Entrevista a Enrisco

Humorista literario y escénico. Cuba/Estados Unidos.

PP: ¿Le gusta que te hagan entrevistas?

ENRISCO: No.

 

PP: En este año 2009, ¿cómo ve el estado del humor en el país donde vive, en televisión, radio, teatro, literatura y gráfica?

ENRISCO: No estoy muy al tanto de la gráfica, la radio o el teatro. La impresión general es que hay una especie de recesión humorística, un recambio generacional en el que no ha aparecido nada en los últimos cinco años que supere a lo mejor de la década anterior: "Seinfeld", "Los Simpsons" o David Chapelle en televisión. O Dave Barry en el humor escrito que después de años publicando crónicas increíblemente divertidas se ha retirado.

 

PP: En varios países de América Latina se dice: "mi país es un pueblo de humoristas", "en mi país, tú mueves una piedra y sale un humorista", etc., ¿en el país donde vive se dice lo mismo?

ENRISCO: No. Y eso que en Estados Unidos se hacen chistes todo el tiempo. No sólo los comediantes. También los políticos, los predicadores, los abogados, los dentistas. Hay una especie de terror norteamericano a caer pesado y he escuchado un discurso de un padre en la boda de la hija que ya muchos comediantes quisieran incluir en sus monólogos. Y todo era original, no chistecitos sacados de Internet. Pero no dicen que son un pueblo de humoristas. Supongo que porque le quitaría gracia a los chistes.

 

PP: ¿Es verdad la acuñada frase: "Es más fácil hacer llorar que hacer reír?

ENRISCO: Depende. La lágrima difícil, la profunda, es tan difícil y rara como la risa inteligente. La sensiblería melodramática en cambio es bastante más fácil hasta que la risa boba.

 

PP: ¿Cuándo decidió hacerse humorista?

ENRISCO: Todavía no me he decidido. Pagan muy mal.

 

PP: ¿El humorista nace o se hace?

ENRISCO: Uno podría pensar que se hacen porque los recién nacidos más bien tienden al llanto, pero definitivamente creo que nacen. Hay gente muy inteligente y capaz que es totalmente sorda al humor. No sólo no es capaz de producirlo sino incluso de asimilarlo. Digamos que cuando menos los humoristas deben tener algún tipo de predisposición. Y claro, luego hay mucho que aprender.

 

PP: ¿Cuál ha sido el mejor y el peor momento de su carrera en el humor hasta el día de hoy?

ENRISCO: No me atrevería a hablar de carrera de humorista. Nunca he intentado vivir de ello así que en cuanto al humor siempre seré un aficionado. Eso no quiere decir que no haya tenido momentos buenos y malos. El peor cuando intenté actuar pero al menos me liberó de la tentación de volverlo a intentar. El mejor es más difícil. Tendría que escoger entre estar en un teatro con más de seis mil personas carcajeándose hasta la histeria con un texto que escribí, descubrir gente que recuerda con placer cosas que uno hizo hace quince o veinte años o cuando alguien al comentar una situación especialmente ridícula termina diciendo: "esto parece una cosa de Enrisco". Para mí significa que he conseguido acuñar cierta modulación de la realidad -hacer parecer que la realidad toma la forma de lo que escribes y no a la inversa- y eso es una de las cosas más grandes a las que puede aspirar un escritor, sea humorista o no.

 

PP: Como profesional del humor, ¿se ríe fácil? ¿Con qué tipo de chistes?

ENRISCO: Soy más bien difícil porque luego de haber consumido tanto humor uno inevitablemente se pone exquisito, como con el vino. Pero no tiene que ser demasiado sofisticado. Hay chistes muy tontos o burdos que consiguen matarme de la risa. La condición mínima que les pongo es que me sorprendan, que no los vea venir desde el inicio. No es mucho pedir pero hay gente que ni eso.

 

PP: ¿Alguna anécdota relacionada con su profesión?

ENRISCO: Acababa de llegar a España y había solicitado asilo político así que entre los lugares a los que tuve que acudir al CESID (algo así como la CIA española) a explicar "mi caso". Básicamente te citaban para analizar la credibilidad de tu historia. Me rodeaban tres o cuatro agentes, tipos que no contratan para parecer simpáticos y aquello más que una entrevista parecía un interrogatorio. Esataba contándole mi historia pero luego cambié de idea y comencé a leerles un cuento que había publicado en una revista. Podría parecer una locura ir al búnker de la policía secreta a leer un cuento pero ya al final del primer párrafo estallaron en carcajadas. Enseguida me dijeron que entendían y no me quedó claro si entendían que era humorista o que alguien que escribía cosas así merecía ser perseguido por un régimen con poco sentido del humor. Y lo curioso era que esos tipos eran muy parecidos a los tipos que vigilaban y amenazaban a uno en Cuba por leer en público esos mismos cuentos.

PP: ¿Con cuáles colegas se identifica?

ENRISCO: Mark Twain, Chaplin, Buster Keaton, Groucho y Chico Marx, Mark Groening (el creador de Los Simpsons), los de "South Park" (aunque sólo en la película, la serie es muy repetitiva), Larry David (el creador de "Seinfeld") cuando no se pone delante de la cámara, Woody Allen, Monthy Python, Dave Barry, Slawomir Mrozek, Fontanarrosa, Les Luthiers, Cantinflas, Trespatines (en la Tremenda Corte), Alvarez Guedez, Ramón Fernández Larrea, Pible y tú (junto con el resto de La Seña del Humor, que era el grupo más completo que había en Cuba). En realidad es una lista de los que más me gustan pero en el caso de los que se apoyan sobre todo en los juegos de palabras -como Cantinflas- aunque los disfruto, evito imitarlos porque luego de tanto tiempo intentándolo debo reconocer que no se me dan bien jugar con las palabras.

 

PP: ¿Qué me aconseja a mí como humorista?

ENRISCO: Que renuncies a hacer este tipo de entrevistas. O al menos que escojas mejor a los entrevistados.

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