aconseja a mí como humorista?

MARLENE POHLE: Ser siempre fiel a sí mismo y a sus principios. En lo práctico informarse, estar al tanto y actuar de acuerdo a lo que nuestro código moral interior nos dicta, ya que siendo honestos con nosotros mismos también lo seremos con lo que expresemos gráficamente, y no tendremos suspicacias para con la autocensura, una palabra que debería no existir en nuestro medio profesional.

Marlen Pohle - Humor gráfico
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